Testimonios del caos: Chester Himes

14 11 2009

Proponerte que leas Un ciego con una pistola, del escritor afroamericano Chester Himes, es proponerte un paseo el Harlem neoyorquino durante una semana de un caluroso verano de finales de los sesenta, un lugar y una época convulsos, violentos y caóticos. Por tanto, se trata de un viaje peligroso. Pero en el recorrido vamos bien acompañados, porque seguimos a dos policías negros que tienen patente de corso para recorrer las callejuelas repartiendo leña. Son Grave Digger Jones y Coffin Ed Johnson, esto es, Sepulturero Digger Jones y Ataúd Ed Johnson, dos polis negros que sirven a la policía blanca y que están siempre entre la simpatía hacia los criminales que persiguen y la presión que reciben desde arriba para que sí, investiguen los crímenes, pero silben mirando al techo si la trama lleva a las tramas de corrupción o crimen organizado relacionadas con el poder del hombre blanco. Aquí asistimos a varios crímenes sin relación aparente, que los dos polis tienen que investigar, mientras diferentes grupos de lucha contra la segregación se enfrentan entre sí en duras revueltas en las calles del Harlem. Por supuesto, alcanzan un par de buenas palizas. Aunque estos dos también reparten lo suyo.

Conocedores de un código que sus jefes blancos ignoran, Grave Digger y Coffin Ed miran con una sonrisa amarga la realidad de su gente, intentando, sin conseguirlo, deshacer entuertos con la impotente actitud de quien sabe que los oprimidos yerran constantemente en los mecanismos con los que se oponen al sistema, dada la invulnerabilidad de quienes detentan el verdadero poder, el económico.

En algún momento de la novela, Anderson, el jefe de los dos policías negros, les pregunta si saben quién es el responsable de los recientes disturbios. Ellos, socarronamente le responden que siempre lo han sabido, pero que no pueden hacer nada, ya que está muerto. El responsable, en su opinión, es Abraham Lincoln: “No debió liberarnos si no quería darnos de comer”.  Cuando Anderson insiste en quién es el culpable, quién incita esa “anarquía insensata”, Grave Digger, simplemente, responde: “La piel”.

Esta es la sexta de una serie de diez novelas con Sepulturero y Ataúd (hay otras estupendas, como Algodón en Harlem y Todos muertos) y la última que Himes escribió antes de trasladarse a Alicante (el viaje debía de estar en proyecto, porque hay ya algún guiño a esa región, en el nombre de un comercio), donde falleció en 1984. La edita RBA en su colección de bolsillo, en una traducción realizada por Ana Becciu en 1978 (y que quizá habría que renovar) y con prólogo de Raúl Argemí, que entiende y comenta a Himes como nadie.

La biografía de Himes es tan interesante como sus libros: hijo de una familia de clase media, fue a la universidad pero se desvió por el mal camino y comenzó a meterse en líos. Le cayeron 20 años de cárcel por atraco a mano armada y fue justamente ahí, en prisión, donde comenzó a escribir. Escribió novelas políticas, novelas carcelarias (Por el pasado llorarás) y novelas, como esta, de género negro, donde se le considera uno de los clásicos; pero, sea cual fuere la orientación, el problema de la desigualdad social (racial) está normalmente de por medio. Como les ocurrió a otros (por ejemplo, Jim Thompson), mientras en Estados Unidos publicaba en pulp, en Francia la crítica le situaba entre los grandes.

¿Por qué este libro se titula Un ciego con una pistola? Pues porque Himes parte de la siguiente anécdota real: un ciego que, en el metro, sospecha que le intentan robar la cartera, saca una pistola y se lía a tiros con todo el tren. A partir de ahí, Himes reflexiona acerca de los movimientos de ese momento (oposición a la guerra de Vietnam, terrorismo en Oriente Próximo, los Panteras Negras, Malcolm X, etc.) y llega a la conclusión de que “toda violencia indiscriminada es como un ciego con una pistola”.

Así que si quieres una novela que hable con crudeza y con sinceridad sobre el racismo, la desigualdad y la injusticia, mientras andas en el ojo de un huracán que no te da un respiro, nada mejor que esta estupenda, caótica y, sin embargo, bella novela. Diálogos lacerantes, ironía, humor negro, historias truculentas, radiografía social: Un ciego con una pistola. Novela negra en estado puro.

Un ciego con una pistola, de Chester Himes, Barcelona, RBA, 285 páginas.

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5 responses

15 11 2009
Aryán

Gracias por recomendar esas obras golfas, que al tiempo hacen saltar tantas “trampas”.

22 11 2009
Brida

Tenemos el blog olvidado… ¡Sorprende!

23 11 2009
Capitán Nombrete

Leí “algodón en Harlem” y me pareció un prodigio el tercer capítulo, donde, a mi modo de ver, para hacer que una furgoneta dé un brusco giro y deje caer una bala de algodón comienza el capítulo con un rodeo bastate proceloso – un tipo contando una historia a una mujer, que luego acaba convirtiéndose en un intento de robo, que la mujer descubre, el ladrón hulle y ahí se tropieza con la furgoneta.

28 11 2009
Acuarela

Tiene buena pinta, gracias por la recomendación.

27 01 2012
La mugre bajo la alfombra. Los timadores de Thompson « Ceremonias

[…] con Chester Himes y David Goodis, Thompson es uno de los tres grandes malditos de la novela negra. Nada que ver con […]

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