Los días de mercurio, en la Biblioteca Insular

21 03 2010
Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2

Alexis Ravelo: Los días de mercurio (La iniquidad II), Anroart Ediciones, 185 páginas. ISBN: 978-84-92628-61-2

Ahora sí: el jueves, a las 20:30, en la Biblioteca Insular de Gran Canaria (plaza Hurtado de Mendoza, 3, o, para decirlo más rápido, plaza de Las Ranas), presentamos en Las Palmas Los días de mercurio (La iniquidad II). Y digo presentamos porque estaré muy bien acompañado. Por un lado, estarán Miguel Ángel Sosa Machín (tiene cuatro libros estupendos; los más recientes son Viaje al centro de la infamia y Los latidos del tiempo, que no deberías perderte) y Antonio Becerra Bolaños (acaba de publicar La sonrisa de Ciprina, un estudio y antología sobre el erotismo en la poesía canaria moderna). Por el otro, estarás, espero, tú.

Como ya sabes, el libro se presentó en febrero en Negra y Criminal de Barcelona y, el pasado viernes, en Agapea, de Santa Cruz de Tenerife. Nunca me he creído del todo eso de que “nadie es profeta en su tierra”, así que pasaremos un buen rato juntos. Por cierto, al llegar, te serviré un vinito para que la reunión resulte más agradable.

Recuerda: jueves 25, a las 20:30, Biblioteca Insular, en plaza de Las Ranas. Presentación de Los días de mercurio (La iniquidad II).

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Para celebrar a los poetas

21 03 2010

Es el Día Internacional de la Poesía, y lo que toca es colgar aquí un poema para que lo recuerdes y te recuerdes leyendo poesía. Lo cierto es que la poesía está realmente ahí cada día y quienes la aman lo saben. Así que supongo que está celebración está más bien dirigida a quienes no son tan conscientes de ello.

En cualquier caso, me ha apetecido elegir, entre tantos, a Ángel González y entre tantos poemas suyos, este. Que lo disfrutes:

FIEL

Cuántas veces te has vuelto, en heliotropo

convertida,

a mirar lo que amabas, deslumbrada.

Así te he visto yo desde la sombra:

contempladora fiel, constante,

vencido el dulce gesto, y la mirada

absorta, densa

como un perfume,

y el sigiloso giro de tu rostro

dorándose en los últimos

resplandores de un sol que se alejaba.

De Otoños y otras luces.








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