Fábula un poco larga

16 11 2008

Una vez hubo un perro caniche que deseaba ser un chacal. Durante años aulló tras las dunas, yendo de un lado a otro, intentando asustar a los mercaderes cuyas caravanas pernoctaban en su travesía del desierto. Los mercaderes, por supuesto, no se inmutaban por el aullido de un animal tan gracioso e inofensivo. Todo lo más, le ofrecían un trozo de carne sobrante o una galletita de perro. El caniche, no sin decepción, las aceptaba rastrero, agradeciéndolas con meneos de rabo y lameteo de botas.

Cansado de que no se le diese la dignidad que él consideraba debida, el caniche reunió a todos los chacales y dio un discurso sobre la necesidad histórica de que los transeúntes del desierto les temieran, y protegieran de ellos a sus bestias y a sus hijos pequeños. Los chacales, según él, habían sido despreciados por todos desde la noche de los tiempos y había llegado el momento de que todos los chacales de aquel desierto se unieran de una vez por todas. Subrayó aquella última frase con dos ladriditos que sonaron a signos de exclamación y la arenga cobró cierto aire de verosimilitud.

Los chacales (unos cuarenta) se encogieron de lomos, se miraron indiferentes y dijeron que a ellos les parecía que los humanos ya les temían lo suficiente, pero que si él consideraba que realmente no lo hacían, por algo sería. Curiosamente, nadie se cuestionó si el caniche era verdaderamente un chacal o un mero perrito. Simplemente, ya que como chacal hablaba, supusieron que chacal debía de ser. Así, el caniche quedó unido a la manada. Pero los mercaderes continuaron riéndose mucho y ofreciéndole chucherías cuando lo veían aullando al frente de la manada. A los chacales, al verlos reír, les resultó muy razonable lo que el caniche había dicho acerca del poco respeto que los mercaderes les tenían. Y coincidiendo con esa opinión, el caniche les arengó nuevamente: era la inferioridad numérica lo que causaba la indiferencia humana ante sus peligrosas fauces. Tenían que incluir a más chacales en la manada. No obstante, no conocía más chacales que aquellos cuarenta. Así que  recorrió todo el desierto convenciendo a otros animales para que se unieran a ellos, como chacales de pleno derecho. Nada le importó que algunos no fueran, no ya cánidos, sino ni siquiera mamíferos. Consiguió reunir a un centenar de secuaces para, según declaró, matar de espanto a los mercaderes.

Los mercaderes creyeron morir, pero no de espanto, sino de risa, cuando una noche vieron llegar a una nutrida y heterogénea manada, compuesta indistintamente por chacales, perritos de la pradera, escorpiones, buitres, y reptiles de las más variadas formas, tamaños y colores, al frente de la cual estaba aquel simpático caniche. Divertidos, les arrojaron las sobras de su comida, las cuales los animales devoraron, ahora hambrientos, ya que no había manera de organizar a aquel grupo para cazar. Tres verdaderos chacales se quejaron:

-Antes podíamos cazar –protestó el más viejo-. Ahora mendigamos.

-Y todo porque hemos incluido en la manada a animales que no son chacales –dijo el más joven.

-Lo importante es el número –repuso el caniche en la asamblea-. Aún no son chacales, pero ya lo serán.

Los tres chacales no creyeron posible que aquello fuera a suceder. Abandonaron la supuesta manada. El caniche, indignado, les declaró públicamente traidores y fueron declarados no-chacales por todo el desierto.

Hoy, los tres chacales disidentes cazan con toda tranquilidad, sin preguntarse si los mercaderes les temen o no. Simplemente, hacen aquello que saben hacer.

En cambio, la manada heterogénea aún limosnea sus sobras. Los mercaderes se lo pasan muy bien con ellos. Temen como al diablo a esos tres chacales solitarios que depredan a sus camellos y sus corderos. Pero les llama mucho la atención el pequeño caniche, a quien consideran su aliado.


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3 responses

17 11 2008
ATIARCAR

Querido y estimado amigo
Me dirijo a ti con estas letras y a estas horas para advertirte del peligro que corres. Corres el peligro de saber quien eres y donde estas, de perder la compañía de los caniches, de las hienas y hasta de quienes de como yo escribimos cada día la lista de la compra y nos conformamos con que sea leída por la cajera del Hiperdino. Somos muchos los llamados y pocos los elegidos, derramar tinta sobre un papel o aporrear el teclado es un vicio más que padecemos en este insular exilio, también lo es el lamento, el reproche y el adulador consejo. Escribo, canto, bailo, pinto, como, bebo y defeco. Como tantos, soy un cachorro que vago solo porque mis hermanos no saben sin son caniches o son chacales, algunos muestran pleitesía a la hienas, otros se limitan a echar millo a las palomas, yo soy un cachorro libre amigo de chacales, de gaviotas, y de cuanto bicho viviente se me acerca, soy compañero de cimarrones, más por necesidad que por convencimiento, ellos cazan mejor he de admitirlo.
Por cierto, creo que ya te lo he dicho, yo también escribo. No pretendo ser chacal si no esta en mi naturaleza y en mi pueblo si llueve no se cogen papas.
Tengo el convencimiento de que esta “Fábula un poco larga” es el mejor de los retratos de alguna jauría urbana de nuestro insular destierro.
Son cosas que pasan, querido amigo, pero siempre será mejor ser chacal solitario que caniche amedrentado. Ya veremos.

MANIFIESTO DE UN CACHORRO
(que mancha papeles)

Me agobian las lejanas miradas,
Las ausencias de sonrisas.
Me agobian los mal pagados sonetos,
Los reproches sin alivio.
Me agobian los descansados cuerpos,
Las efímeras ventanas del silencio.
Me agobian las nubes en las mentes,
Los decadentes efluvios de amor.
Me agobian las tupidas mañanas,
Los mandatos contra el día.
Me agobian los papeles en la hierba,
Las corruptas brisas de la civilización.
Me agobian las cómodas posturas,
Los labios apoyados en los dedos.
Me agobian los sordos y los ciegos,
Los estómagos de sandeces repletos.
Me agobian las composturas buenas,
La opulencia de modernas damiselas.
Me agobian los toques de brujería,
La proporcional santidad de los curas.
Me agobian los vociferantes deseos,
Los arrastrados elogios de pureza.
Me agobian los rizos en las lenguas,
Los asfaltos y los cementos con jirones de luz.
Me agobian los cuerpos mutilados,
Los atrofiados pensamientos de los dandys.
Me agobian los espejos ante mí,
Las descuidadas muestras de mi ignorancia.
Me agobian los sudores de los genios
Los tontos de las comedias.
Me agobian los órdenes de la vida y el verso,
Los sistemas amorales de abuelas.
Me agobian los rebuscados versos,
Las manchas que al escribir construyo.

19 11 2008
Maite

Yo creo que no importa demasiado ser caniche o chacal, lo importante es saber reconocer quién eres y ser “lo mejor en lo que seas”. De todas maneras entiendo muy bien tu fábula, hay tantos caniches ejerciendo de chacales en todos los ámbitos…

Dos besos Alex

18 05 2014
angel

no soy un especialista en fabula ,pero como fabula es muy buena,a veces por parecernos a otro lo unico que logramos es hacer el ridiculo.

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