El blog de Factoría de Ficciones

25 06 2009

El pasado martes, 23 de junio tuvo lugar la última sesión de la primera edición de Factoría de Ficciones. Casi todos los textos escritos por los participantes están colgados ya en el blog, aunque quedan pendientes de corrección y publicación los últimos trabajos.

Si te apetece pasarte por allí y leer esos cuentos, la puerta está abierta.

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Factoría de Ficciones es un taller teórico-práctico en torno al cuento literario, que tiene lugar principalmente en la Biblioteca Pública del Estado de Las Palmas de Gran Canaria, además de (en su versión intensiva y de forma puntual) otros ámbitos, como la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Centro Penitenciario de Salto del Negro (dentro del proyecto Leer es Libertar) y algunos IES.

La dinámica del taller remite sólo lejanamente a marcos teóricos. En Factoría de Ficciones preferimos analizar el fenómeno. Así, leemos y analizamos cuentos y, tras desmenuzarlos, extraemos de ellos las técnicas con las que, posteriormente, los participantes elaboran textos a partir de las propuestas que surgen a lo largo del taller. De esta manera, al mismo tiempo que adquieren una bibliografía adecuada sobre la disciplina, reflexionan acerca de los engranajes de la maquinaria narrativa y la ponen en marcha.

Los textos que puedes leer en el blog de la Factoría son algunos de los elaborados a partir de esas propuestas.

El taller comienza con una mirada al cuento tradicional y sus recursos, como contraposición al cuento literario, y con la escritura de un cuento de aquel estilo, que luego es reescrito desde una perspectiva contemporánea, confiriendo mayor importancia a la fijación textual, cambiando puntos de vista, tiempos verbales, etc.

Una vez metidos de lleno en el género, las propuestas aluden a los aspectos que mayor dificultad pueden presentar a quienes desean aumentar su eficacia cuando se enfrentan a un terreno tan resbaladizo como el relato breve: los comienzos, los finales, las personas gramaticales, el ritmo narrativo, el manejo de la intensidad, la elaboración de argumentos verosímiles, el tiempo y modo verbales, la escritura de diálogos y monólogos.

Estos asuntos continúan estando presentes en los muchos ejercicios de estilo posteriores, a partir de juegos literarios como el binomio fantástico, el Logo-Rallye, la literatura definicional, el S+7, la escritura de cuentos fantásticos originados en la literalidad de frases hechas y proverbios, la elaboración de cuentos disfrazados de recetas de cocina, de manual de instrucciones, de prospectos médicos o de noticias…

Además, prestamos especial atención a las muñecas rusas o cajas chinas y a la evolución más reciente del género: el microrrelato, tan popular como incomprendido.

¿Por qué publicar estos textos en un blog? Pues, sencillamente, porque creo que los textos sólo son escritura hasta que la mirada del lector decide convertirlos en literatura y porque saltar a la arena es lo único que puede convertirte en un buen gladiador.

Posteriormente, aparecerá un volumen con una selección de textos escritos por los participantes en Factoría de Ficciones, pero un blog es una forma ideal de llegar al público, evitando talar arbolitos sin necesidad y sometiendo el propio trabajo a la crítica de los lectores, tan útil como necesaria.

Factoría de Ficciones en la Biblioteca Pública del Estado volverá a tener lugar, en su segunda edición, a partir del 13 de octubre. Si te interesa y deseas apuntarte, la inscripción se abrirá, probablemente, a mediados de septiembre. En esos días, convendrá que estés pendiente de los comunicados de la Biblioteca o de este blog, ya que, aunque la matrícula es gratuita, el número de plazas es limitado.

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El asesino

25 06 2009

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El viejo murió hace tiempo, pero no lo sabe.

Murió el día en que yo decidí que lo hiciera. Es solo cuestión de llevar a cabo una acción física. Por lo demás, el viejo está muerto. Lleva muerto casi dos años. Yo mismo lo asesiné, un sábado de octubre, a medianoche, cuando tomé mi determinación. Justo en ese instante, el viejo murió a mis manos. Desde entonces, su cadáver anda, habla, come, duerme y defeca por mera inercia. Está muerto, aunque él no lo sepa. Es mi voluntad lo único que le permite continuar haciéndolo. Hasta el día en que tenga una buena oportunidad o haya tiempo o, simplemente, me apetezca cumplir con el mero trámite de hacerlo oficial.

Podría entrar ahora mismo en el cuarto de al lado, donde el viejo duerme y hundirle el cráneo a martillazos. O asfixiarlo con esa segunda almohada que siempre se empeña en pedirme. Podría, también, sorprenderlo en la bañera y sumergirle la cabeza bajo el agua, empujar por las escaleras su cuerpo decrépito e inútil, darle un empujón cuando se encuentre en el balcón regando sus malditos geranios.

Pero hoy no lo haré. Me siento perezoso. Como me he sentido los dos últimos años. Justo desde aquel sábado de octubre en que murió mi madre y yo asesiné al viejo. Como me sentiré, seguramente, mañana. Esa pereza mía (la misma que me mantiene aquí, atado al viejo) es lo único que le permite continuar paseando entre nosotros como si estuviera vivo. Pero sé que no lo está. Que lo maté hace ya tiempo. Que su inmunda presencia de perro sarnoso no es más que una impostura, una mala costumbre, un simulacro.

Puede, incluso, que antes de que yo tenga uno de mis días laboriosos (uno de esos días en que me levanto con ganas de hacer cosas y lijo, por ejemplo, las sillas del comedor para volver a barnizarlas) y pueda hacer efectivo ese hecho que hace ya tanto que ocurrió, el viejo suelte un último gargajo mientras babea sobre su sopa o se duerma para no despertar jamás o, sencillamente, caiga fulminado por un infarto repentino. Eso no cambiará nada. Seré yo quien habrá acabado con él. Yo, su hijo. Yo, su asesino.








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