Deberes para hoy

28 09 2008

 

Recuperar los nombres de las cosas
o, más exactamente, aplicar viejos nombres a las cosas nuevas
                                     y crear nuevos nombres para las viejas cosas.
Sacar el mar del armario.
Reflexionar seriamente sobre lo que esconden tus sábanas,
                                                     lo que oculta tu camisa.
Averiguar cómo era el rostro que me devolvían ayer los espejos.
Comprobar que los enemigos siguen siendo los mismos
               (ayudarse, en esta tarea, de prensa, radio y televisión).
Tomar un melocotón de la cesta.
Oler el melocotón.
Constatar que nada huele mejor en el mundo
               (Salvo tu piel).
Telefonearte y decirte que nada huele mejor en el mundo
               que un melocotón recién tomado de la cesta
               (Salvo tu piel).
Escribir al enemigo más íntimo para agradecerle que lo sea
               (Nada hay peor que no saber contra quién se lucha).
Volver a recuperar los nombres de las cosas.
Constatar que, nuevamente, las cosas se ocultan tras los nombres, inasibles.
Reanimar el ánimo paseando por el parque.
Comprobar que mi árbol continúa estando allí.
Volver a casa y ordenar la biblioteca.
Caminar tras la idea del río.
Desordenar la biblioteca.
Releer a Heráclito, a Manrique, a Conrad, a Borges, a Yeats.
Abandonar la biblioteca en desorden con la satisfacción del deber cumplido.
Perseguir por el pasillo una baba del diablo que va a dar en la mesilla del teléfono.
                               Y citarme contigo.
Comprobar que la cama está hecha.
Comprobar que el amor no está hecho.
Deshacer la cama
                                para hacer el amor.
Reavivar tu llama.
Revivir en ti.
Reinventar nuestros ritos.
Retomar mi caída al cálido infierno de tu sexo.
Reconocerme en tus gestos.
Olvidar las palabras aplicadas a las cosas.
Empezar de nuevo.








A %d blogueros les gusta esto: