Feria del Libro de Madrid

3 06 2009

Aviso, por si eres de allí o andas por allí: Estaré firmando en la Feria del Libro de Madrid.

Mañana jueves 4, de 18:00 a 20:00 horas, en la caseta de Maidhisa (340), con los títulos que tengo en Anroart (Tres funerales para Eladio Monroy, La noche de piedra, Sólo los muertos y Algunos textículos).

El sábado 6, de 19:00 a 21:00 horas, en las de Anaya (190 a 194), con Historia del bufón Alegre Contador y Los perros de agosto, la nueva criatura.

Se agradecerá la compañía.

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Contrariedades de una dama

3 06 2009
"La dama del abanico". Diego Velázquez.

“La dama del abanico”. Diego Velázquez.

Soy una señora y como tal me he conducido siempre. Pero el señor Cardamomo está a punto de hacerme perder la paciencia y, con ella, la compostura.

Desde hace semanas, este hombre ha perdido el norte y me persigue por las calles. Va gateando detrás de mí, como un animal, y besa con enajenada dulzura la superficie de pavimento que mis pies han pisado. Por supuesto, todos le miran sorprendidos, escandalizados o burlones y, al percatarse de que es mi presencia la causa de tan rocambolesco comportamiento, también me miran a mí, lo cual me colma de una vergüenza infinita.

No contento con esto, en las ocasiones en que, irritada, me vuelvo y le afeo su conducta, el señor Cardamomo, se pone en pie (mostrando las desgarraduras que el roce del suelo produce en las perneras de sus finos pantalones de sastrería inglesa), saca del bolsillo de su levita una taza de delicada porcelana china y, tomando una a una mis palabras, las introduce en el recipiente para, acto seguido, bebérselas con parsimoniosa fruición.

Como soy una dama, me niego a salir más allá de lo estrictamente necesario, para evitar así sus excentricidades y me quedo días y días encerrada en casa. Pero entonces es aun peor, porque el señor Cardamomo me envía flores y más flores y cestas de fruta y cachorritos de cocker spaniel y cajas de bombones y gatitos recién destetados y cartas. Docenas y docenas de cartas perfumadas con proposiciones que una señora no debe repetir. Mientras las leo, los mariachis ofrecen serenata tras serenata (ha establecido turnos de mariachis para que las canciones de amor no dejen de sonar al pie de mi balcón). Los suspiros del señor Cardamomo (se pasa los días ahí, junto a los músicos, arrodillado), penetran en mis estancias a lomos de la música, arañan los muebles y las paredes y vienen a posarse en mis mejillas ruborizadas, en mi cuello de poros abiertos, en mi escote invadido por un extraño ardor.

No contento con ponerme en esos aprietos, en ciertas ocasiones pierde la cabeza y mi jardinero da con ella entre los geranios o la cocinera se la encuentra al pie de los fogones. Me veo obligada a devolvérsela con alguna de las doncellas, que se la acerca metida en una sombrerera, con una nota de mi puño y letra en la que le ruego que no permita que vuelva a ocurrir.

Yo soy una dama. Una verdadera señora. Por eso se comprenderá mi turbación cuando en las recepciones (a las que no entiendo por qué continúan invitando a este señor tan grotesco) siento repentinos mordiscos y chupetones en los más inconfesables rincones de mi cuerpo, sin que pueda quejarme formalmente, ya que es su mirada la que produce tales sensaciones. En efecto, en esos instantes siempre lo descubro en un extremo del salón, lanzándome los invisibles rayos de su deseo concupiscente con esos dos candiles negros que el Diablo le ha dado por ojos.

Y ahora, para colmo de males, ha adoptado una nueva y sorprendente mala costumbre: la de morirse por mí. De hecho, esta semana ya hemos tenido que asistir tres veces a sus exequias.

Me pregunto cuándo acabarán las locuras del señor Cardamomo, pues ya me resulta difícil controlarme y está a punto de sacarme de quicio. Si eso ocurre finalmente, si consigue hacerme perder los estribos, mis acciones se precipitarán irremediablemente, sin que ni yo misma pueda hacer nada por evitarlo: me arrojaré sobre él y lo haré mío y lo devoraré beso a beso, mordisco a mordisco, hasta el más mínimo pedazo de su firme carne, hasta el tuétano de sus recios huesos, olvidando, por primera vez en mi vida, pero acaso para siempre, que soy una dama.





Los 7 Magníficos

3 06 2009
Los 7 Magníficos

Los 7 Magníficos

Así ha bautizado Loly León a esta foto. Corresponde a la visita a la destilería de Arehucas (“un ron cojonudo”, según Eladio Monroy), durante el encuentro de novela negra que nos convocó a unos cuantos en el Festival de Primavera Flor de Mundo, en la ciudad de Arucas. De izquierda a derecha, Dulce González, Raúl Argemí, José Luis Correa, Rafael Méndez, José Luis Ibáñez, Elsa Plaza, lo que quedaba de mí, Domingo Villar y Francisco Sarmiento. Por desgracia, los 7 magníficos eran seis, porque aún no se había incorporado Antonio Lozano y, claro, sin nuestro Charles Bronson y con un Yul Brinner barrigón y desentrenado, los 7 magníficos pierden mucho.





Poetas Canarios en Buenos Aires

3 06 2009
Portada de Poetas canarios en Buenos Aires

Portada de Poetas canarios en Buenos Aires

Este es el último ataque perpetrado por el guerrillero de la palabra Juan Carlos De Sancho.

Añado la noticia en el diario Clarín. Para leerla haz click en el siguiente link:
http://www.revistaenie.com/notas/2009/05/21/_-01923287.htm 

Desde aquí envío mi enhorabuena, tanto a Juan Carlos como a los poetas (algunos de mis preferidos) que se incluyen.








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