De engranajes

30 10 2008

Con la sartén al fuego y el aceite ya caliente, abre la nevera para sacar los huevos y uno de los imanes en forma de botella le hace recordar la botella de vino de Lanzarote que le han regalado hace poco. La palabra Lanzarote le recuerda la versión de Richard Thorpe de “Los caballeros de la Tabla Redonda”. Ese recuerdo lo lleva al cine de barrio donde vio esa película a los ocho años, lo cual le recuerda a su vez los paquetes de papas grasientas y crujientes que su padre le compraba, y eso acaba por recordarle que ha olvidado comprar huevos. Cierra la puerta de la nevera. Apaga el fogón. Se pregunta qué hora será. Se contesta que es demasiado tarde.


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8 responses

30 10 2008
Maite

Nunca es demasiado tarde para pedirle un par de huevos a la vecina. No crees Alex?

je je je dos besos

30 10 2008
Maldini

¡A güevo, Güey!

31 10 2008
Lunática

Vamos a darle la vuelta a la tortilla:

“El aceite se calentaba en la sartén mientras la ensoñaciones le llevaban a perderse en otras realidades. Cerró los ojos e imaginó la botella de vino blanco recién abierta y la compañía de Lanzarote. Aquellos ojos risueños que siempre le devolvían la sonrisa de sus labios, el olor dulce como ella, su piel morena por el sol del verano. Esas noches de compañía con las tortillas de bacalao que su abuela portuguesa pacientemente le había enseñado…Recuerdos bellos que había acomodado en aquel rincón de la cabeza y guardado con doble llave…”¿por qué se abría ahora?”, se preguntaba.
Rememoró casi sin querer, las tardes de domingo en el cine Sol en las que veía películas a sus ocho años con los amigos del barrio, comiendo las papas fritas “La Canaria” grasientas que se compraba con la paga que le daba su padre. Esas sesiones cinematográficas siempre se precedieron de un almuerzo dominguero con tortilla de papas al estilo canario: cortadas en cuadritos, sin cebolla y muy bien cuajado el huevo, quedando “quemadita”…Por un instante, su centro olfativo parecía percibir el mismo olor como si estuviera allí mismo.
Abrió los ojos a la vez que sonaba el timbre de la puerta. La sartén humeaba el aceite caliente al borde de la llama, apagó rápidamente el fuego y abrió la puerta de su casa. Allí estaba ella, la vecina del 7ªB con la sonrisa en sus ojos, y su vestido ceñido ofreciendo sus curvas, que le decía: “Hola, estoy haciendo tortilla de papas y me he quedado sin sal, ¿me prestas un poquito que ya está todo cerrado?”.
Sonrío y pensó: “nunca es demasiado tarde”…

31 10 2008
Alexis Ravelo

Un beso, Maite. Hacía tiempo que no sabía de ti.
Maldini: siempre te sale el chingón que llevas dentro. jajajajajaj.
Lunática: De nuevo la botella medio llena, de nuevo la voltereta. Es una voltereta onírico-culinaria. Y, por cierto, ¡¿Tú también ibas al cine Sol?!

1 11 2008
Elena Villamandos

¿Sabes?, de pequeña yo también iba al cine los domingos, con mi hermana mayor y dos vecinas nuestras que también eran hermanas y que tenían la misma edad que nosotras. Nos cogíamos las cuatro de la mano y subíamos a media tarde por aquellas sucias y solitarias callejuelas del barrio del Toscal. Antes de entrar comprábamos un montón de chocolatinas que no abríamos hasta que no se oscureciera la sala y comenzaran a salir las letras. Me encantaba ir al cine pero siempre me embargaba algo así como una especie de tristeza, de melancolía que no podía definir. Un día pasaban la peli de viaje al centro de la tierra. Iba emocionada porque me había leído toda la obra de Julio Verne y esta era una de mis historias preferidas, además de La Cerillera de Andersen que siempre me hacía llorar. El caso es que un tipo bastante fornido se sentó junto a mí, dejando tan sólo un asiento libre entre ambos. Cuando la sala se oscureció y comenzaron a salir las letras pude sentir que la respiración de aquel sospechoso se agitaba y, observándolo por el rabillo del ojo, pues no me atrevía a virar la cabeza, pude ver cómo con su mano se frotaba algo de una forma casi diría que furiosa. Lo cierto es que mi hermana, ajena a todo, me alcanzó una chocolatina pero yo le dije que no tenía apetito, que se me habían quitado las ganas de comer chuches. Tuve que soportar aquello hasta el intermedio, momento en el que el tipo al fin se levantó y se fue a sentar a otra parte. Cuando salimos de la sala estaba como mareada y tenía ganas de vomitar. Tardé por lo menos dos meses en querer regresar a una sala de cine. Yo tenía unos ocho años. Mándame un correo y nos vemos en Diciembre, sobre finales. Me parece ya estar viendo las palomas de la plaza de Santa Ana volando hacia la estrecha franja de mar que asoma entre las hileras de las casas, y estar ya escuchando el preciso tañido de la campana de la catedral, y todo esto en tan buena compañía, ¡qué bien! Hasta pronto Alexis.

1 11 2008
Alexis Ravelo

Qué alegría, María Elena, después de tanto tiempo. Diez años, nada menos.

4 11 2008
Capitan Nombrete

Lo siento por la historia de Alexis. La historia de Elena me ha impresionado mucho más. Hace poco estaba leyendo (en los hermanos Karamazov) la diatriba de Ivan Feodorovitch contra los que hacen sufrir a los niños.
“Hay fragilidades que pueden ser atravesadas con un pelo.
Un solo cabello puede convertirse en un arma homicida. “

8 11 2008
Toñi Ramos

Demasiado tarde para volver a los ocho años, demasiado tarde para recuperar al padre, demasiado tarde para ir al supermercado . Demasiado tarde para sentir nostalgia.Siempre es demasiado tarde.

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