Tres Delibes (entre muchos)

20 03 2010

miguel_delibes

Con el fallecimiento de Miguel Delibes, me he percatado de una cosa: ha sido el único autor español de su generación que ha conseguido que las dichosas dos españas se pongan de acuerdo en una cosa: admirarle sinceramente.

Para esta semana, había prometido a Eva Marrero un Delibes (ya sabes que estas recomendaciones que cuelgo en Ceremonias se corresponden con las que hago cada sábado en A vivir Canarias, de Ser-Canarias, el programa que ella dirige y presenta). Me vi obligado a traerle, por lo menos, tres. Porque Miguel Delibes es inabarcable. Son muchísimas obras, con temas y estilos muy variados. Y se podría decir que hay un Delibes distinto en cada libro; su maestría, en mi opinión, consistía en eso: adaptaba perfectamente su estilo a la historia que debía contar. Y eso sólo pueden hacerlo los grandes.

Podríamos hacer un recorrido desde La sombra del ciprés es alargada hasta El hereje, pasando por El camino, La hoja roja, Diario de un cazador, Las ratas, Cinco horas con Mario, El príncipe destronado, o El disputado voto del señor Cayo. Son todos libros inolvidables. Pero, para resumir el asunto, se podría decir que en España hay tres tipos de lectores, a saber: quienes jamás han leído a Delibes, quienes han leído algo pero no se han adentrado más en su bibliografía, y, por último, quienes lo aman y conocen su trabajo en profundidad.

Para los primeros, aquellos que nunca leyeron a Delibes (porque son jóvenes o porque aún no han tenido tiempo), la obra que me parece idónea para empezar es una de las más célebres: Los santos inocentes. Una novela corta, emocionante, formalmente cautivadora, que nos acerca a una familia del ámbito rural extremeño, con su pobreza extrema y el dominio que unos señoritos establecen sobre ellos. Acercarse a la Régula, al Azarías, a Paco el Bajo es acercarse a una historia sencilla pero inolvidable. Quizá el lector viera en su momento la estupenda y premiadísima adaptación al cine de Mario Camus, película muy recomendable. Pero el estilo maravillosamente parco, poético y formalmente revolucionario (sí, he escrito “formalmente revolucionario”) de Delibes en esta novela merece que nos acerquemos a ella, la disfrutemos y la suframos.

Para los que ya leyeron Los santos inocentes o El camino o alguna otra de sus novelas rurales, hay un Delibes que se suele olvidar y que también es estupendo. El Delibes de 377 A, madera de héroe, que nos cuenta la historia de Gervasio García de la Lastra, vástago de familia de rancio abolengo a quien se cree destinado a ser un héroe, como sus antepasados, porque cuando escucha una marcha militar se le erizan los pelos y entra en una especie de trance. Como es lógico, se le encamina desde muy pronto hacia la carrera militar. Claro está, luego llegará la guerra civil y las cosas no resultarán tan sencillas, porque, como el niño ya sospechaba al comienzo de la novela, uno no puede ser héroe sin morirse. Es una novela extensa, muy completa, que comienza con un punto de partida bastante humorístico y nos va llevando, poco a poco, hasta el centro de un drama terrible, la guerra civil española, que Delibes vivió enrolado en la marina del bando nacional.

Y, para quienes ya conocen a Delibes y han disfrutado con sus novelas y con sus libros de artículos, hay una joyita muy poco conocida, que se publicó en 2002: Correspondencia, 1948-1986. Esto es, nada más y nada menos, la correspondencia entre Miguel Delibes y Josep Vergés, el fundador de editorial Destino, que fue, durante toda su vida, su única editorial. La correspondencia se inicia con la publicación de La sombra del ciprés es alargada, como una relación comercial y contractual entre autor y editor. Hay pequeños pleitos, sobre todo por dinero y por porcentajes. Pero, a través de ella, vamos viendo cómo se fraguan una amistad y una lealtad que durarían toda la vida. Además, hay pequeñas anécdotas, como la insistencia de Vergés en que La hoja roja es un mal título y que el libro no se venderá. En fin, es, creo, un libro hermoso que nos retrotrae a la época en que las editoriales eran fruto de una labor personal (y, en muchas ocasiones, apasionada) y no pertenecían a grandes corporaciones. Para los amantes de Delibes: una delicia.

Así pues, para resumir: quienes no hayan leído a Delibes: Los santos inocentes; quienes quieran conocer a un Delibes diferente: 377 A, madera de héroe; quienes deseen profundizar aún más: Correspondencia, 1948-1986 entre Delibes y Vergés. Todos en editorial Destino. Pero todos, sea cual fuere el caso del lector, una estupenda sorpresa.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: