Deconstrucción

2 04 2009

Escher: Relatividad (1953)

Escher: Relatividad (1953)

 

Ahí. Sé que estás ahí. Leyendo cada una de estas palabras. Motivando que hayan sido escritas. Trayéndolas a la existencia con tu sola mirada.

Lees la palabra “ahí” y la palabra “ahí” empieza a ser un lugar que no existía hasta que tú decidiste, con tus ojos, que lo fuera. Y tu ahí es un cuarto de hotel, el salón de tu casa, un estudio, un dormitorio, tu puesto de trabajo o una biblioteca, a horas de avión, a un paseo en barco o a minutos de guagua de donde yo uní tres letras para decir “ahí”.

Y ahí es sencillamente ahí, o no tan sencillamente, porque es el país que habitas, robando instantes que te permitan leer y no ser tanto tu oficio, tus obligaciones, las cosas que han de hacerse porque toca.

Pero si “ahí” es, entonces también hay un aquí. Y ese aquí soy yo rompiéndome la cara contra una página en blanco que va dejando de serlo mientras escucho a Wagner (podría haber sido Tom Waitts, Björk o Bach, pero hoy es Wagner y Parsifal), dejando entibiar el café porque quiero llegar a ti, inexplicable, absurda, desesperadamente. Por tanto, hay un ahí y hay un aquí, y ese aquí soy yo buscándote, intentando tentarte, convencerte, al menos durante unos minutos, unas líneas, unas cuatrocientas palabras, de que somos más que eso que los otros piensan que somos.

Así que vuelvo a escribir, y tú vuelves a leer: Ahí.

Y desaparecen las horas de avión, los ratitos de barco, los minutos de guagua. Tu cuarto de hotel, tu salón, tu dormitorio, tu puesto de trabajo, tu biblioteca ya no están ahí, sino aquí. Ya no estamos separados, sino juntos, y somos hermanos, amantes, compatriotas en ese país de la palabra donde ahí y aquí no existen más que como palabras, como “ahí” y “aquí”, meras excusas para unirnos en el instante, para que mi mano que escribe y tu mirada que lee se fundan en este presente eterno, instaurado por la palabra “ahora”.

Da igual que ahora sea ayer para ti y, para mí, mañana. Yo escribo “ahora” y tú lees ahora.

No hay esperas ni distancias. Quizá yo he muerto ya y quizá aún no has nacido. Pero eso no es más que una ilusión, una impostura en ese otro mundo en el que eres un oficio, unas obligaciones, unas cosas que han de hacerse porque toca. Eso es mentira y ambos lo sabemos. Ambos sabemos que ahora es ahora; que ahora, ahí, es aquí; que ahí y aquí, es ahora.

 

Anuncios







A %d blogueros les gusta esto: