Pausa

19 08 2009

tampax

Cuando ella se fue, su vida social menguó en poco tiempo. Probablemente su carácter desabrido contribuyó a ese marasmo. No lee demasiado y su principal distracción es la televisión, que enciende en cuanto llega a casa para hacerse creer a sí mismo que no está tan solo. Por eso el contenido de sus sueños es eminentemente televisivo: chicas de un anuncio de tampones bailando melodías insoportables con sonrisas de dentista psicópata y el mismo contoneo que les produciría una crisis de escozor vaginal, pilotos de automovilismo con menos cuello que un muñeco de nieve y el mismo encanto que un listín telefónico conduciendo un utilitario, soniquetes irritantes antes de que una joven recomiende un tubito de laxante que la hace estar tranquila, tipos cachas mostrando la tableta de chocolate mientras susurran el impronunciable nombre de un perfume, membrillos que llaman idiota a todo aquel que no se haya dejado robar su dinero por un banco de color chillón. Lo que no acaba de entender es por qué sólo sueña con anuncios. A veces, antes de dormir, se hace el firme propósito de soñar con divertidas comedias, documentales históricos o clásicos del cine negro. Pero no hay modo, no lo consigue. Su descanso, ahora que está solo, se ha convertido en una constante, proteica e implacable pausa publicitaria.

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