Desnudez

2 07 2007

Había un hombre infame que desnudaba a las mujeres con la mirada. Se le prohibió la entrada en todo local público. Sus jefes le obligaron a trabajar en casa. Las mujeres de la ciudad huían de él. No obstante, no siempre conseguían evitarle, así que debían resignarse a  mostrar sus vergüenzas por las terrazas, las plazas, las calles y alamedas cuando tenían la desgracia de encontrarse con el inicuo, contra quien, legalmente hablando, nada podía hacerse. Una mañana, el cadáver del hombre infame que desnudaba a las mujeres con la mirada fue hallado en un sórdido callejón. A instancias de sus esposas, hermanas, madres e hijas, los que detentaban la autoridad competente (todos ellos hombres, por cierto), dictaminaron muerte natural, aunque, evidentemente, alguien le había sacado los ojos con los respectivos tacones de unos exclusivos zapatos rojos de charol. Hoy, casi todas las mujeres de su ciudad duermen tranquilas, pero temen que aparezca otro hombre capaz de desnudarlas con la mirada. Hay, en cambio, cierta profesora soltera de mediana edad, que, en ocasiones, le echa de menos.








A %d blogueros les gusta esto: