Calenturas de los modernos

11 05 2010

Hoy ando caliente. No es que vaya necesitado, sino que voy a hacer algo que me fastidia bastante: recomendar un libro de un amigo. Sí, me fastidia, qué le vamos a hacer.

Aquí, en Canarias (supongo que ocurre lo mismo en todos lados) hay mucha costumbre de que los autores nos rasquemos la espalda con reciprocidad irritantemente minuciosa, como los burritos: yo te rasco a ti y tú me rascas a mí, sean los libros buenos o no. Y así no hay manera de saber si el libro que nos recomiendan es realmente recomendable o si nos lo están recomendando por hacer o por devolver un favor. Yo no juego a ese juego (mis amigos y mis posibles enemigos lo saben bien); no regalo los elogios y normalmente no recomiendo en público libros de mis amigos a no ser que realmente lo merezcan. Y este de hoy lo merece porque es, en mi opinión, no solo un libro necesario sino un libro muy útil que nos acerca de forma amena a unos autores que pertenecen a nuestra tradición cultural y que el gran público no conoce.

Y hecho este aviso para navegantes, el título del libro: La sonrisa de Ciprina, una antología que firma Antonio Becerra Bolaños. Noventa paginitas que nos traen a 18 autores con nombre, más un par anónimos, que escribieron en Canarias entre los siglos XVIII y XIX. Tú me dirás, con toda la ironía que seas capaz de reunir: “Vaya, otra antología… Qué divertido…” Pues sí que lo es, porque Ciprina es el nombre castellanizado de la diosa Afrodita, diosa del amor, la lujuria y la belleza, entre otras cosas, y los poemas reunidos en el libro son todos de temática erótica. Son poemas de María Joaquina de Viera y Clavijo (la hermana de José de Viera y Clavijo), Graciliano Afonso, Mercedes Letona de Corral, Agustina González y Romero, más conocida como La Perejila o Roque Morera, por citar a los más conocidos.

A mí, de esta antología, me llaman la atención varias cosas. Primero, la presencia de mujeres, que habían sido bastante olvidadas en los estudios sobre la literatura canaria de esa época. Segundo, un hecho que es casi un clásico: la abundancia de canónigos y eclesiásticos de toda índole, que son quienes, a mi entender, tienen los versos más subiditos de tono en el libro. Por último, el espíritu festivo y carnavalesco que preside la mayor parte de los textos. En ellos encontrarás formas muy creativas y divertidas de describir el encuentro amoroso o los rituales de galanteo. Como estamos en un blog que a veces visita gente menuda no puedo hacer ninguna cita directa, pero te lo aseguro: en muchos momentos de este libro te sonrojarás, te sorprenderás y soltarás más de una carcajada, porque algunos versos son realmente ingeniosos.

Antonio Becerra, para quien no lo sepa, es filólogo y escritor. Ha publicado algún notable libro de poemas pero se ha hecho más conocido por sus estudios sobre este periodo de la literatura canaria. Hace años ya editó Las bragas de San Grifón, un poema erótico-festivo del Abate Casti traducido por Graciliano Afonso. Fue precisamente la obra de Afonso, el autor más influyente de su época, el tema de su tesis doctoral. Y fue, al parecer, mientras estudiaba sus manuscritos en el Museo Canario, cuando Becerra se fue encontrando poemas y más poemas de diferentes escritores que abordaban la temática del ayuntamiento carnal y se le ocurrió la idea de hacer un estudio sobre el asunto.

Esta antología es, en mi opinión, un pequeño divertimento, un libro para disfrutarlo el fin de semana, a solas o con buena compañía. Pero existe en ella una ganancia secundaria: la de descubrir a algunos autores que forman parte de una tradición que va desde Cairasco de Figueroa hasta nuestros poetas actuales y que por olvido, por ignorancia o, simplemente, porque nadie se preocupó de hablarnos de ellos, son unos completos desconocidos para nosotros. Alguna vez en los últimos tiempos, he escuchado a algún crítico desinformado decir sobre alguna poeta reciente que es la primera que ha abordado la temática del erotismo en Canarias. Eso es una muestra de la utilidad de La sonrisa de Ciprina. No hay más que abrir esta antología para comprobar lo poco que sabemos de lo que escribían nuestras abuelas.

Así que aquí hay poesía, diversión y mucha erudición. Pero el conocimiento viene después. Ya, simplemente, por la poesía, vale la pena.

Ahí queda el envite: La sonrisa de Ciprina. El erotismo en la poesía moderna canaria. Antonio Becerra Bolaños. Anroart Ediciones, 90 páginas. Para leer en compañía o con una sola mano.


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4 responses

12 05 2010
Capitan Nombrete

Poco se promociona a nuestros autores. Hay que hacerlo más.

14 05 2010
José Ramón Navas

Felicidades Alexis. Gran artículo y muy instructivo. Sólo falta que me digas dónde puedo comprarlo, puesto que me encanta leer ensayos de literatura antigua, sea o no canaria. En cuanto al aspecto de “rascarnos las espaldas” estoy totalmente de acuerdo contigo. Se pierde objetividad y eso no es bueno para nadie. Un abrazo.

15 05 2010
VALK

Entiendo tu fastidio. Por eso soy tu amiga, y tal que así lo entienden los Amigos. Me alegro muchísimo por la carrera del Dr. Becerra, y gracias por escribir sobre el mismo. Siempre es limpio, digno y leal, dar a conocer a los Amigos. Francamente, hermosa entrada; transmite que el cariño entre amigos, está más allá de elogiar sus virtudes, está donde habita el respeto hacia el trabajo del mismo. Eso inspira este post.
PD: Como bajo muy poquito a Las Palmas (me cambia el carácter nada más entrar en la ciudad), y como este Blog lo lee una gran parte de la población terorense, ¿sabe alguien en qué librería de aquí arriba puedo conseguirlo?. Gracias.

15 05 2010
VALK

Por cierto, y hablando de elogios, fuiste precisamente tú, el que dijo el elogio más bello que me han dedicado, (y fue el mismo parteniere, quien me lo recordó hace unos meses en una pequeña batalla verbal pactada, por haber roto un pacto, y por razones que ahora no vienen al cuento)………….
Bueno, el elogio, estimados lectores de este Blog, que el Caballero Alexis (¡me encanta el medievo a pesar de los malos olores que emanan de sus calles!), decía, que el Caballero, Sir Alexis, cuando fui a presentarle a mi futuro (actual, aún y afortunadamente, por y para toda la vida) marido, elogió mi ego, diciéndole a mi pareja, (que causalmente, y sin yo saberlo hasta ese momento, se conocían, incluso, de antes de conocernos entre nosotros; ¡un pañuelo!), en fin, diciéndole, mientras me miraba fíjamente a los ojos, como sólo un Amigo lo hace: ¡Es Toda Una Mujer!. ¡Te llevas a Toda Una Mujer!. ¡¿Ves?!, ¡eso me eleva el ego, de una forma linda, estimulante y sin una carga negativa de vanidad!.
Bueno, recordé ese momento cuando leí que no regalabas elogios.
Gracias.

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