Con piel de cordero

29 02 2008

-Lo de la abuela es pan comido. Me conoce desde hace años y nos abrirá sin desconfiar. Luego es solo cuestión de esperar un poco y la niña será nuestra.

-No las tengo todas conmigo. Nos vieron venir hacia aquí. Puede que nos descubran.

-No, si después las descuartizamos. Desgarraremos esa caperuza que lleva siempre y la dejaremos en el sendero que lleva hacia el bosque. Siempre habrá un lobo al que echarle la culpa –sentenció el primer leñador, tomando el atajo sin añadir una palabra más. El otro, cogiendo su hacha, le siguió.

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Prolegómenos

29 02 2008

Vio pasar hace un rato a los leñadores en dirección al bosque. Y la bestia está ahí, a la espera. Sabe, por tanto, que todo ocurrirá como debe ocurrir. Lo sabe. Así como conoce los detalles: cuál será la conversación, cuál el aparente engaño. Por eso no siente miedo cuando, mientras se acerca, observa el bulto oscuro agazapado tras los primeros árboles.

Sin embargo, el animal permanece inmóvil, mirando en otra dirección. Puede que sea más torpe de lo normal o que ande distraído. Quizá tenga que darle un empujoncito. Agarra bien la cesta y echa hacia atrás la caperuza con un rápido movimiento de cabeza. Debe asegurarse de que el depredador se percate del denso olor a piel adolescente.








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