Euforias

12 07 2010

No es fácil convertirse en un hombre digno. Pero aún más difícil es continuar siéndolo. Siempre se consideró una persona razonable y cabal. Civilizada. Poco a poco, gracias a años de lecturas y de intercambio de ideas con personas inteligentes e informadas, había logrado dejar atrás su educación machista y patriarcal, convirtiéndose en un individuo tolerante, amigo del diálogo y amante de la justicia y la igualdad. Humanista convencido, detestaba las banderas, los uniformes, los nacionalismos, la violencia, la xenofobia, el conservadurismo, las reacciones manejadas por el mercantilismo deshumanizado. Pero aquel domingo, dos semanas después de haber cumplido los cuarenta y tres años, se dejó llevar por medios de comunicación, amigos y familiares, incluida su mujer, aficionada al fútbol, y se sentó ante el televisor, acompañado de sus íntimos y armado con cervezas y paquetes de papas fritas, para ver el partido de la final. Jugada a jugada, falta a falta, tarjeta amarilla a tarjeta amarilla, se fue contagiando de toda aquella euforia futbolística que acompañaba a la selección nacional en esa jornada histórica. Aquel domingo no había crisis, no había diferencias políticas, no había interpretaciones de la realidad social o geopolítica. Había simplemente, un sentimiento único (él jamás lo hubiera llamado “pensamiento”) hermanando a todos en una ola exultante que llegó a su punto álgido cuando el equipo de su país (ahora, de repente, se había convertido en ciudadano de aquel país del cual, racionalmente, se sentía únicamente súbdito) marcó el gol de la victoria.  Cuando, afónicos y ebrios, su mujer y él se retiraron a casa, sentía en su interior que algo había cambiado, pero no sabía de qué se trataba exactamente. Era como si hubiera crecido físicamente, como si fuera más alto, más ancho, más pesado. Tardaron en dormirse, comentando en la cama los momentos principales del encuentro, elogiando la deportividad de los jugadores, discutiendo la oportunidad perdida de algún delantero, la ambigüedad de alguna de las sanciones arbitrales.

Se despertó a las ocho de la mañana de un lunes en el que los informativos no hablaban de otra cosa que del triunfo. Su mujer, como acostumbraba, ya se había ido al trabajo. Él disponía de algunas horas más. Sin embargo, no volvió a dormirse. Se quedó en la cama sintiéndose grande y pesado (más grande y pesado aun que la noche anterior) y, sintiendo picor en el pecho, se llevó la mano allí para rascárselo. Entonces fue cuando vio que su mano ya no era su mano, sino una zarpa. Incluso en la semipenumbra del dormitorio, velado por la persiana, vio aquel miembro descomunal e hirsuto, con grandes y negrísimas uñas. De un salto, se levantó y observó en el espejo de la alcoba su cara en la que los rasgos originales se habían deformado hasta componer aquella terrible máscara de ojos sanguinolentos y labios groseros enmarcando unos temibles dientes amarillos. Percibió, al mismo tiempo, un hedor nauseabundo que emanaba (reconoció con terror) de su propio cuerpo. Se quedó allí parado unos momentos más, observando fijamente a esa bestia abominable que era él mismo. Finalmente, comprendió, tantos años de esfuerzo no habían servido de nada; había bastado con dejarse arrastrar una sola vez para que todo se fuera al garete. Había ocurrido y se trataba, probablemente, de algo irremediable: se había convertido en un ogro. Renunció a decir algo en voz alta para comprobar si podría reconocer su propia voz. Simplemente, eructó.





El Laboratorio Creativo de Anroart

12 07 2010

El pasado 8 de julio finalizó la primera edición del Taller de Literatura Anroart (TLA para los amigos). Hasta esa fecha y desde el pasado mes de octubre, una veintena larga de personas de ambos sexos y de todas las edades, se reunieron semanalmente durante dos horas (y trabajaron de forma individual muchas horas más) en este taller teórico-práctico de introducción a la narrativa.

Algunos de ellos son escritores en germen o autores clandestinos; otros ya han hecho sus primeras incursiones en el mundo literario, mediante volúmenes colectivos o premios de diversa índole. Pero a todos les une la misma curiosidad, el mismo afán formativo, la misma inquietud: la de crear mundos de ficción que se parezcan sospechosamente a este que transitamos juntos día a día.

Al hilo de mis peroratas interminables (y de algunas charlas interesantes, realizadas por profesionales de valía en sus respectivos campos) reflexionaron sobre algunos de los aspectos esenciales de la narrativa analizando textos eminentes, extrayendo las técnicas que les confieren singularidad y aplicándolas a sus propios trabajos.

El proyecto del TLA surgió el año pasado por estas fechas, de una conversación entre Jorge Alberto Liria, director de Anroart Ediciones y de quien esto escribe, en la que hablamos de dos necesidades importantes y complementarias:  la de proporcionar a los nuevos autores técnicas útiles para aumentar la calidad de sus originales y la de establecer un taller estable que permitiera profundizar en la materia que yo trato habitualmente en los talleres que imparto en otros foros.

El resultado de esa conversación fue un taller de ocho meses de duración, concebido como un curso de introducción a la escritura narrativa, siempre asumiendo una perspectiva no académica. Ese mismo taller que acaba ahora y en el cual se han tocado temas esenciales a partir de obras de importancia capital, desde el Poema de Gilgamesh a Veinticuatro horas en la vida de una mujer, pasando por El extranjero, Ficciones o La espuma de los días. Los aspectos estructurales del cuento y la novela (puntos de vista, desarrollo de conflictos, diseño de personajes, tratamiento del tiempo y del espacio, composición) se han combinado con algunos recursos que es imprescindible dominar (el diálogo, el monólogo, la organización argumental) y con diversas técnicas útiles (la prolepsis y la analepsis, la muñeca rusa y el cuento-receta, el Logo Rallye y el binomio fantástico), además de reflexionar sobre las especificidades técnicas de diversos subgéneros muy populares en la actualidad, como la novela negra o la novela histórica y todo ello complementado, además, por los seminarios ofrecidos por Sergio Hernández, Aitor Guezuraga, Ángeles Jurado, Nayra Pérez, Santiago Gil y Jorge Alberto Liria, sobre orto-tipografía, escritura cinematográfica, escritura en blog, poesía hispánica, periodismo literario y edición.

Ahora, al finalizar esta primera edición del TLA (esta experiencia piloto que no era más que el primer paso de un viaje que esperemos sea largo), hemos decidido no sólo que se trataba de algo útil, sino que además vale la pena continuar y ampliar la oferta. Por eso estamos trabajando en una programación más amplia y en un proyecto de más largo recorrido, que tenga como espina dorsal el TLA, pero englobe algunas otras materias: el Laboratorio Creativo Anroart. En breve inauguraremos un sitio web desde el cual informaremos de la programación de la próxima temporada y de las actividades previstas para el verano. Pero puedo adelantarte ya que la matrícula para la edición 2010-2011 del TLA se abrirá en la primera semana de septiembre.

Ha sido un curso de pequeñas satisfacciones semanales, de grandes sorpresas y de mucho aprendizaje, tanto para los participantes en el taller como para quien lo impartió. Sí, porque lo más importante de esta actividad ha sido, precisamente, la participación, el esfuerzo y la dedicación de quienes han hecho posible que este Laboratorio Creativo de Anroart (que aún no se llamaba así pero ya era lo que será) comenzara con tan buen pie. Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento a todas y cada una de esas personas (incluidas las cinco que por motivos laborales o personales no pudieron finalizar la temporada). A quienes sí pudieron, aprovecho para decirles que nos veremos, espero, muy pronto, en el taller avanzado que comenzará en octubre, para continuar diciendo asombro donde los demás dicen solamente costumbre (conseguí llegar al final de esta entrada sin citar a Cortázar, pero ya saben que es difícil no citar a Borges).








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