Juego del escondite

7 12 2008

 

Jugaban al escondite.

Él la buscaba por todos los rincones de la casa: en el comedor, en el trastero, tras la nevera, junto a las flores del jarrón, en la bañera, bajo la cama. Finalmente, aparecía en un cuadro de Munch, en un disco de Leonard Cohen, en una novela de Stephan Zweig.

Pero le resultaba difícil y a veces tardaba demasiado. Más que encontrarla, sospechaba que era ella quien se hacía descubrir. Por supuesto, ella se divertía mucho con los apuros de su amante. Le parecía encantador su aire infantil cuando, tras horas, días, incluso semanas de búsqueda, comenzaba a desesperar, a sentir que ya no estaba, que la había perdido para siempre; y era un sentimiento que tenía algo de lástima y mucho de orgullo el que la hacía esperarle, enternecida y maternal, en aquellos lugares insospechados para, de pronto, dejarse ver por sorpresa. Él se sentía aliviado cuando el juego acababa y recibía el premio de la caricia, el beso, la tibia carne de mujer palpitando al contacto de sus manos, la noche dejándose transcurrir sobre sus cuerpos inmersos en una batalla que ambos ansiaban perder.

Luego reanudaban el juego y él volvía a buscarla durante mucho tiempo, hasta que nuevamente ella reaparecía (estaba seguro de que era ella quien se mostraba) en un aire de Bach, en la sonrisa de un niño, en las postales que reproducían cuadros de Lempicka o Frida Kahlo. 

Un día le tocó a él esconderse. Ella buscó por toda la casa, en el comedor, en el trastero, tras la nevera, junto a las flores del jarrón, en la bañera, bajo la cama. Tampoco estaba en los armarios ni en el cuarto de la lavadora, ni en la biblioteca. Después de mucho tiempo, ha conseguido entender que él ya no está, que no juega, que, simplemente, se cansó del juego y abandonó la partida. Pero no acaba de hacerse a la idea. Aún sigue buscando en cada rincón, cada melodía, cada verso.


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14 responses

7 12 2008
Lunática

Lástima que él no quisiera seguir jugando, quizás encontraría en ese “escondite” el mayor regalo que la vida le otorgaría..
Y lástima también, que ella no cambiara su juego, aunque solo fuera esta vez…
Precioso y triste “escondite”, Alex.

7 12 2008
Eduardo González Ascanio

Y es que no lo adviritieron desde siempre con el cuento del lobo, que al final ni interesa ni es creíble si viene o si no viene. Pero no aprendemos nunca. Un abrazo.

7 12 2008
Alexis Ravelo

Bueno, Lunática, quizá él aún juega y ella no se ha percatado de ella. Aunque también tienes razón en que tal vez a ella le hubiera convenido cambiar su juego. No lo sé. Eso queda para que lo decida el lector. Yo solo cuento historias.
Gracias por pasarte por aquí (¡Y en puente!)

7 12 2008
Alexis Ravelo

Eduardo: No vi tu comentario hasta que no inserté el anterior. Tienes razón. No aprendemos.

7 12 2008
Nueva

Buenos días Alexis, siempre te leo, pero nunca te he dejado un comentario. Pero, este cuento: si en lugar de “ella” fuera “él” quién comenzara este juego, sería mi vida. Yo me cansé de buscarlo tras puertas cerradas y, me fui…él sigue buscándome en melodías, en rincones en versos…pero sobre todo, en un mundo virtual en el que no estoy, porque… ¡yo estoy viva! afortunadamente. Si me buscara en un parque, en un paseo, en el campo, en la playa o sea…la vida… ¡me encontraría!.

Precioso el cuento. Un abrazo

7 12 2008
Alexis Ravelo

Muchas gracias, Nueva. No hay mayor placer que descubrir que lo que haces provoca que las personas se sientan identificadas. Todos hemos jugado al escondite alguna vez, supongo. Pero no deja de ser un juego peligroso.
Un fuerte abrazo y que te encuentren sólo donde desees ser encontrada.

7 12 2008
Ella

Pues parece que si, que no aprendemos y como dices tu Eduardo, como en el cuento del lobo, al final nada es creible. Y yo me pregunto.. por que estos juegos?

7 12 2008
Pielroja

Yo estoy con “Ella”…¿por qué y para qué estos juegos? ahí está la clave.
pero la respuesta es sencilla. A veces no es que queramos jugar. Simplemente, nos obligan.
En mi caso, casi siempre hago el papel de “buscadora”, pero empiezo a cansarme y tal vez termine pasándome como a “Nueva”.
Algún día me iré y no me encontrarán ni en el cubo de la basura…
Bonito, Alexis, pero sumamente triste…

8 12 2008
Yo

Hola

9 12 2008
El nieto del abuelo

Hola Alexis!!!!!!!
Quedan muchos interrogantes abiertos en este relato. El se marchó… ¿porque se hartó del juego?; ¿porque se hartó de ella?; ¿porque hubo un cambio de rol en el juego que a él no le interesaba?. A lo mejor él jamás se marchó sino que ella perdió la capacidad de detectarlo e interactuar con él. Se me anntoja que este desencuentro es muy común en las relaciones humanas, y tal vez tu relato sea una bella metáfora de ello.
Enhorabuena por el relato. Me ha encantado

9 12 2008
Dulce

Es que hay juegos que más que juegos parecen partidas de poker y marcarse un farol tras otro acaba cansando al más pintado. Y esconderse y buscar acaba agotando hasta al mejor perro de caza. Me gusta mucho esa forma en la que podemos interpretar tus historias de diferentes formas, y pensar diferente cada vez que las leemos, según queramos buscar o escondernos en ellas.

9 12 2008
Alexis Ravelo

Querido nieto: Vaya a saber. El sentido último del relato, lo eligen ustedes, no yo.
Gracias a ti y a Dulce por leerme tan benévolamente.

9 12 2008
Dulce

Bueno, puedo intentar leerte malévolamente, ya probaré.

14 12 2008
Tentación

Simplemente perfecto.
Me lo llevo conmigo…

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