La piel de Judas (Un cuento no navideño)

23 12 2009

JudasKiss

Por supuesto, tú mismo lo dijiste, no era fácil, pero aun así me pediste que procurara hacerlo. Claro que no me resultaba sencillo, y menos a dos días de Navidad: después de tantos años, de tantos favores, de haber sido precisamente yo quien te colocó donde ahora estás, no era fácil meterme en tu piel, cuando eras precisamente tú quien me incluía en eso que hoy llaman expediente de regulación de empleo y que es, en román paladino, la patada en el culo de toda la vida. Sin embargo, en cuanto salí de tu despacho me hice el firme propósito de intentarlo. Al fin y al cabo, como repetiste una y otra vez, fuiste mi pupilo todos estos años, yo te enseñé todo lo que sabes, yo te convertí en el hombre que eres. Tantas copas, tantas cenas, tantos fines de semana de cacería solos tú y yo, allá arriba, en esos montes cuya sombra se perfila contra el cielo estrellado. Incluso apadriné a tu hija y luché con los de arriba por defenderte cuando corriste el riesgo de pasar por lo que ahora estoy pasando yo. Sí, fuiste capaz de recordarme incluso aquello, cuando salvé tu empleo arriesgando el mío, cosa que no has sido capaz de hacer tú. Lo has edulcorado con la idea de poder gozar de la jubilación teniendo todavía edad para disfrutar de la vida; con las horas que podré dedicar a Lola y a los nietos; con la posibilidad de hacer ese viaje a Egipto con el que ella soñó siempre. Y quizá tuvieras razón. Eso fue lo que pensé: quizá tenga razón y todo esto sea bueno para mí. E, inmediatamente: tengo que intentar ponerme en su pellejo.  Para eso, lo primero era lo primero. Por eso volví atrás y te propuse que cenáramos juntos, para celebrarlo. Mientras recogías tus cosas, te mostraste algo sorprendido, ¿lo recuerdas? Te sorprendiste y me dijiste que ya organizaríamos algo por todo lo alto con el resto de la oficina. Sólo cediste cuando repuse que no, que prefería algo discreto y que eras el único amigo verdadero que me quedaba ya en la empresa.

Un rato más tarde nos dirigíamos en mi coche al restaurante de las afueras que yo había descubierto recientemente, ese al que nunca llegamos, y tú procurabas darme conversación mientras yo recordaba un cuento de Edgar Allan Poe que transcurría en una noche de Carnaval. Navidad, Carnaval, qué más daba. Me decía a mí mismo que nuestra amistad no podía ser una simple mascarada, que debía de haber existido algún momento en el que me apreciaste sinceramente. Aunque ya no importaba, en estos instantes en que la noche se iba cerrando sobre nosotros y las viviendas escaseaban a los lados de la carretera. Poco después fue cuando le ocurrió algo al motor y hube de parar en el arcén, en la carretera que bordeaba un barranco oscuro como conciencia de obispo. Te dije que no sería nada, pero vaya sí lo era, pensé en el momento en que abría el maletero para sacar herramientas y el chaleco reflectante. Cuando volví sin ellos, tú, inclinado ante el capó abierto te extrañaste un poco. Te lo noté en la cara. Te preguntaste por qué volvía sin el maletín de herramientas y sin el chaleco, pero no tuviste tiempo de expresar tu estupor, porque para ese entonces yo ya había hundido en tu garganta el cuchillo de montería. Y ahora estás aquí, en el patio de esta misma casa donde tantos fines de semana pasaron juntas tu familia y la mía, colgado del mismo gancho donde desollamos más de un jabalí, sanguinolento y ridículo como ellos, mientras yo intento vestirme de ti, meterme en tu piel que aún conserva cierta elasticidad, ponerme, de una vez por todas, en tu pellejo.


Acciones

Information

8 responses

24 12 2009
Max

Un relato de Poe. ¡Total!
Salud y suerte.

24 12 2009
Antonio

ufff ¡ qué bueno!

24 12 2009
Lunática

Queridos Reyes Magos:
Este año he sido buena. No he tirado piedras en los blogs ajenos, he cuidado de mis amigos, he respetado todos los pactos establecidos, he leído mucho, mucho, como prometí y además estoy intentando ser “buena persona”, así que si me lo permiten, me gustaría pedir un único regalo.
Además, les doy las gracias por anticipado. Dejaré a los pies de la ventanita del salón (como siempre) los roscos de vino que tanto les gustan y la botellita de cava fresquita para que repongan fuerzas (no me olvido de los camellos, para ellos va su agüita y sus galletas de sirope).
No quiero entretenerles demasiado (son muchas las cartas que tienen que leer). Me despido con un fuerte abrazo de cariño y muchos besos, esperando volver a verles la próxima Navidad.
Lunática.
PD: ¿Podría ser mi regalo escribir como el Alexis Ravelo?

25 12 2009
Brida

El final es increíble.
Una vuelta al relato con ganas

28 12 2009
VALK

¡Muy bueno!. ¡Qué irónico que eres, jeje!. Totalmente de acuerdo con Max, exhala Poe.

28 12 2009
VALK

…….aunque, y no es por quitarte honores, Rafa tiene escritos dignos de Lovecraft (aparte de un gran afecto por el mismo), pero hasta que no paguemos los derechos de autor de los mismos me dá un poquitín de miedo colgarlos en el Blog.

29 12 2009
vicky osuna

Excelente, Alexis, querido. Un abrazo.

26 09 2011
Roxana

Alexis me gusta lo que escribìs, Soy narradora oral en Argentina y te pido permiso para contar La piel de Judas.
Agradezco desde ya tu respuesta y dejo mi huella…
un abrazo.
Roxana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: