Restitución

31 12 2006

Deambulando por la ciudad para olvidar el desamor, un paseante cruza el parque donde los niños juegan a petanca. Uno de los niños le mira a los ojos y el paseante retiene esa mirada y se la lleva consigo cuando se adentra en el Distrito Comercial. Allí la mirada se convierte en una mirada de lascivia y se aleja adosada a las caderas de una joven de opulentos andares. Mientras la joven camina, la mirada trepa por su cintura y sus costados, se desliza por la superficie tersa de sus senos, dibuja la figura rotunda de un pezón y continúa cuello de cisne arriba; recorre el escorzo del mentón y la breve barbilla, reinventa unos labios carnosos y unos pómulos perfectos y acaba alojándose en las almendras simétricas de unos ojos azules, donde finalmente yace, latente, hasta que, algo más tarde, se convierte en una mirada de amor y se lanza al rostro de un joven de suave bigote oscuro. Ese joven le devuelve a ella la mirada de amor, transformada ahora en mirada de deseo. Así, la mirada pasa, saltando entre ellos, a través de los meses. Y un día se convierte en una mirada de ternura y se aloja en los ojos de un bebé. Mientras este bebé crece, la mirada mengua y se llena de cosas y gentes y objetos y avenidas y letra impresa y arquitecturas y obras de arte y paisajes bucólicos y lentos atardeceres, y, una tarde, veinte inviernos después, acaricia el desnudo cuerpo de una mujer, que la devuelve a su remitente convertida en lujuria. Esa misma mirada de lujuria va enfriándose a lo largo de años de contacto íntimo, poco a poco, pero inevitablemente: pasa de lujuria a amor; de amor a cariño; de cariño a costumbre; de costumbre a franca indiferencia. Un buen día, el que hace tanto tiempo fuera un bebé, es un paseante de mediana edad, que deambula por la ciudad para olvidar el tiempo perdido del desamor. Ese paseante cruza un parque donde unos ancianos juegan a la petanca. Sus ojos se cruzan con los de uno de los ancianos, que le observa largamente. Y el anciano siente cómo el paseante, antes de perderse entre el gentío del Distrito Comercial, le ha devuelto su mirada.

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One response

3 09 2008
Maitetxu

¿Qué pasó con “El Parque de los Besos Robados”? me gustó mucho este cuento y el de la “Impostura”

SAludos y dos besos Alex

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