Cuidado de los jarrones

17 12 2008

 

El jarrón azul había sido un regalo de boda de la tía Gertrudis y, como ambos la apreciaban mucho, ocupaba un lugar privilegiado en el comedor.

Durante años, él cuidó de que contuviera siempre flores nuevas, mientras que ella procuró diariamente agua limpia con su poquito de aspirina para que rosas, claveles o petunias no se marchitaran.

Dos décadas más tarde, seguía ahí, en el aparador, un poco más descolorido, con flores no tan frescas, con el agua no tan reciente, algo hedienta a pozo. Ellos, acostumbrados al olor, prácticamente no lo notaban y sólo incomodaba a las visitas, cada vez más infrecuentes.

Pero aún era el jarrón azul que la tía Gertrudis había hecho entrar en sus vidas el mismísimo día en que comenzaron a habitar aquella vivienda para convertirla en un hogar.

Lo hizo caer al suelo la vibración de un portazo la mañana en que él se fue.

Ella guardó los pedazos hasta su regreso.

Y, cuando eso ocurrió (porque después de veinte años es difícil dormir solo y hubieron de resignarse), los pegaron con mimo, trozo a trozo, con sincera buena intención y uno de esos adhesivos cuya acción es presuntamente irreversible.

El jarrón regresó a su sitio, en el aparador. Volvió de nuevo a ser el jarrón azul obsequiado por la tía Gertrudis, fallecida hace ya tanto.

A simple vista, parecía el mismo de toda la vida. No había ningún signo externo del trauma pasado ni del remedio posterior. Él continuó trayendo flores cada poco tiempo, pese a que ya no se conseguían rosas, petunias o claveles tan espléndidos como las de antes, porque los invernaderos ya no eran lo mismo. Y ella siguió, día a día, cuidando de que no les faltara agua, aunque resultaba imposible, pues alguna fisura quedó sin sellar y al cabo de las jornadas interminables acababa formándose un charquito bajo el aparador.

Ahora han hallado la solución: las flores de plástico. No requieren agua ni recambios. Y su fealdad no es tan grave.

Bastará pasar rápidamente junto a ellas, permitir que acumulen polvo con indiferencia, evitar mirarlas de frente para no reparar en su vano artificio, y obviar la evidente necesidad de deshacerse del jarrón azul, obsequio de tía Gertrudis, tan inútil, tan triste, tan gastado, que les recuerda que su hogar ha vuelto a convertirse en una mera vivienda.


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11 responses

17 12 2008
Piel Canela

Y tampoco se percibe el aroma exquisito de las flores… la monotonía hizo desaparecer hasta el olor a “vinil” de plástico nuevo (las flores de plástico recien puestas)
El jarrón tan inútil, tan triste, tan gastado como el cadáver de la misma tía Gertrudis, como el cadáver de ese hogar, muerto el amor… muerto el jarrón, aparentemente vivo.
Salu2

17 12 2008
Eduardo González Ascanio

Cierto, para ciertas cosas no hay poxipol. Hay quien prefiere, antes de caer en estos enjuagues, ver en la soledad un bien preciado. Hay quien no, comprensiblemente. En cualquier caso siempre algún jarrón se rompe, o un plato. ¡Qué cuento más triste, pero qué hermoso te ha salido! Abrazos.

17 12 2008
Lunática

Precioso texto. Permíteme unas anotaciones:
– Primero.- Me parece fantástico que dos personas que inicien un camino juntas creen un hogar:¿qué hay de malo en convertir una vivienda en un hogar?…Amor, hogar…todo forma un todo. ¿Acaso no pretendemos eso? ¿no buscamos a alguien con quien compartir nuestros días en el calor de un hogar?
– Segundo.- El símbolo del jarrón como su amor es fantástico (a pesar de la ironía de ser un regalo de boda). Lo han guardado celosamente a salvo de las dificultades con las que se han tropezado. Han rehecho pedazo a pedazo, con ese pegamento “pegalotodo” que apuntas, quedando alguna grieta que subsanar, sí, y con flores no tan bellas (seguramente las encontraran…¿ y acaso no cambiamos con el paso de los días?.), pero dispuestos a conseguirlo. De esa manera, se preocuparan menos de lo externo y regaran continuamente (ya que el agua se filtra) al amor que los alimente…
– Tercero.- Las segundas oportunidades son tan válidas como las primeras, e incluso a veces, mejores..¿no crees?. Todos nos merecemos una cambio para bien en nuestra vida y saber apostar por ello…La pasión también existe ¿se ta ha olvidado incluirla o crees que “a lasegunda” es imposible?

Precioso texto, Alex: para reflexionar… y real como la vida misma. Con sobrecarga de pesimismo, o tal vez, de realidad. Ojalá no fuera tan triste como lo dibujas…

17 12 2008
Alexis Ravelo

Piel Canela, estuve a punto de incluir a la sonrisa irónica de la calavera de tía Gertrudis, pero ya el cuento era demasiado extenso.
Gracias, Eduardo. Es cierto: hay cosas que ni con poxipol.
Lunática: este cuento gira, precisamente, en torno a la desaparición de la pasión. Intentaba hablar de lo que ocurre cuando una pareja se rompe porque ya no hay nada más que rascar y sin embargo, continúan juntos por la fuerza de la costumbre o por miedo (habrá quien encuentre otros motivos). No sé si he logrado expresar adecuadamente la idea que dominaba el texto, pero si no lo he conseguido, ya sabes que la culpa es siempre del autor y no del lector.
En cuanto al optimismo, ya sabrás que un optimista es alguien que al constatar que un clavel huele mejor que un tomate, piensa que también tendrá mejor sabor.

17 12 2008
Lunática

Alex, el cuento está perfectemente expresado. Solo quería decir que la pasión y el optimismo pueden existir en los segundos encuentros, todo depende, claro está, de cada pareja.

Me gustaría escribir un pequeño texto que me ha venido a la cabeza:
“¡Ojos! que a la luz se abrieron un día, para después ciegos tornar a la tierra, hartos de mirar sin ver” (Machado)

17 12 2008
Maite

Sabes, me recordaste con este cuento a ,D. Francisco Mayor, (mi viejo y querido profesor de filosofía) él nos relataba una historia parecida, para comparar el amor en la pareja, con el cuidado de una planta…pero mejor te lo cuento con mis palabras…me voy a poner en ello.

Muchas gracias Alex, por el texto y por recordarme esos momentos

17 12 2008
Lunática

Querida Maite….mi profesor de filosofía también fue Francisco Mayor. Gracias por traerlo a mi memoria…

17 12 2008
El nieto del abuelo

Enhorabuena Alexis!!!!. Eres el maestro de las metáforas. Sólo deseaba felicitarte de una forma rápida y directa, pues me urge poner mis barbas en remojo y darle lustre a mi propio jarrón.

17 12 2008
Fidelio

Amor reciclabe, amor reciclado? piedad o misericordia? Un jarrón azul como el unicornio, o azul pastel…cómo era el jarrón de la tía G., rosa?

de cualquier forma (y esto no es una locución adverbial), cuidado con ciertos recipientes. El miasma de su contenido nocivo le vino del H20 estancada. Y las flores, no saben recordarnos como los peces, que es necesario renovarla.

18 12 2008
Dulce

Bueno, yo antes remendaba y pegaba todos los jarrones y adornos, luego me di cuenta de que no lo hacía por mi y que lo que más me gustaba era tirar a la basura lo que se había roto, porque me recordaba que alguien o yo misma lo había estropeado. Ahora sólo le pongo superglu a lo que de verdad tengo cariño, a lo que por muy roto y reparado que esté, sigo queriendo ver.

18 12 2008
Piel Canela

Alexis:
Creo que no fue necesario que inlcuyeras a la calavera de la tia Gertrudis y su sonrisa irónica, ya que estan presentes en todo el cuento, que de por sí, es excelente!
y no importa que tan corto o extenso escribas un cuento, siempre lo haces muy bien.
Un abrazo.

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