Nada

18 08 2009

nada

Esta entrada no tiene nada que ver con Carmen Laforet.

Hace (calculo) unos quince años leí (por consejo del siempre sorprendente Antonio Becerra) una pequeña joya: Fatal, de un autor francés que por entonces desconocía: Jean-Patrick Manchette. Era la trepidante historia de una asesina que tenía el objetivo de cometer el perfecto asesinato de un burgués de provincias. Aquella novela me dejó sin aliento. Después (uno sigue leyendo y, a veces, hasta adquiere conocimientos) descubrí que Manchette, aparte de unas cuantas cosas más, era autor de diez novelas negras infaltables en cualquier buena bibliografía del género y precursor del polar, evolución a partir del black norteamericano y el noir francés, en la que la novela negra se inclina hacia sus vertientes más políticas. Seguro que te suena el estilo, porque sus evoluciones recientes andan cerca de Yasmina Khadra o Antonio Lozano. Además, Thompson, sobre cuya 1.280 almas hablé hace poquito en este mismo blog era considerado una especie de “padre espiritual” del polar.

Manchette es situacionista desde Hegel y Marx, crítico con los estereotipos sesentayochistas y lúcido crítico de las estrategias de la izquierda extrema, en la cual militaba.

Tardé mucho tiempo en volver a conseguir algo de Manchette, pero este año he tenido suerte. RBA, en su Serie Negra, ha publicado Nada,  que fue escrita en 1972, apareció en España en 1988 en Ediciones Júcar y estaba en paradero desconocido hasta ahora.

MANCHETTE Jean Patrick

Nada cuenta el secuestro del embajador norteamericano por parte de un grupo izquierdista, ridículamente desnutrido e ingenuamente liderado por un anarquista catalán y un intelectual francés. Un joven alcohólico, un camarero, un mercenario y una prostituta militante (según sus propias declaraciones), completan la cédula de combatientes, que habrá de enfrentarse a un policía sin escrúpulos en cuyas manos ha sido puesta ilimitada capacidad de medios y maniobra.

La novela supone una reflexión sobre los errores del extremismo, imperdonables porque suponen un arma fácilmente instrumentalizable por parte del Estado al que combaten.

¿No te interesa la política? Pues vale. Tienes que leerla igualmente. Es una novela rapidísima, con la intriga perfectamente manejada desde las primeras páginas, un sentido del humor exquisito y un tratamiento de la violencia que raya en lo paródico con respecto a la novela negra habitual en esa época. No te desvelo más detalles de la trama. Pero te dejará sin aliento.

Nada, de Jean-Patrick Manchette, Barcelona, RBA, 2009, 186 páginas.

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Presupuesto limitado

18 08 2009

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Sus sueños eran de bajo presupuesto. Cuando soñaba que conducía, el coche nunca era de alta gama, sino un 600 o un Renault 4L. Incluso una vez se soñó pilotando un triciclo. Sus sueños eróticos eran con rameras de todo a cien, de senos vacíos y trasero inexistente. Nunca soñó que caía al abismo; soñaba con tropiezos al bajar las escaleras. Ya se había acostumbrado a sus ensueños de serie B, la noche en que soñó con que era un famoso director de cine. Al principio creía que era, nada menos, que Stanley Kubrick. Pero, en el sueño, se miró al espejo y se murió de vergüenza. Llevaba un ridículo jersey de angora. No era Kubrick; era Ed Wood.





Superproducción

18 08 2009

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En sus sueños ganaba infaliblemente en la ruleta, las tragaperras, el sorteo de la ONCE, la lotería y demás juegos de azar. El yate de sus sueños recalaba en los principales puertos del Mediterráneo y su jet privado estaba siempre llevándole de París a New York, donde despilfarraba concienzudamente un capital inacabable que ganaba sin sudar. Los hombres le envidiaban y las mujeres le deseaban en medio de grandes banquetes a los que invitaba a todo aquel que se cruzaba en su camino. Las masas le aclamaban a su paso por las grandes alamedas y alfombras rojas se desplegaban a sus pies. Así fue durante años. Por eso enfrentaba felizmente cada día, con una dulce sonrisa en su semblante matinal.

Hasta que un mal día abrió los ojos empapado en sudores fríos. No recordaba cómo había comenzado el sueño de esa noche. Pero se había traído a la vigilia una imagen espantosa: el terrible y pálido rostro de un severo inspector de hacienda.








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