Seriedad

9 11 2007

Hay un hombre que compra sonrisas. Lleva meses recorriendo la ciudad con un maletín, abordando a todo aquel ciudadano sonriente y ofreciéndole una importante cantidad de dinero por su sonrisa. Pasado un rato más o menos largo (dependiendo de edad, clase social o educación) el hombre se va, llevando en su maletín la sonrisa del ciudadano, que, algo más acomodado, aunque ahora muy serio, se dirige a hacer un depósito en el banco. 

Poco a poco, el hombre que compra sonrisas (que, por cierto, en sus ratos libres, dirige un banco) va apropiándose de todas las de la ciudad. Llega un momento en que la gente vende la sonrisa del abuelo, la del bebé o, incluso, la del hijo aún nonato. Al fin, un día los habitantes se despiertan sin una sola sonrisa y deciden hacer algo. El concejo municipal se reúne en el banco con el hombre que compra sonrisas y le propone comprarlas nuevamente y devolverlas a sus legítimos propietarios. El hombre responde que lo haría gustoso, pero ya no están en su poder. Las ha deshidratado y vendido a una cadena de televisión nacional, para insertarlas en sus programas humorísticos.

El concejo sale cabizbajo y serio y da la mala noticia a los ciudadanos.

El hombre les mira desde la ventana de su despacho, abre su caja fuerte, donde están todas las sonrisas que ha comprado, de la primera a la última. Las contempla y se siente satisfecho. Ahora, en la ciudad, todos son personas serias; personas dignas de crédito.

Escher. Oeil, 1946

Escher. Oeil. 1946.

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