Verdad

27 07 2008

Le regalaron una máquina de la verdad. Cabía en un bolsillo. Cuando su micrófono captaba una mentira en el tono de voz del interlocutor, la máquina emitía un zumbido. La probó charlando con su mejor amigo, con su mujer y con sus padres, a lo largo de un día sorprendente, lleno de descubrimientos que quizá hubiese preferido no haber hecho jamás. Al anochecer se sorprendió a sí mismo merodeando por los muelles, reflexionando sobre sus nuevos conocimientos: que su amigo le soportaba más por costumbre que por afecto, que su mujer ya no le amaba, que nunca fue un hijo deseado. Se preguntó qué podría hacer con aquellos descubrimientos y, cuando al fin dio con una respuesta, se acercó al borde y arrojó el detector de mentiras con toda la fuerza posible. El artefacto se hundió con un Plop y produjo unas ondas efímeras que se extinguieron casi al mismo tiempo que el sonido. Ahora sólo le faltaba ejercitarse en la ardua disciplina del olvido.

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El remedio

27 07 2008

 

No fue un homicidio. Todo ocurrió de repente, mientras recomenzaba una vez más aquella labor de costura con la que intentaba, sin lograrlo, olvidarle. Él se había ido, pero su memoria seguía ahí, en su interior, abrasándole el pecho. En ese instante, una idea le cruzó, como un relámpago, la mente: la única forma de curarse era extirparlo de su corazón. No tenía ningún bisturí a mano. Utilizó las tijeras.  








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