Abismo

14 08 2008

Nadie lo engañó. Desde el momento en que la vio, supo que su boca era un abismo, su mirada un veneno, su sexo una trampa mortal.

La rondó durante semanas. Durante meses. Cuando ella, al fin, aceptó citarse con él, puso en orden sus papeles, telefoneó a sus amigos para escuchar su voz por última vez y, tras acicalarse, salió a tiempo para comprar una rosa que llevarle a su encuentro. Jamás nadie volvió a verlo.

A ella sí. Fue vista paseando por la ciudad al amanecer con una sonrisa de saciedad pintada en el rostro y una rosa, de pétalos con bordes ya algo oxidados, en la mano.

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