Sobre “Bauer: Memoria de la nada”

20 11 2008

 

Sabido es que Ernesto Bauer Mendieta odiaba las autobiografías. Le parecían abominables porque, según él, nadie era sincero y exacto con respecto a su vida o se arriesgaba a aburrir soberanamente al lector. “En ninguno de los dos casos –escribió- estoy dispuesto a gastar ni un solo minuto del tiempo que generalmente dedico a leer, comer, beber o fornicar”.

No obstante, acuciado por las deudas, él mismo sucumbió en cierta ocasión a la tentación de firmar un contrato con la editorial Gayarde, especializada en este género. Hoy, en sus diarios, publicados póstumamente, podemos comprobar la lucha interna entre el espíritu de Bauer y su estómago, en el transcurso de la cual, a lo largo del plazo fijado, ganó siempre el primero hasta la víspera misma del día de entrega. Sin embargo, Ezequiel Gayarde tuvo el manuscrito sobre su mesa a la mañana siguiente. El libro, pasadas las habituales pruebas, salió al mercado justamente dos meses después, con el título de Bauer: Memoria de la nada.

Aquella edición, igual que las posteriores (tengo sobre mi escritorio una reciente), constaba, con total fidelidad al manuscrito, de doscientas páginas en blanco, con una sola excepción: la página 101, en medio de la cual aparecía el siguiente texto:

Vale por una autobiografía sincera.

Gayarde, gesto que le honra, renunció a demandarlo. Los críticos, sin embargo, aún escriben sobre Bauer con cierto rencor. Cosas del desconcierto, supongo.

  

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