El quimérico inquilino: angustia en estado puro

29 08 2009

Trelkovsky, un tímido oficinista parisino de origen polaco, alquila un pequeño apartamento en un antiguo edificio, cuya anterior inquilina se ha suicidado arrojándose por la ventana. En cuanto Trelkovsky ocupa el inmueble, comienzan a suceder hechos aparentemente sin importancia, pero asombrosamente inimaginables. El protagonista no tardará en sentir que los vecinos le controlan, empujándole a asumir la personalidad de la suicida.

El quimérico inquilino

Este es el punto de partida de El quimérico inquilino, de Roland Topor, publicada en 1964. No cuento más sobre el argumento para no destriparla, pero a Trelkovsky le ocurren cosas que, te aseguro, no te gustaría que te ocurrieran a ti. Es una novela inclasificable, en la que hay humor negro e intriga, pero, sobre todo, un angustioso terror psicológico. No es un libro de casas encantadas y fantasmas al uso. Aquí el horror proviene de la influencia de los vecinos, personas de carne y hueso, correctas y hasta educadas, cuya casi invisible presencia va, poco a poco, torturando al protagonista, hasta que su identidad y cordura se van resquebrajando. Después de leer El quimérico inquilino, cada vez que un vecino golpee el techo para quejarse porque haces ruido, te acordarás de este libro, ejecutado con precisión de cirujano y frialdad despiadada de verdugo. Un libro para intrigarse y extrañarse, pero también para preguntarse quién eres realmente, qué es lo que hace que tú seas tú.

Roland Topor

El quimérico inquilino fue la primera novela de Topor, hasta entonces dibujante  e ilustrador, que formó, junto con Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowski, el grupo Pánico. Además de escribir otros libros singulares (como La cocina caníbal), hizo sus pinitos como actor (encarna a Renfield en el Nosferatu de Werner Herzog, por ejemplo).

Último dato: en 1976, Roman Polansky hizo una estupenda adaptación cinematográfica, The Tenant (en España se estrenó con el mismo título que el libro), con una puesta en escena inmejorable y un reparto de auténtico lujo. Una película inolvidable que es muy recomendable ver después de haber leído la novela.

El quimérico inquilino, de Roland Topor, Madrid, Valdemar, 202 páginas.





Erotismo literario

28 08 2009

erotismoliterario

Aunque la novela había sido escrita por un autor que tenía fama de lascivo, le estaba resultando muy interesante. Ya de madrugada, se quedó dormida con el libro abierto contra su pecho. La despertó la agradable sensación de unos labios besando sus senos.





Filtraciones

24 08 2009

angeles-de-la-guarda

Tras escuchar la noticia, apagó el televisor. En unos segundos comenzaría a sonar su móvil. Los de la oposición ya estarían aprovechando para criticar al Gobierno por la filtración, indignados ante la ausencia de cautela del Ministerio.

Desde niña le había producido una indescriptible inquietud la idea de tener un ángel de la guarda. Pensar en que hubiese día y noche un ser junto a ella, acompañándola en todo momento, siendo testigo de todas sus acciones y aun de sus pensamientos le producía, antes que bienestar, escalofríos, porque, aunque creía firmemente en la posibilidad de su existencia, no estaba tan segura de que su ángel de la guarda estuviera allí para protegerla. La cicatriz de su barbilla (columpio a los cinco años), la de su rodilla (bicicleta a los doce) y la de su corazón (Efraín Rodríguez, de 2º de BUP a los quince años) la habían inclinado siempre a pensar que su cometido era otro muy distinto.

Por eso, cuando entró a trabajar directamente a las órdenes del Ministro, se hizo el firme propósito de pensar lo menos posible en la información que manejaba, por si la teoría que había ido formulando a lo largo de los años era cierta. Ahora estaba segura. Ahí estaba la prueba. Nadie más que ella y el Ministro sabían lo del informe Sarabia. El Ministro era el menos interesado en filtrarlo. Y ella no lo había hecho. Así que, definitivamente, era cierto: los ángeles de la guarda existen. Pero su propósito no es guardarnos (en ese caso, el de los Kennedy, por ejemplo, era un absoluto incompetente), sino manejar información privilegiada y hacer uso de ella para sus propios fines.

Imaginó a su ángel de la guarda reuniéndose en secreto con el del candidato opositor y los de los rivales de Sarabia para traficar con su información privilegiada. Ni siquiera habrían tenido que buscar un parking solitario o un discreto cuarto de hotel. La reunión se habría celebrado en el éter, sin interrupciones ni testigos. Ventajas de ser los J. Edgar Hoover de la Creación, la KGB del Universo, los paparazzi de Dios.





In Paradisum

24 08 2009

Sabio con espíritu mesiánico inventa mecanismo que permite a los elevadores ascender a los cielos. Realiza una prueba con primates. Dos mandriles pasan a engrosar, ese mismo día, las filas de los querubines, serafines y demás coristas celestiales. Noticia del invento del enésimo botón se hace pública. Fabricantes de ascensores incorporan de serie el botón del enésimo piso (o botón celeste). En poco tiempo, los cielos se pueblan de paralelepípedos de diversos colores y dimensiones, que atraviesan verticalmente el éter transportando a miles de ciudadanos de fe inquebrantable. Problemas de superpoblación en el Paraíso provocan la queja formal de las autoridades vaticanas en el nombre de Dios. Preocupadas por la posibilidad de despertar la Ira Divina, las autoridades de los países afectados (aquellos cuya población puede permitirse el elevado coste del enésimo botón) prohíben terminantemente el uso del artefacto. Aun así, plataformas ciudadanas exigen su derecho a ascender al Reino de los Cielos, sin escatimar en medios para la consecución de sus fines, incluidos el uso de la violencia o de la música de Fauré. El conflicto civil está servido. Se impone la Ley Marcial en todas las grandes capitales. Fauré es declarado indeseable. La primera noche, algunos contestatarios insisten en emprender el vuelo. Aquí y allá, sobre las grandes capitales, se observa a diversos elevadores alzándose más allá de las azoteas en actitud de franco desafío. Cuando están a punto de alcanzar las nubes, son derribados por misiles tierra-aire disparados por dispositivos antiaéreos. El ascenso a los cielos por esta vía, más tradicional, no resulta un espectáculo agradable y disuade a los últimos díscolos. Los botones celestes son desinstalados. Las fábricas de ascensores entran en crisis. El crecimiento demográfico del paraíso vuelve a sus niveles habituales. El sabio con espíritu mesiánico es defenestrado. Se permite volver a interpretar a Fauré en las grandes capitales, salvo su In Paradisum. Un niño filipino se despierta, aterrado, al sentir, flotando sobre su cama, la presencia de un mandril alado que aporrea una lira, insistiendo en un grito gutural que pretende ser el arrullo de su ángel de la guarda.





Una historia fascinante

21 08 2009

Si eres amante de la literatura en general y de las novelas de aventuras y fantasía en particular, no deberías perderte esta historia en la que hay tiranos, combates entre colosos, hombres salvajes socializados por prostitutas, paladines que se unen para luchar contra ogros y toros salvajes, y largos viajes en busca de antiguos sabios que guardan el secreto de la inmortalidad. Es un libro que salió en bolsillo a finales del año pasado y que vale la pena tanto por su acción incesante como por su belleza poética.

Para ser exactos, es una nueva edición, pero el libro no es nuevo. De hecho, es el más viejo que existe: La epopeya de Gilgamesh, el texto literario más antiguo que se conoce (se supone que las primeras versiones orales son de 2300 a.C., aproximadamente). Está recogido en unas tablillas paleobabilónicas, en escritura cuneiforme, en lengua sumeria y acadia. Desde hace unos cien años, los estudiosos trabajan en la traducción de esos fragmentos, que se van incorporando a las versiones preexistentes.

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En el Gilgamesh está la primera ramera de la ficción, la primera amistad, la primera rebelión contra los dioses, la primera elegía, la primera reflexión sobre la muerte y la primera crítica al poder absoluto. Es un libro fascinante que entusiasmó, entre otros, a Rilke y del que Borges dijo que, probablemente, ya estuvieran contenidos en él todos los temas importantes de la literatura.

Después de leerlo, entenderás mejor otros libros. Incluida la Biblia, que “tomó prestado” al Gilgamesh el asunto del diluvio (si el personaje de Uta-napishti  no es el directo inspirador de Noé, que venga Dios y lo vea).

Esta edición, al cuidado de Andrew George, con prólogo de José Luis Sampedro y abundancia de ilustraciones, notas, cuadros cronológicos y aclaraciones acerca del laberíntico panteón de dioses babilónicos, se puede leer de dos formas: los amantes de la erudición pueden disfrutarlo con todos los estudios y aclaraciones que contiene. Pero los lectores interesados sencillamente en la buena literatura pueden ir directamente a leer La epopeya de Gilgamesh (no son más que unas cien páginas) y, siguiendo a Gilgamesh y a Enkidu en sus aventuras, disfrutar como enanos con esta historia de batallas, viajes, amores, amistad y fantasía, a la que por no faltarle, no le falta ni erotismo.

La epopeya de Gilgamesh, Barcelona, Mondadori De Bolsillo, 330 páginas.





Espíritus

21 08 2009

Últimamente sus sueños son literarios. Se sueña paseando con James Joyce y Ezra Pound por Trieste, charlando con Borges sobre las Kenningar, compartiendo vinos y cigarros con Cortázar y Carol Dunlop en un apartamento en el que suena un disco de Lester Young, acompañando a Katherine Mansfield a una reunión con T. S. Elliot, Keynes y Virginia Woolf (que mira a la neozelandesa con una superioridad que no consigue ocultar su envidia). A veces, Rulfo le cuenta el argumento de esa novela que jamás escribió, mientras atraviesan la noche del D. F. en un taxi desvencijado o frecuenta cafés en las espectrales y bellas calles de Praga con Franz Kafka y Max Brod. Suele despertarse completamente desconcertada. No sabe quiénes son esas personas o por qué conoce sus nombres y sus idiomas. Ni siquiera entiende cómo puede saber hasta el más mínimo detalle de sus biografías y de esos lugares en los que jamás ha estado. Ella es analfabeta. Jamás viajó. Esos nombres, esos libros que mencionan, esas ciudades, deben de ser imágenes de espíritus enviadas por los dioses para torturarla por alguna de sus malas acciones. Pero a esas horas no hay tiempo para plantearse ese tipo preguntas. Hay que levantarse e ir encendiendo el fuego, para que se cueza el mijo mientras ella alimenta a los animales.





Pausa

19 08 2009

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Cuando ella se fue, su vida social menguó en poco tiempo. Probablemente su carácter desabrido contribuyó a ese marasmo. No lee demasiado y su principal distracción es la televisión, que enciende en cuanto llega a casa para hacerse creer a sí mismo que no está tan solo. Por eso el contenido de sus sueños es eminentemente televisivo: chicas de un anuncio de tampones bailando melodías insoportables con sonrisas de dentista psicópata y el mismo contoneo que les produciría una crisis de escozor vaginal, pilotos de automovilismo con menos cuello que un muñeco de nieve y el mismo encanto que un listín telefónico conduciendo un utilitario, soniquetes irritantes antes de que una joven recomiende un tubito de laxante que la hace estar tranquila, tipos cachas mostrando la tableta de chocolate mientras susurran el impronunciable nombre de un perfume, membrillos que llaman idiota a todo aquel que no se haya dejado robar su dinero por un banco de color chillón. Lo que no acaba de entender es por qué sólo sueña con anuncios. A veces, antes de dormir, se hace el firme propósito de soñar con divertidas comedias, documentales históricos o clásicos del cine negro. Pero no hay modo, no lo consigue. Su descanso, ahora que está solo, se ha convertido en una constante, proteica e implacable pausa publicitaria.








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