BCNegra, Islas Negras, gustazos.

5 02 2009

Foto: José Andrés Espelt 

Muchos de ustedes ya lo saben: el lunes, 2 de febrero, me di un gustazo. Estuve en Barcelona, con José Luis Correa, participando en Islas Negras, una de las mesas de la quinta edición de BCNegra, el ya clásico encuentro sobre novela negra que, vinculado a la mítica librería Negra y Criminal reúne durante una semana a los incondicionales del género. Este año están participando firmas como Michael Connelly, Roberto Saviano o Sue Grafton. Además, se homenajea a Vázquez Montalbán y a Leonardo Sciascia y hay muchas otras actividades atractivas, como la dedicada a analizar la relación entre boxeo y literatura, la exposición “Descubriendo a Debry” (sobre Franc Debry, un tinerfeño que fue un titán de la novela popular de quiosco), la dedicada al semanario “El Caso” o “La novela del tango”, que une la voz del escritor Raúl Argemí con la de la cantante Elba Picó.

Parte del gustazo consistió en conocer personalmente (por fin) a Paco CamarasaMontse Clavé, verdaderos cronopios negrocriminales y, (aunque a Paco le joda), gente legendaria en esto del pulp, el Thriller, y lo policiaco; a José Andrés Espelt (incansable, entusiasta, activista, inabarcable) que lleva ya un buen par de años mimando mi trabajo desde Cruce de Cables junto a José Ramón Gómez  y Novelpol (esta vez no hemos coincidido, pero José Ramón sabe que sigue sentenciado a unas cañas) y a  José Luis Ibáñez, que leyó con cariño el trabajo de José Luis Correa y el mío y moderó la mesa de forma amena e interesante. Otra parte, reencontrar a buenos amigos, como José Carlos Cataño o Arianna Squilloni.

En Islas Negras se habló, sobre todo, de tópicos. Y del daño que hacen. De cómo las Islas son un lugar ideal para crear. De la recepción (mediatizada por la geografía) que tienen nuestros libros en Península. De la imposibilidad de hablar de grupo o generación. De cómo resulta más apropiado hablar de autores con edades, formaciones, lecturas, intereses, estilos e, incluso, concepciones radicalmente diferentes del género. De cómo Pepe Correa y yo no somos más que dos de los que trabajamos en este campo (se mencionó, por supuesto, a otros autores isleños, tanto actuales como de fechas pasadas).

Sobre todo, se propuso a los lectores de allí que se acercaran a los textos narrativos de los autores canarios sin miedo a aburrirse, porque ya ha pasado la época de los ombliguismos y los complejos (al menos para muchos de nosotros) y nuestros trabajos (me resisto a llamarlos obras mientras estemos vivos) compiten en condiciones cualitativas de igualdad con las de cualquier otro lado.

Aunque también se tocó el asunto de la dificultad para promocionar y difundir nuestros libros. De hecho, esta presencia de dos autores canarios en BCNegra (sabíamos que no estábamos solos, que aquí quedaban muchos, no solo de género negro, ya que en el fondo se habló de narrativa en extenso, cuya presencia flotaba en el ambiente del Palau de la Virreina) no hubiera sido posible sin el apoyo de la Consejería de Cultura del Cabildo Insular de Gran Canaria.

El último gustazo fue un pequeño capricho personal: recordar a un autor que fue punta de lanza de las Vanguardias y que fue olvidado y expulsado del canon surrealista español por causa de un cúmulo de injusticias histórico-geográficas. Sé que quizá no pintaba mucho en una mesa dedicada a la novela negra, pero me había prometido a mí mismo que lo haría, así que la mesa concluyó con la lectura de los primeros párrafos de Crimen, de Agustín Espinosa y el gustazo consistió no tanto en hacerlo, sino en observar las expresiones de asombro del público, al escuchar aquellas palabras escritas a principios de los años treinta.

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