Zoologías 4

30 03 2010

Según los clásicos de la ornitología, basta una bandada de tragaluces para que se haga la más completa oscuridad.

Como el lector ya sabrá, el tragaluz común es un ave luminífaga, voraz e implacable. De hecho, algunas sociedades de caza y recolección atribuyen la noche a la voracidad de los tragaluces vespertinos.

Giovanni Colodi, de la Universidad de Siena y Nils Gohrman, de Copenhage, sostuvieron una agria polémica a propósito de este rapaz: cuando el danés incluyó al tragaluz en el grupo de las aves nocturnas, Colodi escribió un polémico (y algo extracientífico) artículo, que finalizaba con la hoy célebre sentencia: “No es el tragaluz el que está en la noche; es la noche la que está en el tragaluz”.

Paradójicamente (o, más bien, lógicamente), dado que nuestra percepción visual depende directamente de aquello de lo cual se alimenta, ningún tragaluz ha sido jamás observado, ni mucho menos fotografiado. Su temperatura media (habitualmente baja) y ciertas supuestas cualidades fisonómicas que le equiparan a lo etéreo les hace refractarios a las modernas técnicas de filmación nocturna. Así pues, la única prueba concluyente de su existencia es un hecho tan cotidiano como innegable: la existencia de la noche. Esto hace que, en los tratados y taxonomías, esta peculiar especie se haya convertido en algo parecido a un rumor, a una vaga sombra que planea sobre nuestro conocimiento de la naturaleza para ponerlo en duda o, incluso, contradecirlo.

Piense en ello esta noche, cuando oscurezca, a esa hora incierta en que el tragaluz alza el vuelo para alimentarse.





Los días de mercurio, en la Biblioteca Insular

21 03 2010
Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2

Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2

Ahora sí: el jueves, a las 20:30, en la Biblioteca Insular de Gran Canaria (plaza Hurtado de Mendoza, 3, o, para decirlo más rápido, plaza de Las Ranas), presentamos en Las Palmas Los días de mercurio (La iniquidad II). Y digo presentamos porque estaré muy bien acompañado. Por un lado, estarán Miguel Ángel Sosa Machín (tiene cuatro libros estupendos; los más recientes son Viaje al centro de la infamia y Los latidos del tiempo, que no deberías perderte) y Antonio Becerra Bolaños (acaba de publicar La sonrisa de Ciprina, un estudio y antología sobre el erotismo en la poesía canaria moderna). Por el otro, estarás, espero, tú.

Como ya sabes, el libro se presentó en febrero en Negra y Criminal de Barcelona y, el pasado viernes, en Agapea, de Santa Cruz de Tenerife. Nunca me he creído del todo eso de que “nadie es profeta en su tierra”, así que pasaremos un buen rato juntos. Por cierto, al llegar, te serviré un vinito para que la reunión resulte más agradable.

Recuerda: jueves 25, a las 20:30, Biblioteca Insular, en plaza de Las Ranas. Presentación de Los días de mercurio (La iniquidad II).





Para celebrar a los poetas

21 03 2010

Es el Día Internacional de la Poesía, y lo que toca es colgar aquí un poema para que lo recuerdes y te recuerdes leyendo poesía. Lo cierto es que la poesía está realmente ahí cada día y quienes la aman lo saben. Así que supongo que está celebración está más bien dirigida a quienes no son tan conscientes de ello.

En cualquier caso, me ha apetecido elegir, entre tantos, a Ángel González y entre tantos poemas suyos, este. Que lo disfrutes:

FIEL

Cuántas veces te has vuelto, en heliotropo

convertida,

a mirar lo que amabas, deslumbrada.

Así te he visto yo desde la sombra:

contempladora fiel, constante,

vencido el dulce gesto, y la mirada

absorta, densa

como un perfume,

y el sigiloso giro de tu rostro

dorándose en los últimos

resplandores de un sol que se alejaba.

De Otoños y otras luces.





Tres Delibes (entre muchos)

20 03 2010

miguel_delibes

Con el fallecimiento de Miguel Delibes, me he percatado de una cosa: ha sido el único autor español de su generación que ha conseguido que las dichosas dos españas se pongan de acuerdo en una cosa: admirarle sinceramente.

Para esta semana, había prometido a Eva Marrero un Delibes (ya sabes que estas recomendaciones que cuelgo en Ceremonias se corresponden con las que hago cada sábado en A vivir Canarias, de Ser-Canarias, el programa que ella dirige y presenta). Me vi obligado a traerle, por lo menos, tres. Porque Miguel Delibes es inabarcable. Son muchísimas obras, con temas y estilos muy variados. Y se podría decir que hay un Delibes distinto en cada libro; su maestría, en mi opinión, consistía en eso: adaptaba perfectamente su estilo a la historia que debía contar. Y eso sólo pueden hacerlo los grandes.

Podríamos hacer un recorrido desde La sombra del ciprés es alargada hasta El hereje, pasando por El camino, La hoja roja, Diario de un cazador, Las ratas, Cinco horas con Mario, El príncipe destronado, o El disputado voto del señor Cayo. Son todos libros inolvidables. Pero, para resumir el asunto, se podría decir que en España hay tres tipos de lectores, a saber: quienes jamás han leído a Delibes, quienes han leído algo pero no se han adentrado más en su bibliografía, y, por último, quienes lo aman y conocen su trabajo en profundidad.

Para los primeros, aquellos que nunca leyeron a Delibes (porque son jóvenes o porque aún no han tenido tiempo), la obra que me parece idónea para empezar es una de las más célebres: Los santos inocentes. Una novela corta, emocionante, formalmente cautivadora, que nos acerca a una familia del ámbito rural extremeño, con su pobreza extrema y el dominio que unos señoritos establecen sobre ellos. Acercarse a la Régula, al Azarías, a Paco el Bajo es acercarse a una historia sencilla pero inolvidable. Quizá el lector viera en su momento la estupenda y premiadísima adaptación al cine de Mario Camus, película muy recomendable. Pero el estilo maravillosamente parco, poético y formalmente revolucionario (sí, he escrito “formalmente revolucionario”) de Delibes en esta novela merece que nos acerquemos a ella, la disfrutemos y la suframos.

Para los que ya leyeron Los santos inocentes o El camino o alguna otra de sus novelas rurales, hay un Delibes que se suele olvidar y que también es estupendo. El Delibes de 377 A, madera de héroe, que nos cuenta la historia de Gervasio García de la Lastra, vástago de familia de rancio abolengo a quien se cree destinado a ser un héroe, como sus antepasados, porque cuando escucha una marcha militar se le erizan los pelos y entra en una especie de trance. Como es lógico, se le encamina desde muy pronto hacia la carrera militar. Claro está, luego llegará la guerra civil y las cosas no resultarán tan sencillas, porque, como el niño ya sospechaba al comienzo de la novela, uno no puede ser héroe sin morirse. Es una novela extensa, muy completa, que comienza con un punto de partida bastante humorístico y nos va llevando, poco a poco, hasta el centro de un drama terrible, la guerra civil española, que Delibes vivió enrolado en la marina del bando nacional.

Y, para quienes ya conocen a Delibes y han disfrutado con sus novelas y con sus libros de artículos, hay una joyita muy poco conocida, que se publicó en 2002: Correspondencia, 1948-1986. Esto es, nada más y nada menos, la correspondencia entre Miguel Delibes y Josep Vergés, el fundador de editorial Destino, que fue, durante toda su vida, su única editorial. La correspondencia se inicia con la publicación de La sombra del ciprés es alargada, como una relación comercial y contractual entre autor y editor. Hay pequeños pleitos, sobre todo por dinero y por porcentajes. Pero, a través de ella, vamos viendo cómo se fraguan una amistad y una lealtad que durarían toda la vida. Además, hay pequeñas anécdotas, como la insistencia de Vergés en que La hoja roja es un mal título y que el libro no se venderá. En fin, es, creo, un libro hermoso que nos retrotrae a la época en que las editoriales eran fruto de una labor personal (y, en muchas ocasiones, apasionada) y no pertenecían a grandes corporaciones. Para los amantes de Delibes: una delicia.

Así pues, para resumir: quienes no hayan leído a Delibes: Los santos inocentes; quienes quieran conocer a un Delibes diferente: 377 A, madera de héroe; quienes deseen profundizar aún más: Correspondencia, 1948-1986 entre Delibes y Vergés. Todos en editorial Destino. Pero todos, sea cual fuere el caso del lector, una estupenda sorpresa.





Presentación en Tenerife de Los días de mercurio

16 03 2010

Si vives en Tenerife (o andas por ahí), nos vemos este viernes, 19 de marzo, a las 19:00, en la librería Agapea, de Santa Cruz  (avenida Tres de mayo, 71), en la presentación de Los días de mercurio (La iniquidad II).

Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2
Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2

El libro, como ya sabes, fue presentado oficialmente en Negra y Criminal, de Barcelona, el pasado 27 de febrero, donde contó como padrino con el escritor argentino Raúl Argemí. Ahora le toca el turno a Santa Cruz, y, en esta ocasión, el maestro de ceremonias será el escritor y gestor cultural Ayoze Suárez.

Los días de mercurio es una historia brutal que transcurre en una anónima ciudad española de provincias a principios de la década de 1950 y trata asuntos como el maquis, la prostitución, la represión ideológica y sexual, la intolerancia y el desencanto.

Un camarero de pasado oscuro decide chantajear al jefe local de Falange, aprovechando la inclinación homosexual de este. Lo que no imagina es lo que esa extorsión provocará en un lugar donde todos sospechan de todos y donde la traición y la venganza están a la orden del día. Una novela dura, rápida e incómoda que homenajea a autores clásicos de la novela negra como James M. Cain y Jim Thompson.

Ya sabes: Santa Cruz de Tenerife, Agapea, viernes 19 de marzo, 19:00 horas.





Para redescubrir a Buzzati

13 03 2010

Acantilado (que tiene buen ojo para estas cosas) ha rescatado un libro estupendo que llevaba más de 25 años sin editarse en España. Te hablo de Las noches difíciles, un libro de relatos de Dino Buzzati. Yo lo había leído en una vieja edición de Argos Vergara y, como estaba descatalogado, me daba mucha pena no poder recomendarlo, sobre todo a los jóvenes, que podrían disfrutarlo mucho.

Las noches difíciles reúne 52 cuentos de Buzzati (y más, porque algunos de sus epígrafes reúnen varios textos todavía más breves) en los que nos enfrentamos a lo mágico y lo inesperado. Te voy a poner un solo ejemplo: el primero de los relatos, cuenta cómo el coco se le aparece a un incrédulo ingeniero. El hombre, molesto, reúne a las autoridades y las presiona para que se organice un pelotón especial de la brigada móvil para matar a este ser nocturno. La brigada lo consigue pero, al hacerlo, lo que mata es una parte importante de los sueños y la ilusión. Es, digamos, una alegoría de cómo el mundo civilizado acaba con ese mundo de la fábula, o de cómo el racionalismo profana el mágico mundo de la infancia.

En general, en Las noches difíciles hallaremos eso: noches complicadas, especiales, en las que personajes que pasean en la madrugada oyen pasos y al volverse no se encuentran a nadie o en las que la angustia proviene de las personas que tenemos cerca. Estas ficciones se mueven, sobre todo, en el terreno de los sueños, donde lo mágico es natural y lo que llamamos “normalidad” es causa de asombro.

En Buzzati, según los críticos, hay tres influencias notables: la de Kafka (esto lo comparte con casi todo el mundo), la del surrealismo  y la del existencialismo francés. A eso añadiría yo su propio tiempo, porque Buzzati nació en 1906 y murió en 1971, fue, desde su adolescencia, periodista en el Corriere della Sera, corresponsal de guerra y se nota en él la preocupación política y social, tanto durante la Guerra Mundial como durante la Guerra Fría.

Buzzati obtuvo un éxito fenomenal y también ingresó en la Historia de la Literatura (la que los académicos escriben con mayúsculas) con una novela grandiosa, titulada El desierto de los tártaros (sobre la cual te debo un comentario), pero antes escribió otras novelas estupendas. La primera, Bárnabo de las Montañas (que Gadir reeditó hace poco en España), es una hermosa y sencilla historia sobre un joven guardabosques, una especie de Lord Jim de alta montaña. Y, sobre todo, escribió libros de relatos: Pánico en la Scala, El colombre, El perro que ha visto a Dios. Siempre sorprendente, siempre extrañado ante la realidad, siempre original, con giros inesperados sobre argumentos aparentemente clásicos y una escritura rápida, que no deja de estar influenciada por el periodismo, que nos incita a seguir leyendo hasta el final.

Curioso es que Buzzati jamás se consideró escritor, sino un periodista que de vez en cuando escribía novelas y relatos. Sin embargo, aún asombra a la crítica por su agudeza y su profundidad. Porque, eso sí, leer y disfrutar a Buzzati es fácil; entender lo que escribe hasta sus últimas consecuencias es otra cosa; como ocurre con todos los grandes, su obra es inagotable.

Como te decía, durante muchos años, en España solamente se reeditaba El desierto de los tártaros. Ahora, Acantilado, Gadir y otras editoriales están rescatando las obras descatalogadas de Buzzati. Es una excelente oportunidad para redescubrirlo o para descubrírselo a los jóvenes. Por ejemplo, con estas noches difíciles. 52 cuentos fantásticos. En todos los sentidos.

Las noches difíciles, de Dino Buzzati, Barcelona, Acantilado, 318 páginas.





Zoologías 3

12 03 2010

Siempre me preocupó el hecho de no recordar mis sueños, porque mi terapeuta me decía  que eso se debía a un exceso de represión por parte del yo consciente. Según él, debía anotar detalladamente, en cuanto despertara, todo lo que consiguiera recordar. Un cuaderno o una grabadora en la mesilla de noche resultarían útiles para ese cometido. Pero, por la mañana, no conseguía recordar absolutamente nada. Eso me llenaba de una angustia indecible.

Pero, hace unos días, precisamente en la sala de espera de este mismo terapeuta, leí un artículo sobre el mosquitonírico. Ahora me siento más tranquilo.

Según el artículo, leído en una revista científica digna de crédito, el mosquitonírico (Chironomus Somni) es un mosquito no hematófago, frecuente en Europa, África y Asia. Revolotea por los dormitorios esperando la fase REM (sospecho que debe de ser muy respetuoso: nunca se acerca en la fase DELTA, ese momento mágico en el que, según los místicos, el microcosmos del humán es bañado por la luz de la conciencia universal). Entonces, se introduce en los sueños del durmiente y hurta algunas imágenes, determinados olores, fragmentos de pesadillas con los cuales se alimenta. Al despertar, el huésped no guarda memoria de la intervención de este particular parásito (me resisto a llamarlo así, más bien lo veo como uno de los miembros de una relación simbiótica), pero tampoco recuerda los fragmentos de sueños de los que ha sido despojado su subconsciente.

En 1994, estudiosos de la Universidad de Siam lograron capturar y estudiar detenidamente a un mosquitonírico. Diseccionado el sujeto, un potente microscopio reveló a los expertos el asombroso contenido de su vientre: bailarinas ciegas, apariciones de Lenin sobre el teclado de un piano, frailes de ocho brazos, hombres con cabeza de gallina que reían estruendosamente, aviones de caramelo, jarras de leche recién ordeñada derramándose sobre hermosos cuerpos adolescentes, rinocerontes con gafas, camisones grises cubriendo los horribles torsos de ministros octogenarios, teatros de la ópera abarrotados de borregos que defecaban en los patios de butacas, armarios que encerraban un mar tras sus puertas e infinidad de genitales de ambos sexos y variadas tonalidades y formas, pero todos hirsutos, desmesuradamente grandes e indefectiblemente amenazantes.

Los psicólogos dirán lo que quieran. Podrán recomendar hasta la saciedad que intentemos recordar nuestros sueños, que tengamos siempre papel y lápiz en la mesilla de noche o una grabadora preparada para intentar recordar esas erupciones nocturnas de la parte más profunda del volcán de nuestra identidad. Yo sé (ahora lo sé) que es un mosquitonírico, y no mi terapeuta, quien me salva de la locura.








A %d blogueros les gusta esto: