Una historia sencilla: el último Sciascia

27 11 2009

Una historia sencilla fue el último libro de Leonardo Sciascia, quien lo entregó a su editor poco antes de morir en 1989. Sciascia sabía que iba a morir. Que el cáncer no le perdonaría (si quieres saber cómo encaraba esa circunstancia, te aconsejo leer El caballero y la muerte). Una historia sencilla es una novela negra muy breve (80 páginas), que transcurre en una pequeña localidad siciliana a lo largo de muy pocos días. Hasta su protagonista es pequeño. No se  trata de un detective, un inspector o un fiscal. Es un mero sargento, hijo de campesinos, cuya máxima aspiración es acabar la carrera de derecho que cursa en sus ratos libres. Pero el título es bastante irónico, porque, cuando finalices la lectura, te darás cuenta de que el argumento, de sencillo, tiene bastante poco.

Una víspera de fiesta, a última hora, se recibe en la comisaría la llamada de un hombre que dice haber encontrado “algo raro” en su casa. El inspector de guardia no le da demasiada importancia y se marcha de fin de semana, ordenando al sargento que vaya a echar un vistazo al día siguiente. Cuando este visita el lugar, se encuentra el cadáver del hombre que, aparentemente, se ha suicidado. Así, al menos, lo creen el inspector, el comisario y los carabineros. Pero para el sargento, un hombre humilde y poco valorado, las cosas no están tan claras y, desde sus posibilidades, irá empujando las diligencias hacia la teoría del homicidio, tras el cual se esconde una oscura trama relacionada con la mafia y el tráfico de drogas (palabras que, por cierto, no se pronuncian en ningún momento del libro). Lo que tiene de sencilla esta historia de mafiosos y corrupción es la manera, aséptica, elegante y eficiente con la que Sciascia despliega el argumento, seleccionando inteligentemente la información que te suministra y manteniéndote siempre pendiente de lo que ocurre. Su prosa, aparentemente sosegada y limpia, nos va empujando, sin embargo, siempre hacia delante.

Esta última novela de Sciascia es quizá la ideal para que quienes no le han leído se sumerjan en su particular universo narrativo. Después de eso, podrías leer la inmediatamente anterior, El caballero y la muerte, o cualquier otra de sus novelas negras, como la sorprendente El contexto. También tiene novelas históricas, siempre ambientadas en Sicilia: Los apuñaladores y El consejo de Egipto, dos joyitas. Y más donde elegir: Todo modo, Los tíos de Sicilia… En cualquier caso, en cualquiera de sus treinta títulos hallarás a un autor agudo y hábil, preocupado por la ética y por el desvelamiento de los mecanismos del poder y la corrupción, por la reivindicación de las víctimas y la denuncia de los verdugos. En casi todas sus historias, uno acaba preguntándose quién mueve realmente los hilos, al servicio de quién se despliega el mal en una sociedad injusta. No en vano, esta última novela se abre con una cita de quien para mí es otro gran referente de la novela negra europea en esos años, Justicia, de Frederich Dürrenmatt, de quien un día de estos tengo que hablarte con más detenimiento: “Una vez más quiero sondear escrupulosamente las posibilidades que tal vez queden aún a la justicia”.

Aviso para navegantes: si madrugas al día siguiente, ni se te ocurra comenzarla para buscar el sueño.

Una historia sencilla, de Leonardo Sciascia, Barcelona, Tusquets, 80 páginas.

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Para la era del simulacro: Desde el jardín

23 11 2009

512NCGFB4YL__SL500_AA240_Desde el jardín, publicado en 1970 por Jerzy Kosinski, dio origen a Bienvenido Mr. Chance, una película inolvidable de Hal Ashby, última interpretación para el cine de Peter Sellers, el famoso inspector de la saga de La Pantera Rosa.

Pero es mejor comenzar con el libro y conocer a Chance Gardiner. Chance es jardinero. De hecho, no sabemos nada más sobre él. Ha vivido siempre en una mansión donde ejerce esa labor de cuidar el jardín. No sabe quién es su padre. No consta en ningún registro civil. No ha salido jamás de la casa. Se viste con los trajes usados del amo. Pasa la vida viendo la televisión mientras cuida de las plantas. O sea: es un jardinero teleadicto. Lo que sabe del mundo, lo sabe por la tele. Hasta que un día muere el amo y Chance es desahuciado. Con su elegante traje de varias décadas atrás, una maleta y el mando a distancia de la televisión sale por primera vez al mundo en la ciudad de la capital norteamericana. Su desconcierto es tal que, cuando unos delincuentes juveniles se meten con él, Chance intenta cambiar de canal con un mando a distancia. Pero la casualidad hará que dé con un matrimonio de magnates de la bolsa, que le confunden con un empresario afectado por la crisis (sí: en el capitalismo ha habido crisis antes y las seguirá habiendo) y como tal lo presentan ante las autoridades económicas y políticas, incluido el presidente de Estados Unidos. Pero Chance sólo sabe hablar del cuidado de los vegetales, y cuando le preguntan sobre si vendrán nuevos tiempos, él habla de los ciclos de crecimiento de las plantas, por lo cual todos piensan que se trata de un nuevo oráculo de la economía. Comienzan las entrevistas televisivas y la celebridad de este señor tan extraño cuya identidad trae de cabeza al FBI, a la CIA, al KGB e incluso al presidente, que acaba teniendo una crisis de impotencia por causa de la preocupación. De la conciencia intranquila a la disfunción eréctil no hay más que un paso.

En fin: Desde el jardín es una acertada alegoría sobre la apariencia, la televisión y el poder en la época de los simulacros mediáticos. No deberías perdértela, si no lo conoces aún.

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Kosinski, que nació en Polonia en 1933, sobrevivió al Holocausto escondido en el seno de una familia católica. En Estados Unidos fue tan célebre como polémico, a raíz de su primer libro, El pájaro pintado. Después las polémicas ya no le abandonaron. Le acusaron de plagiaro, de tener “negros”, etc.  Él se vengó de sus acusadores con El ermitaño de la calle 69, un libro plagado de notas y referencias que supuso una tortura para sus críticos y una delicia para sus fans. De todos modos, parece ser que estas polémicas se debieron más a la envidia que a otra cosa. No es difícil envidiar a un señor que a su muerte, en 1991, había vendido unos 70 millones de ejemplares.

En cualquier caso, al margen de polémicas o éxitos de ventas, este es un libro que no se olvida fácilmente. Te hará reír y te hará reflexionar.

Desde el jardín, de Jerzy Kosinski, Barcelona, Anagrama.





Testimonios del caos: Chester Himes

14 11 2009

Proponerte que leas Un ciego con una pistola, del escritor afroamericano Chester Himes, es proponerte un paseo el Harlem neoyorquino durante una semana de un caluroso verano de finales de los sesenta, un lugar y una época convulsos, violentos y caóticos. Por tanto, se trata de un viaje peligroso. Pero en el recorrido vamos bien acompañados, porque seguimos a dos policías negros que tienen patente de corso para recorrer las callejuelas repartiendo leña. Son Grave Digger Jones y Coffin Ed Johnson, esto es, Sepulturero Digger Jones y Ataúd Ed Johnson, dos polis negros que sirven a la policía blanca y que están siempre entre la simpatía hacia los criminales que persiguen y la presión que reciben desde arriba para que sí, investiguen los crímenes, pero silben mirando al techo si la trama lleva a las tramas de corrupción o crimen organizado relacionadas con el poder del hombre blanco. Aquí asistimos a varios crímenes sin relación aparente, que los dos polis tienen que investigar, mientras diferentes grupos de lucha contra la segregación se enfrentan entre sí en duras revueltas en las calles del Harlem. Por supuesto, alcanzan un par de buenas palizas. Aunque estos dos también reparten lo suyo.

Conocedores de un código que sus jefes blancos ignoran, Grave Digger y Coffin Ed miran con una sonrisa amarga la realidad de su gente, intentando, sin conseguirlo, deshacer entuertos con la impotente actitud de quien sabe que los oprimidos yerran constantemente en los mecanismos con los que se oponen al sistema, dada la invulnerabilidad de quienes detentan el verdadero poder, el económico.

En algún momento de la novela, Anderson, el jefe de los dos policías negros, les pregunta si saben quién es el responsable de los recientes disturbios. Ellos, socarronamente le responden que siempre lo han sabido, pero que no pueden hacer nada, ya que está muerto. El responsable, en su opinión, es Abraham Lincoln: “No debió liberarnos si no quería darnos de comer”.  Cuando Anderson insiste en quién es el culpable, quién incita esa “anarquía insensata”, Grave Digger, simplemente, responde: “La piel”.

Esta es la sexta de una serie de diez novelas con Sepulturero y Ataúd (hay otras estupendas, como Algodón en Harlem y Todos muertos) y la última que Himes escribió antes de trasladarse a Alicante (el viaje debía de estar en proyecto, porque hay ya algún guiño a esa región, en el nombre de un comercio), donde falleció en 1984. La edita RBA en su colección de bolsillo, en una traducción realizada por Ana Becciu en 1978 (y que quizá habría que renovar) y con prólogo de Raúl Argemí, que entiende y comenta a Himes como nadie.

La biografía de Himes es tan interesante como sus libros: hijo de una familia de clase media, fue a la universidad pero se desvió por el mal camino y comenzó a meterse en líos. Le cayeron 20 años de cárcel por atraco a mano armada y fue justamente ahí, en prisión, donde comenzó a escribir. Escribió novelas políticas, novelas carcelarias (Por el pasado llorarás) y novelas, como esta, de género negro, donde se le considera uno de los clásicos; pero, sea cual fuere la orientación, el problema de la desigualdad social (racial) está normalmente de por medio. Como les ocurrió a otros (por ejemplo, Jim Thompson), mientras en Estados Unidos publicaba en pulp, en Francia la crítica le situaba entre los grandes.

¿Por qué este libro se titula Un ciego con una pistola? Pues porque Himes parte de la siguiente anécdota real: un ciego que, en el metro, sospecha que le intentan robar la cartera, saca una pistola y se lía a tiros con todo el tren. A partir de ahí, Himes reflexiona acerca de los movimientos de ese momento (oposición a la guerra de Vietnam, terrorismo en Oriente Próximo, los Panteras Negras, Malcolm X, etc.) y llega a la conclusión de que “toda violencia indiscriminada es como un ciego con una pistola”.

Así que si quieres una novela que hable con crudeza y con sinceridad sobre el racismo, la desigualdad y la injusticia, mientras andas en el ojo de un huracán que no te da un respiro, nada mejor que esta estupenda, caótica y, sin embargo, bella novela. Diálogos lacerantes, ironía, humor negro, historias truculentas, radiografía social: Un ciego con una pistola. Novela negra en estado puro.

Un ciego con una pistola, de Chester Himes, Barcelona, RBA, 285 páginas.





Para abordar el Pequod

8 11 2009

“Llamadme Ismael”, dijo la joven señora Ahab, convenientemente travestida, antes de enrolarse  en aquel barco en cuyo alcázar sabía al hombre que la fascinaba, obsesionado por todo aquello que no fuera ella.








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