A vueltas con Cortázar

12 02 2009

cortazar

 

Me paso la vida hablando de él. Aparece en el lugar más inesperado: en la guagua, en un vaso de vino, en la secuencia de una película, al apretar el tubo de dentífrico. Precisamente porque su literatura busca lo inasible entre los pliegues de la realidad. Porque busca, como él mismo afirmaba, lo mágico en lo cotidiano.

El encuentro con Cortázar es crucial para el lector. Sobre todo si el lector es joven y ávido, como fue mi caso cuando leí por primera vez Rayuela en aquella vieja edición de Bruguera Libro Amigo, que acabó completamente desencuadernada a fuerza de manosearla, subrayarla, anotarla y llevármela a los sitios más insospechados, desde playas a lechos alrededor de los cuales pululaban cosas peligrosísimas para los libros: copas de vino y cigarrillos encendidos. Luego llegaron los cuentos: los cuatro tomos de Los relatos en Alianza de Bolsillo (aún los conservo), que leí, uno tras otro, junto a una persona por aquel tiempo amada en un hotel de la zona de Agaete. A partir de entonces, Cortázar ya no fue sólo aquel deconstructor de la novela, sino el nuevo inventor del cuento como “caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario”. Y ahí, ya todo estaba perdido, porque Axolotl y Torito y Grafitti y Continuidad de los parques y Circe y La noche boca arriba y Casa tomada y La autopista del Sur y tantos cuentos geniales fueron conformando el gusto por un tipo de literatura poco frecuente.

Después vendrían muchos libros más, leídos obviando cronologías y posibilidades económicas (confieso el robo de alguno de ellos, perdóname, Cardona; perdóname, Galerías Preciados): Los premios, Los reyes, Un tal Lucas, 62, modelo para armar, El libro de Manuel, Historias de cronopios y de famas, Último Round, Los autonautas de la cosmopista, La vuelta al día en ochenta mundos

Y con todo eso, el jazz, el boxeo, Cartier-Bresson, Paul Klee, Bioy Casares, Roberto Arlt, el compromiso político, la sensación de no estar del todo…

Durante años, ese descubrimiento me hizo hermano de muchas personas, pero me deslumbró tanto que me causó serios problemas a la hora de escribir, hasta que un día (como tantos otros juntaletras jóvenes) entendí que era muy peligroso tratar de imitarlo, porque algunos autores son fenómenos únicos e irrepetibles.

Y como decía, me paso la vida hablando de él y, sin embargo, hoy me costaba comenzar esta entrada. Quizá porque tengo la sensación de que me repito. O de que todo nuevo juicio que se emita sobre su obra es inútil e innecesario. Pero hoy se cumplen 25 años de su fallecimiento y resultaba una cita inevitable. Las grandes editoriales, como ya hicieron en otras efemérides relacionadas con él, volverán a hacerse su agosto a su costa, publicando su correspondencia, reeditando sus libros en ediciones caras y sacando a la luz textos que, al parecer, él no quería publicar (sospecho que cualquier día acabarán publicando su lista de la compra). Los lectores, en cambio, podemos homenajearlo dedicándole unos minutos a uno de sus cuentos. Yo aún no he decidido cuál elegiré. Resulta muy difícil quedarse con uno.

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Desfiles

12 02 2009

Te ofrezco una cita de Bernard H. Cain que me ha hecho pensar:
“No desfiles jamás. Las modelos desfilan hacia la decrepitud y los soldados hacia la devastación. Todo desfile consiste en acelerar el paso hacia la nada”.

Bernard H. Cain: La ira y el deseo.





Umbral del dolor

7 02 2009

 -Perdone que grite tanto –se disculpó el hombre-. Es la primera vez que me asesinan a puñaladas.





Cuidado de los paisajes

7 02 2009

 

Le regalaron un espejo que mostraba el paisaje del alma de las personas. Lo trajo a casa y propuso a su mujer que se miraran juntos. Nunca habían imaginado que pudieran darse la gélida estepa y el frondoso bosque de laurisilva la una al lado del otro.

Comprendieron que la estepa era él y ella el bosque.

Hasta entonces se habían amado intensamente. A partir de aquel día, todo cambió.

Si ese era el verdadero contenido de su alma, ella no deseaba pasar el resto de su vida ante aquel erial de hielo.

Él, por otro lado, intentó cambiar de hábitos, en la creencia de que ellos podrían alimentar su alma: leyó poesía, compró discos de Serrat, le trajo flores cada día. Y volvía diariamente a mirarse en el espejo, soñando con que una flor, un poco de hierba o, al menos, el comienzo del deshielo rompían la monótona desolación del frío territorio de su espíritu.

Todo fue inútil. Ella hizo las maletas un martes. Por no sufrir más de lo necesario, él pasó todo ese día fuera de casa.Cuando salía con sus cosas, ella pasó un momento ante el espejo y el asombro la petrificó. Su bosque de laurisilva se había llenado de plantas carnívoras.





Devoluciones

6 02 2009

Te ofrecí mi mano y la aceptaste. Ahora que ya han pasado tus apuros, te ruego la devuelvas. Me resulta incómodo escribir con la izquierda.

 





Antiguo juego para presionar a editores

6 02 2009

 

Un editor lee el manuscrito de un libro que trata sobre un editor que muere inmediatamente después de rechazar un manuscrito.





Antiguo juego para inquietar a lectoras

6 02 2009

 

Una mujer lee un cuento sobre una mujer que muere justo después de leer un cuento.








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