Para la posteridad

26 01 2009

 

Al principio le resultó un poco extraño que no le situaran en el centro de la mesa, sino que él mismo tuviera que buscarse un sitio en un extremo, acercándose a duras penas al micrófono que habría de compartir con el representante de la sala de conferencias. Pero él siempre fue hombre humilde. Incluso cuando comenzó a alcanzar cierto éxito, continuó conservando la normalidad en las formas, la amabilidad en el gesto, la sonrisa a los desconocidos que se acercaban a decirle que le conocían bien gracias a sus libros, que se sentían reconocidos en ellos y que habían pasado tantos buenos momentos gracias e él. Y sentía un gran orgullo de esa humildad; quizá el peor de los orgullos. En cualquier caso, no le molestó esa exclusión del ecuador de la mesa, pese a ser su libro el que se presentaba. Después de todo, aquella ciudad no era la suya; podía ser que las costumbres fuesen distintas. Lo que sí le molestó un poco más fue que nadie acudiera a recibirle al aeropuerto. De hecho se había perdido buscando el hotel y se le había hecho tarde, así que había venido al acto sin tan siquiera cambiarse de ropa ni darse una ducha. Ya descansaría dentro de un rato, después de la presentación, la firma de ejemplares y la cena de rigor.

Aun así, estaba contento. La pluma y la daga, el libro en el que había estado trabajando casi a hurtadillas durante diez años, mientras escribía otros que le proporcionaban el sustento, pero con la pasión de un amante obsesionado, veía al fin la luz. Le había costado convencer al editor, pero tras cuatro éxitos consecutivos, no había podido continuar negándose. Y La pluma y la daga no era más que el principio. El forjador, la segunda novela de la serie, ya tenía unos primeros capítulos y un planteamiento general. Aquella trilogía sería su Comedia humana, su En busca del tiempo perdido, su Cuarteto de Alejandría. Algo así explicaba el presentador (un profesor de aquella ciudad, que mediante correo electrónico no había parado de declararse rendido admirador suyo y que, curiosamente, no le había dirigido la palabra en ningún momento antes del comienzo del acto). Peroró durante casi media hora sobre las virtudes de la novela. Le molestó que destripara el argumento, contando que Clara acabaría siendo estrangulada por Santos, pero habló en todo momento de la obra como si se tratara de un nuevo Tristam Shandy. Incluso llegó a comparar La pluma y la daga con Santuario, lo cual, a él, le colmó de un orgullo indescriptible. Pero entonces el presentador añadió:

-Desgraciadamente, jamás llegaremos a conocer el resto. El forjador, la novela en la que me consta que trabajaba ya con denuedo, quedará, para siempre, en un mero proyecto. Habremos de conformarnos con lo que ya tenemos de él: sus libros de poemas, sus seis novelas anteriores, sus guiones de cine y su estupenda humanidad, que llenó de poesía y compromiso la vida pública de este país que tanto necesitaba, y necesita, mentes como la suya. Y, por supuesto, esta estupenda novela de la cual hemos hablado hoy, un testamento literario inigualable. Gracias a este libro, siento que su autor está hoy entre nosotros, que su presencia puebla esta sala como pueblan nuestras memorias, sus palabras. Muchas gracias.

El público rompió en aplausos mientras el presentador meneaba la cabeza con falsa modestia. Ya no le extrañó que todos se levantaran y fueran a saludar al presentador y no a él. También le resultó natural que no le concedieran la palabra, o que todos pasaran ante él sin reparar en su presencia.

Los saludos, los comentarios, los apretones de manos y las felicitaciones demoraron veinte, treinta minutos.

La sala se quedó al fin vacía. Él se levantó, cogió su maleta y se preguntó dónde pasaría la noche. Allí no conocía a nadie. 

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3 responses

26 01 2009
Lunática

(¡Ohh, qué pérdida literaria!
La muerte engrandece a los autores). Gracias por tus textos…

“Al darse la vuelta y con la maleta asida en su mano izquierda, vagó de hotel en hotel en busca del cobijo de la noche. No consiguió encontrar una habitación vacía, en realidad, ni siquiera se atrevió a preguntar por ello. Su nuevo estado producía el rechazo del miedo de todos los que podían sentirle.
Triste, vagó por las calles, atravesó un ciudad y luego otra e incluso el océano. Cuando por fin llegó a su casa, se sintió cómodo. Abrió su maleta, sacó su pluma y su cuaderno púrpura, encendió el tocadiscos y escuchó su canción favorita.
Acomodado en el calor de su hogar, sentado con la manta encima de sus piernas, comenzó a escribir. Tenía aún tanto que decir. Los día pasaron sin tregua, el cuaderno se acabó y en su última página, escribió: “FIN (en mayúsculas), firmado postúmamente, El forjador de sueños”. Esa novela póstuma fue su mayor éxito…

26 01 2009
Liberto

Cada vez estas CEREMONIAS virtuales a las que nos convoca el amigo Alexis, con esa siempre dificil dosis exacta de “pequeñas pildoras para leer rápido y pensar despacio”, se están convirtiendo placentera, gozosamente en una deseada visita diaria. Vaya mi agradecimiento por adelantado…y nunca las mañas pierda…

Allá por el año 1993 cuando visitaba con mi pareja de aquellos años a los grandes poetas canarios Pino Betancor y Jose María Millares Sall en su modesto piso de no más de 80 metros cuadrados cerca del taller del escultor Luis Montull, y que por las cosas de la vida nos fuimos distanciando en lo físico -jamás en lo espiritual; (El poemario “Liverpool” de José María Millares Sall es de la mejor poesía que se ha creado en Canarias; pero tiene muchos más geniales poemarios y es una vergüenza que a estas alturas no le hayan concedido el Premio Canarias de Literatura y tipos como Juan Manuel García Ramos -por decir el primero que me vino a la cabeza…lo juro por los huesos de mis abuelos…-ya “presuman” de ser poseedores de este galardon “sospechoso” porque no se sabe qué cualidades debe reunir el premiado para ser merecedor del mismo….si aspectos exclusivamente literarios, o además son necesarias otras cualidades extraliterarias….).

No tengo remedio. ¿o si? Quería hablar única y exclusivamente de Agustín Espinosa y de su texto “Crimen” y miren por dónde iba ya sino me entran ganas de fumarme un cigarro y me centro en la anécdota que quería contarles en relación a éste…(perdón, me voy a fumar el cigarro y ahora vuelvo…) Ya estamos aquí…Esto, guau… (encima de pesado te quieres hacer el gracioso…vete al grano ya y no le hagas perder el valioso tiempo a lxs lectorxs de CEREMONIAS… ya te avisan que deben ser “pequeñas pildoras para leer rápido y pensar despacio”…).

Bueno, pues una tarde fría y soñolienta del otoño capitalino fuimos a visitar a José María y a Pino su mujer ya fallecida y surgió el tema del libro “Crimen” y de su autor Agustín Espinosa. José María, con la gracia y el humor socarrón que tiene para contar las cosas nos dijo que en esa época habían sido desterrados a Lanzarote -¿o era Fuerteventura?- sus padres y también Agustín Espinosa. Pues José María nos contó que Agustín iba a visitarlos a altas horas de la noche y que estaba como ido, que estaba como más pa´ya que pa´ca…y que además, por lo visto, les decía el padre, que estaba escribiendo unas cosas más raras…José María, con esa forma de reírse cuando “se desmadra” “cuando se encuentra a gusto”, soltó a carcajada…”¡¡Pues no iba a estar raro el hombre, como ido, si es que estaba escribiendo “Crimen!!”… Fue una de esas tardes memorables, únicas, y es la primera vez que lo comparto públicamente.

4 02 2009
Maite

umm como me suena ese escritor, solo espero que no se muera, al menos antes de ver cumplido el deseo de ver publicada su novela, esa “novela”. Yo la espero y, espero estar viva para leerla.

Dos besos y un abrazo, desde aquí, nuestra isla

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