Jam con Jam en Música y Relatos

28 06 2011

Tras un paréntesis sanjuanero, vuelve Música y Relatos. Este jueves, a las 19:45, el patio de San Martín Centro de Cultura Contemporánea será el escenario de Jam con Jam, una jam session en la que se combinarán el jazz y los microrrelatos.

Creemos que es un excelente prólogo al Festival Internacional Heineken Jazz & Más, que comienza justamente el viernes.

La San Martín Jazz Band (y los músicos amigos que se le sumen) irán combinando sus interpretaciones con la lectura de microrrelatos por parte de escritores que leerán sus propios microrrelatos (esas píldoras de literatura, para leer rápido y pensar despacio). Ya han confirmado su asistencia una decena de autores pero, por supuesto, se trata de una convocatoria abierta, así que tú también puedes participar. Para ello, simplemente, solo tienes que presentarte allí con tus propios minicuentos y leerlos.

Esto es: si eres microrrelatista y tienes textículos, o si eres músico o música y tienes instrumento, puedes, si te apetece, participar activamente y no solo como público.

Y ahora, la pregunta, la eterna pregunta, casi metafísica:

¿Qué es un microrrelato? No seré yo quien me atreva a intentar contestarla, pero, para la presente convocatoria entenderemos, como convención, que es un texto narrativo en prosa que tiende a la sorpresa, a la ambigüedad, a los juegos de lenguaje, al humor y/o a la inquietud, utilizando un mínimo de recursos y no extendiéndose más allá del mínimo de palabras necesario para cumplir su objetivo (si te gustan los límites exactos, pondremos un límite máximo de 250 palabras, incluyendo el título).

¿Necesitas un ejemplo? Ahí va uno, que figura en el Confabulario, del autor mexicano Juan José Arreola:

Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

Eso es, para mí, un microrrelato.

Así que ya sabes, si te gusta el Jazz y te gustan los microrrelatos: Jam con Jam en San Martín Centro de Cultura Contemporánea (calle Ramón y Cajal, 1). Te prometemos una sesión amena (e histórica, porque es la primera que hacemos este experimento por estos pagos) que te dejará buen sabor de boca.

 

 





El dichoso Eladio

17 06 2011

Yo le digo que Geronimo Stilton, Kika Superbruja y hasta el mismísimo Bob Esponja (a quien pienso seguir proponiendo como Presidente del Gobierno) llevan toda la temporada visitando centros comerciales y ferias del libro para encontrarse con los seguidores de sus aventuras.

Pero Eladio Monroy responde que Stilton es un odioso capitalista, que pertenece a la patronal y que al enemigo ni agua. Que Kika Superbruja aún no acaba de convencerle como modelo. Y Bob Esponja, últimamente, es demasiado “popular” para su gusto. Vamos, dice que no son ejemplos, que ya viajó lo suyo cuando andaba en la mercante y que para él todo viaje es largo, aunque sea aquí al lado, a la isla hermana. Por lo tanto, concluye que no, que no se mueve de la calle Murga, que todo eso de presentar los libros le resbala, que me busque la vida.

Así que me toca a mí pasearlo. Amén de la local (a la que tampoco fue, porque había quedado con Gloria) en los últimos tiempos ha habido presentaciones y encuentros sobre Los tipos duros no leen poesía en Arona, Bruselas y Madrid, si mal no recuerdo, por estricto orden cronológico.

Eso sí, salgo ganando. Si Monroy prefiere quedarse en casa, él se lo pierde, porque en cada viaje me encuentro con gente fantástica que me trata estupendamente y que me arropa haciendo subir los termómetros de la amistad muchísimo más de lo que nunca hará él, que es un borde y un melón. Así que él se pierde, por ejemplo, el encuentro que tendremos hoy, a las 20:30 en Las noches de Mistério, una velada de las que organiza la banda de la Librería Mistério, en La Laguna.  Y se pierde, también, el ratito agradable que pasaremos mañana, a partir de las 12:00, en la caseta de ese misma librería en la Feria del Libro de San Cristóbal de La Laguna, en la plaza del Adelantado.

Sé que allá habrá amigos y amigas viejos o nuevos, interesándose por las cosas que le ocurren a este sujeto tan poco interesante, mientras él se queda aquí, jodiendo la marrana y frecuentando a quien no debería frecuentar. Pero, qué se le va a hacer, cada palo que aguante su vela. Después que no me diga eso de que “todo lo bueno se lo pierde”. Y, por supuesto, no pienso traerle ni un mísero marcalibros, así que de la botella de vino de Tacoronte que me pidió, que se vaya olvidando…

 





Líneas de lluvia

14 06 2011

Dedico cada día a cuidar de él. Hago su comida y la introduzco en su boca cucharada a cucharada. Bocado a bocado. Le doy su medicación, minuciosa, estrictamente, sin olvidar ni una sola toma, ni una sola gragea, ampolla o supositorio. Lavo su ropa y cambio sus sábanas con puntualidad. Mantengo en orden su cuarto e, incluso, por las tardes o en las mañanas de domingo, le saco a pasear en su silla de ruedas. Cuando se hace necesario, yo misma le practico las curas y hace ya tiempo que me hice experta en el tipo de fisioterapia que precisa para mantener vivo ese cuerpo tan muerto. Ya ven: nadie puede decir que le falte algo; que yo pase, deliberada o inadvertidamente por encima de alguna de las muchas obligaciones que sus cuidados requieren. Por supuesto, estos cuidados incluyen cambiar sus pañales (esos pañales enormes que me sacan de quicio, porque los cierres de velcro son realmente malos y hay que fijarlos con imperdibles), distraerle leyéndole o poniéndole en vídeo  interminables películas de Paco Martínez Soria, Lina Morgan o Pili y Mili. Las cintas tienen ya muchos años. En general, se oyen bastante mal y en la mayoría de ellas, la parte inferior de la imagen está invadida por una línea horizontal de lluvia. Alguna vez le he propuesto que compremos un reproductor de deuvedé y consigamos esas mismas películas en formato digital. Él, simple, indefectiblemente, rechaza la idea. No explica por qué. Sencillamente, niega con la cabeza. Y sé que eso no se debe a su estado. Cuando no estaba así tampoco justificó jamás ninguna de sus decisiones, sobre todo las negativas, sobre todo las que se referían a mí.

Ese es uno de los motivos de que a todos les extrañe (a todos los que le conocieron antes de que enfermara) mi dedicación absoluta a su cuidado. Nadie se explica de dónde me salen las ganas de permanecer día a día junto a él.

La nueva mujer de Carlos, en cierta ocasión, llegó a insinuar que era una cuestión de interés; que quería asegurarme de no quedar fuera del reparto de la herencia. Carlos no tardó en hacerle entender que eso hubiera sido innecesario, que los bienes no eran suyos, sino de madre, que en ese sentido estaba todo atado y bien atado desde hacía años y que ni yo ni él hubiéramos tenido por qué soportar esto.

Quizá sea Carlos quien menos lo entiende. Él sufrió, como yo, sus vejaciones, sus caprichosos cambios de humor, su estricto régimen de desprecios, insultos y golpes. Y, como yo, también fue testigo de cómo amargó la existencia de madre hasta el último instante. Después, también como yo, huyó. Hizo su carrera, se casó con sus mujeres, tuvo a sus hijos, alcanzó esa posición, ese modo de vida que casi le ha permitido olvidar nuestra infancia. Sé que si viene de vez en cuando, no lo hace por él, sino por mí.

Yo también hice mi vida, fundé mi empresa, me casé con un hombre y pasé junto a él diez años que hoy se me antojan una eternidad. Le dejé el mismísimo día en que me faltó al respeto. No me pegó ni me vejó. Simplemente, me insultó. Se le escapó un insulto durante una discusión cualquiera sobre un problema doméstico cualquiera, tan insignificante que ya no lo recuerdo. Sin embargo, me faltó al respeto, aunque sólo me insultara. No me pegó, pero no esperé a que lo hiciera. Así que, al día siguiente, hice mis maletas y me fui. De eso ya hace mucho. Desde entonces he preferido los amores fugaces de algunos amantes escogidos, que me proporcionaran ciertos alivios, pero siempre tan libres como yo o demasiado comprometidos como para no querer establecer otro tipo de relación más estable. Eso hasta que supe que él había enfermado. Cuando eso ocurrió, cerré la tienda y me vine aquí, para cuidar de él.

No he permitido que una enfermera ocupe mi lugar ni un solo día. Ni siquiera, ya lo ven, dejo que le toque un fisioterapeuta. Soy yo, únicamente yo, quien está junto a él, día y noche.

Carlos no consigue entenderlo. No logra comprender cómo soy capaz de soportarlo.

“Tú eres una mujer moderna. No eres como madre”, me dice. Y es cierto: no soy como madre. De hecho, mi aprendizaje como adulta consistió, precisamente, en no ser como ella: no pasarme la vida aguantando a alguien que me faltara al respeto o me golpeara o me diese órdenes o me utilizara. Madre fue mi ejemplo negativo. Y él fue mi demonio. Siempre lo fue. Ni Carlos le desprecia tanto como yo.

Cuando me libré de su autoridad, le odiaba tan profundamente que, a veces, me despertaba en mitad de la noche, despreciándole, deseándole dolores dantescos, sufrimientos insoportables. No la muerte. La muerte sería demasiado buena para él. Una especie de condena venial. No. Él se merece más, mucho más.

Por eso, en cuanto me enteré de lo de su apoplejía, corrí junto a su lecho, para asegurarme de que tuviera absolutamente todos los cuidados necesarios para prolongar esta agonía que es para él continuar viviendo en un cuerpo que no es capaz de hablar, ni de mover algo más que el rostro y la mano izquierda. Calculo que vivirá aún mucho tiempo. Y durante ese tiempo, cada día, casi cada hora, me tendrá junto a él, administrándole su medicación, lavándole, dándole de comer, cambiando sus pañales. Y también escupiendo, ante él, en su plato de comida o en su vaso de agua; prodigándole insultos inimaginables en voz baja, pero asegurándome de que me escucha perfectamente; clavando en su carne las agujas de los imperdibles de sus pañales; dejando su cabeza bajo el agua en la bañera mucho, mucho tiempo, pero con cuidado de que no se ahogue. No debe ahogarse. Debe continuar vivo durante muchos, muchos años aún; el tiempo suficiente como para que su castigo comience a ser mínimamente digno de sus infamias.

Eso es lo único que me reconforta de todos sus años de ignominia: que para él la vida no sea ya más que una dolorosa repetición, una molesta línea de lluvia en la parte inferior de la pantalla de la interminable película de su existencia.





Cortázar y Monterroso en Música y relatos

14 06 2011

Y sigue el ciclo Música y Relatos y continuamos mezclando notas y palabras cada semana en San Martín Centro de Cultura Contemporánea (calle Ramón y Cajal, 1). Este jueves, 16 de junio, a las 20:00, Historias de cronopios y ovejas negras.

Haremos lo que tantas veces hemos hecho unos cuantos amigos, y quizás has hecho tú también: reunirnos para leer microrrelatos de Julio Cortázar y de Augusto Monterroso, que eran tan diferentes en estilo y medidas (incluso físicas), pero cuyas obras corren tan paralelas en cuanto a búsqueda de la palabra exacta, ironía y ataque contra la solemnidad. Para este acto hemos escogido textos muy breves y muy amenos, pertenecientes a La oveja negra y demás fábulas, Movimiento perpetuo, Historias de cronopios y de famas y Un tal Lucas.

La música, en esta ocasión, la interpretará al piano Tania Rodríguez, y consistirá en una selección de piezas de Eric Satie, de Astor Piazzolla, de Paul Desmond y de la propia Rodríguez. Y la lectura correrá a cargo de Gonzalo Berzosa Sanz (tú ya le oíste, seguramente, en Suculencias y en La orquesta canalla y sabrás de su voz profunda, de su dicción perfecta) y del abajo firmante, que procurará no destrozar demasiado a estos maestros de la minificción.

Y a propósito de minificción, para la próxima semana de Música y Relatos estamos organizando una Jam con Jam, esto es, una jam session de microrrelatos + una jam session de jazz. Así que si te apetece participar con tu propio micro, ve rebuscando entre tus creaciones y eligiendo la que te parezca más adecuada, porque, por supuesto, estás invitado o invitada a participar.

Pienso que estas Historias de cronopios y ovejas negras constituirán un excelente preludio a la Jam con Jam. Ya sabes: San Martín (el Centro de Cultura, no la pastelería), jueves 16, 20:00, entrada libre, aforo limitado, música contemporánea y literatura inolvidable.





Nos dejaron el risco

8 06 2011

Y sigue Música y Relatos y llegamos ya al quinto acto y cada vez acude más público y nos lo pasamos mejor.

Esta jueves, a las 20:00, tendremos un concierto leído titulado Nos dejaron el risco. Con ese nombre, por supuesto, solo puede tratar de dos cosas: riscos y narrativa canaria contemporánea. San Martín Centro de Cultura Contemporánea realiza en estos días actividades dedicadas a los riscos y hemos aprovechado para hacer una visita a dos novelas que se inspiran y/o transcurren en ellos: Nos dejaron el muerto, de Víctor Ramírez y Una rosa en la penumbra, de Antolín Dávila.

Recuerda que Nos dejaron el muerto ha conocido varias ediciones desde su aparición en 1984 y que inspiró la película La caja, de Juan Carlos Falcón. A lo largo de los años, se ha convertido en algo muy cercano a un clásico, esos libros de los que todo el mundo habla, que todos han leído (o fingen haber leído porque les avergüenza no haberlo hecho).

Una rosa en la penumbra es una novela más reciente, pero no menos recomendable. Es obra de uno de nuestros mejores novelistas, Antolín Dávila y cuenta el amor de Antuán Constantino (un hombre maduro, cándido y timidote) por Helga Tarbonano, joven mujer casada de poderosa belleza.

Hablaremos de ambas novelas y leeremos algunos de sus pasajes, para invitar al respetable a su lectura. Y esos serán los relatos. La música, en esta ocasión, la pone Josué Kamino, con su banda, Buenkamino, un quinteto que nos trae temas muy nuevos y con mucho duende, porque no solo hay en sus canciones humor, ternura y compromiso, sino también el saborcito fresco de una interesante fusión neoflamenca.

Así pues, ya sabes: San Martín Centro de Cultura Contemporánea (Ramón y Cajal, 1), mañana jueves 9 de junio a las 20:00: Nos dejaron el risco, con Buenkamino, Una rosa en la penumbra y Nos dejaron el muerto, Música y Relatos.

Entrada libre. Aforo limitado. Luego no me digas que no te lo dije.





ACB

3 06 2011

Que sí, que sí, que últimamente no regalo microrrelatos y solo cuelgo aquí notificaciones, convocatorias, avisos de actos. Pero es que me toca participar activamente en algunos de esos actos y no logro sacar el tiempo suficiente para escribir micros. Porque, a nadie se le escapa, escribir breve requiere mucho tiempo.

Por otro lado, en estas semanas viajo bastante, para encontrarme con lectores. Por ejemplo, el día 11 de junio estaré en la caseta de Maidhisa en la Feria del Libro de Madrid; por más ejemplo, el día 17, en la librería Mistério, de La Laguna.  Aparte de otros encuentros (los que tuvieron lugar, por ejemplo, en el IES Vigán, en Fuerteventura) hubo uno especialmente entrañable.

La semana pasada, el día 25 de mayo, me encontré con los integrantes de la ACB. No son los del baloncesto (aunque alguno de ellos me saca un par de palmos), sino la Asociación de Canarios de Bélgica, un grupo de isleños que viven en Bruselas. Bueno, no todos son isleños, no todos viven en la misma Bruselas, pero son cronopios de la diáspora (principalmente elegida; en ocasiones circunstancial, aunque cuántas veces me habré preguntado si somos nosotros lo que elegimos o si somos nosotros los elegidos por los caminos de la vida) que leen a canarios y, en cuanto pueden, no pierden oportunidad de encontrarse allá, tan lejos, pero tan cerca, con  algunos de los autores leídos. En otras ocasiones, han mantenido encuentros con Antonio Lozano, con Pablo Martín Carbajal, con Víctor Ramírez. Esta vez les tocó aguantarme a mí.

Conocía de su existencia desde hacía algún tiempo. Sabía que habían leído Tres funerales para Eladio Monroy y aun conocía personalmente a alguno de ellos, de los tiempos en los que por aquí eran individuos asombrosos que decidían marcharse a Rusia o a lugares todavía más peligrosos para la salud de los canarios, esas aves de color vivo y canto inigualable. Lo que no sabía era que Bruselas sería una especie de segundo hogar en los días que pasé allí, gracias al calor de estos compatriotas que nos pasean por el mundo. Que esos amigos (porque amigos son ahora, cuando los pienso) se levantaban cada día leyendo nuestros periódicos, escuchando nuestras emisoras de radio, pendientes de lo que ocurre aquí (tan pendientes que andan perfectamente al corriente e involucrándose en lo que está ocurriendo en nuestras plazas y parques, aportando su granito de arena en la distancia). Que andan dándole mordisquitos al mundo para dejar nuestra marca por dondequiera que pasan. Que estar allí con ellos durante esos días, celebrar luego allá el Día de Canarias (que aquí a veces significa tan poco y allá significa tanto) con un picnic en el que no faltaron el timple, las papas arrugadas y el frangollo,  ni una empanada decorada con el Teide y el Roque Nublo, que todas esas cosas tan sencillas y tan buenas me recordarían una vez más que aunque los canarios, en Canarias, estemos siempre preocupados por tonterías, cuando estamos fuera somos expertos en repartir luz. Tengo que agradecer a la gente de la ACB este recordatorio, este motivo de orgullo que supone para mí el hecho de que antes de que partieran a recorrer el mundo, ellos y yo hayamos, leído los mismos libros, escuchado las mismas canciones, contado los mismos chistes, pateado las mismas calles en los mismos barrios. Y sí, Bruselas es una hermosa ciudad. Y es aún más hermosa porque allá también se habla canario.

Empanada gallego-canaria fotografiada en Lovaina





Dirty Dozen en Ámbito Cultural

3 06 2011

Portada de Generación 21: nuevos novelistas canarios

Sí, hoy mismo, viernes 3 de junio, a las 19:30, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Mesa y López 15, 7ª planta). Estará la mayoría de los que figuran en la antología y, por supuesto, el responsable, Ánghel Morales. Generación 21 ya se presentó en Santa Cruz de Tenerife. Ahora llega a Gran Canaria. Yo que tú me pasaría por allá, aunque solo fuera para que, cuando se presente en Madrid, puedas decir: “Ah, sí; ya los conozco”.








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