Contrariedades de una dama

3 06 2009
"La dama del abanico". Diego Velázquez.

“La dama del abanico”. Diego Velázquez.

Soy una señora y como tal me he conducido siempre. Pero el señor Cardamomo está a punto de hacerme perder la paciencia y, con ella, la compostura.

Desde hace semanas, este hombre ha perdido el norte y me persigue por las calles. Va gateando detrás de mí, como un animal, y besa con enajenada dulzura la superficie de pavimento que mis pies han pisado. Por supuesto, todos le miran sorprendidos, escandalizados o burlones y, al percatarse de que es mi presencia la causa de tan rocambolesco comportamiento, también me miran a mí, lo cual me colma de una vergüenza infinita.

No contento con esto, en las ocasiones en que, irritada, me vuelvo y le afeo su conducta, el señor Cardamomo, se pone en pie (mostrando las desgarraduras que el roce del suelo produce en las perneras de sus finos pantalones de sastrería inglesa), saca del bolsillo de su levita una taza de delicada porcelana china y, tomando una a una mis palabras, las introduce en el recipiente para, acto seguido, bebérselas con parsimoniosa fruición.

Como soy una dama, me niego a salir más allá de lo estrictamente necesario, para evitar así sus excentricidades y me quedo días y días encerrada en casa. Pero entonces es aun peor, porque el señor Cardamomo me envía flores y más flores y cestas de fruta y cachorritos de cocker spaniel y cajas de bombones y gatitos recién destetados y cartas. Docenas y docenas de cartas perfumadas con proposiciones que una señora no debe repetir. Mientras las leo, los mariachis ofrecen serenata tras serenata (ha establecido turnos de mariachis para que las canciones de amor no dejen de sonar al pie de mi balcón). Los suspiros del señor Cardamomo (se pasa los días ahí, junto a los músicos, arrodillado), penetran en mis estancias a lomos de la música, arañan los muebles y las paredes y vienen a posarse en mis mejillas ruborizadas, en mi cuello de poros abiertos, en mi escote invadido por un extraño ardor.

No contento con ponerme en esos aprietos, en ciertas ocasiones pierde la cabeza y mi jardinero da con ella entre los geranios o la cocinera se la encuentra al pie de los fogones. Me veo obligada a devolvérsela con alguna de las doncellas, que se la acerca metida en una sombrerera, con una nota de mi puño y letra en la que le ruego que no permita que vuelva a ocurrir.

Yo soy una dama. Una verdadera señora. Por eso se comprenderá mi turbación cuando en las recepciones (a las que no entiendo por qué continúan invitando a este señor tan grotesco) siento repentinos mordiscos y chupetones en los más inconfesables rincones de mi cuerpo, sin que pueda quejarme formalmente, ya que es su mirada la que produce tales sensaciones. En efecto, en esos instantes siempre lo descubro en un extremo del salón, lanzándome los invisibles rayos de su deseo concupiscente con esos dos candiles negros que el Diablo le ha dado por ojos.

Y ahora, para colmo de males, ha adoptado una nueva y sorprendente mala costumbre: la de morirse por mí. De hecho, esta semana ya hemos tenido que asistir tres veces a sus exequias.

Me pregunto cuándo acabarán las locuras del señor Cardamomo, pues ya me resulta difícil controlarme y está a punto de sacarme de quicio. Si eso ocurre finalmente, si consigue hacerme perder los estribos, mis acciones se precipitarán irremediablemente, sin que ni yo misma pueda hacer nada por evitarlo: me arrojaré sobre él y lo haré mío y lo devoraré beso a beso, mordisco a mordisco, hasta el más mínimo pedazo de su firme carne, hasta el tuétano de sus recios huesos, olvidando, por primera vez en mi vida, pero acaso para siempre, que soy una dama.


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16 responses

3 06 2009
FERNANDO MITOLO

Que bueno profe!!!!!!!!! por favor! me ha encantado…de verdad, muy bueno. Espero que algo de esto al final me contagie…
Un abrazo.

3 06 2009
Aran

OOOHHH…

Te estás poniendo muy surrealista en estas últimas historias.

-Ejem, ejem-(Me aclaro la voz)
(y ahora con voz profunda)-¿Acaso somos testigos de una evolución en la escritura de Alexis Ravelo?
jejeje…

Bueno, gracias por una nota de humor surrealista en un día de perros…

Un besote y que firmes muuuuchos libros.

3 06 2009
Antonio Vega

Magnífico

3 06 2009
Brida

Pobre dama limitada por su educación y prejuicios.

3 06 2009
Max Egb

!Chapeau¡
Esa inventiva esta en perfecta ebullición. Además de una impecable y rica redacción del texto.

3 06 2009
Valk

¡Infinitamente Hermoso! mi querido Caballero.

4 06 2009
Y otra...

Genial. Me ha gustado muchísimo.

5 06 2009
y otra mas........

por primera ……
quizas unica vez
la puta mas dama
la dama mas puta
descubre……..
que no hay reglas, no hay protocolo, no hay pudor,
que el deseo se convierte en un caballero
que te persigue y te babea
se insinua
te vibra
te acaricia
te hace estremecer
y no lo puedes apartar
no se rendira……….hasta que le abras la puerta
dejes de ser dama para ser puta, ser puta para ser dama
y le digas……….si aqui……..pegado a la piel………a un golpe de cadera……

5 06 2009
Toñi Ramos

Anda, tráeme uno de Madrid , que allá tiene que haber de todo . No, un cardamomo no. ¡¡¡Un abanicoooooo!!!!!

5 06 2009
Toñi Ramos

Bueno, pensándolo mejor , igual un cardamomo no me vendría nada mal. Mira a ver , anda .

6 06 2009
Chispita

Ja ja jaja ja ja ja. Eres un encanto Toñi.

6 06 2009
Valen

Me ha encantado Ale, que dama eres escribiendo! Siempre más!
Si, la verdad podrías mirar si encuentras un cardamomo por allí…, aunque al final soy más de pimiento picón y de la tierra!

Te felicito mucho por estar en Madrid. Casi, casi la proxima vez que te veo me emociono y todo, (quiero decir más de lo habitual!).

Besos

Valen

7 06 2009
Alexis Ravelo

Gracias, Valen. Toñi: No encontré abanicos, pero me he arruinado a compra de libros… Snif snif…

7 06 2009
Juncal

Pues yo siento (no lo siento en realidad) contrariarte (y a tus masas de fans). Me encantó el relato, menos el final.
¡Sucumbir a semejante pelmazo acosador! ¡Bah!
Con tu permiso, ensayaré un final alternativo, para mujeres alternativas.
Felicidades por Madrid y todo lo demás.
Beso.

9 06 2009
Aryán

Me encantó el cuento. Y anoche me tropecé con este poema y me acordé de él:

“Ah, amigo mío, usted no sabe, no sabe

lo que es la vida, usted que la tiene en sus manos”;

(dando vueltas lentamente a los tallos de las lilas)

“usted la deja que se le vaya fluyendo, la deja fluir,

y la juventud es cruel y no le dura el remordimiento

y sonríe de las situaciones que no ve”.

Y sonrío, por supuesto,

y sigo tomando té.

“Pero con estos atardeceres de abril, que no sé por qué

me recuerdan

mi vida enterrada, y París en primavera…

T. S. Eliot, “Retrato de una dama” (1917)

9 06 2009
Yaiza

Muchas gracias por compartirlo. Sencillamente genial. Besos lilas para ti.

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