Para hallar la felicidad en el siglo XXI

5 07 2009

Deje de fumar (exceptuamos los cigarros puros, por motivos de elegancia y distinción).

No trasnoche (no hay necesidad de cerrar todos los bares de la ciudad, ni de pasear bajo la luna).

Deje de consumir estupefacientes.

Levántese temprano (las primeras horas del día son las más importantes).

Deje de sumarse a causas minoritarias.

Deje de leer libros escritos por gente que se ha muerto.

Haga voto útil.

Reenvíe masivamente todo correo electrónico en el que se pida su apoyo a la defensa del medio ambiente, la adopción de cachorritos, la erradicación del hambre en el mundo, la paz, la libertad o cualquier otra causa tan justa como abstracta.

Deje de participar en iniciativas no virtuales de apoyo a la defensa del medio ambiente, la adopción de cachorritos, la erradicación del hambre en el mundo, la paz, la libertad o cualquier otra causa tan justa como abstracta (se evitarán, especialmente, manifestaciones y otras acciones colectivas).

Deje de leer clásicos (basta con que los compre y los muestre en sus anaqueles; cualquier resumen será suficiente para dar cuenta de su contenido y podrá fingir que los ha leído, ahorrándose auroras de dedos rosáceos y mentidos robadores de Europa).

Interésese por el fútbol.

Entérese de todo lo relacionado con el fútbol.

Deje de flirtear (en todo caso, puede desear secretamente, pero no flirtee. El onanismo moderado es buena solución en caso de tentación irresistible).

Ame el fútbol (cualquier otro deporte en el que sus compatriotas compitan como nunca y pierdan como siempre es susceptible de ser amado; lo importante es pertenecer a algo que le permita sufrir impunemente).

Hágase un plan de pensiones.

Deje de decir lo que piensa y comience a pensar en lo que dice. La sinceridad y la franqueza están sobrevaloradas.

Deje de una vez los estupefacientes.

Deje de leer libros que no lee nadie.

Acuda al gimnasio.

Elija alguna persona confiable que esté dispuesta a sacrificar una sexualidad libre a cambio de una periodicidad razonable en sus encuentros sexuales.

Deje de pensar en el presente.

Lábrese un futuro.

Deje de leer libros que le hagan plantearse preguntas. Lea los libros de los que todos hablan, los publicitados en las bolsas de papel de las ferias del libro. Seguro que son más placenteros y menos incómodos que esas cosas que usted lee. Lea a Osho, a Jorge Bucay, a cualquier tratadista de Feng Shui, Tai Chi, I Ching, Reiki o asunto similar. La novela histórica también es buena opción, pero solo si trata temas de extremado interés: construcción de catedrales, amantes de Alejandro Magno, poetisas griegas que jamás existieron. Olvide a Yourcenar. Olvide a Robert Graves.

Piense en el futuro.

Cásese con esa persona confiable que esté dispuesta a sacrificar una sexualidad libre a cambio de una periodicidad razonable en sus prácticas sexuales.

Cambie pasión por cariño; intensidad por extensión; comprensión por deseo.

Crea firmemente que “democracia representativa” y “democracia” son sinónimos exactos. Confunda liberalismo con libertarismo. Sea tolerante, aun con los intolerantes (todo el mundo tiene derecho a intentar imponer sus convicciones a los demás, particularmente las éticas y religiosas. Y no se empecine en querer llegar a objetivas verdades históricas. Todo es relativo: incluso la ignominia, incluso el genocidio. Deje de preocuparse por el pasado. Piense en el futuro).

Sea razonable.

Tenga sentido común.

Piense en el futuro.

No se enamore. Amar es peligroso.

Defienda a las minorías (sobre todo si son las que detentan el poder económico; a las demás, apóyelas solamente en público y hasta cierto punto, especialmente si sus intereses entran en contradicción con los de las minorías que detentan el poder económico).

Oculte sus prejuicios tras un discurso adecuado (por ejemplo, aunque sea machista o machisto, puede permitirse dar patadas o patados al diccionario o diccionaria; lo importante es que nadie pueda acusarle de serlo).

Piense en el futuro (siempre hay un camino a la derecha).

Deje de creer en la lucha de clases (las clases no existen: como ya se le ha indicado, todo es relativo, hasta la ignominia).

Las posibles contradicciones internas en su discurso pueden fácilmente soslayarse (existen múltiples recursos, desde la falacia a la elevación de la voz), así que no se preocupe demasiado por lo que digan esos progres.

Ni se le ocurra enamorarse.

Ya se le ha advertido.

Piense en el futuro.

Evite los espejos.

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