Seriedad

9 11 2007

Hay un hombre que compra sonrisas. Lleva meses recorriendo la ciudad con un maletín, abordando a todo aquel ciudadano sonriente y ofreciéndole una importante cantidad de dinero por su sonrisa. Pasado un rato más o menos largo (dependiendo de edad, clase social o educación) el hombre se va, llevando en su maletín la sonrisa del ciudadano, que, algo más acomodado, aunque ahora muy serio, se dirige a hacer un depósito en el banco. 

Poco a poco, el hombre que compra sonrisas (que, por cierto, en sus ratos libres, dirige un banco) va apropiándose de todas las de la ciudad. Llega un momento en que la gente vende la sonrisa del abuelo, la del bebé o, incluso, la del hijo aún nonato. Al fin, un día los habitantes se despiertan sin una sola sonrisa y deciden hacer algo. El concejo municipal se reúne en el banco con el hombre que compra sonrisas y le propone comprarlas nuevamente y devolverlas a sus legítimos propietarios. El hombre responde que lo haría gustoso, pero ya no están en su poder. Las ha deshidratado y vendido a una cadena de televisión nacional, para insertarlas en sus programas humorísticos.

El concejo sale cabizbajo y serio y da la mala noticia a los ciudadanos.

El hombre les mira desde la ventana de su despacho, abre su caja fuerte, donde están todas las sonrisas que ha comprado, de la primera a la última. Las contempla y se siente satisfecho. Ahora, en la ciudad, todos son personas serias; personas dignas de crédito.

Escher. Oeil, 1946

Escher. Oeil. 1946.

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3 responses

10 11 2007
Anónimo

Siempre los cuentos terminan en la intertextualidad, al leer este mi boca dibujo una sonrisa porque me remontó a un recuerdo. Cierto día, caminando por la calle, distraida, y vi venir a lo lejos, a un hombre entrado en años, con la nariz enrojecida. Despertó mi curiosidad, y no dejé de observarlo hasta que lo tuve enfrente. La diferencia está en que él no me compró una sonrisa, sino que me la dibujó, grande, incontenible, y luego me la agradeció. Llevaba puesta una enorme nariz de payaso.

11 11 2007
Alexis Ravelo

Una anécdota muy hermosa. Es bueno salvar siempre el optimismo. Desgraciadamente, el mundo está lleno de expoliadores de sonrisas. Cuídate de ellos y no permitas jamás que se apoderen de la tuya.
Un abrazo.

7 12 2007
shalimar

Yo no quiero sonrisas, ni siquiera las mias propias. De que me sirve reir si por dentro lloro? De que me sirve la risa del otro si por dentro se esta cagando en mis muertos? Por que cuesta tanto conectar con algunas personas, aun cuando uno tenga la intencion de amarles? Que máscara nos hace de barrerera y al mismo tiempo, quizas proteccion inconsciente?Qué proyecciones estoy irradiando, cuando algunos no comprenden? No se ven a si mismos y por eso no me ven? Muy dificil ver todo el conjunto y por eso no entienden? Preguntas, preguntas, preguntas…

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