Aritmética imprecisa

9 09 2010

Uno puede levantarse. O continuar sentado, si quiere, pero puede levantarse y salir a la calle, después, eso sí, de ponerse los zapatos: uno nunca debe olvidar ponerse los zapatos, si es que se pretende pisar las aceras, tan sucias de polvo y humanidad. Una vez allí, uno puede recorrer el barrio, reencontrando vecinos, reconociendo rostros. Uno puede jugar con un gato que le observa a uno con imperturbabilidad de místico, o tomar café en el bar de enfrente, en una de esas tazas que son un abismo. También puede uno comprar uno de esos panes blancos que huelen a hogar y a Tiscamanita y compartirlo con el hombre que hurga diariamente en los contenedores. Y no solo eso: uno puede compartir algo más que el pan con ese hombre, porque a veces la palabra reconforta más que el pan. Así, si uno charla con ese hombre a quien otros temen o desprecian, es posible que uno aprenda algo y reconozca en él a un hermano que tuvo peor suerte en el reparto de la herencia. En realidad, uno sabe tan poco de la vida, de lo que hace que sea ese otro hombre, y no uno, quien rebusca en el contenedor.

Averiguado esto, quizá uno vaya por la vida de otra manera; puede que vea las cosas de otro modo en ese paseo en el que, quién sabe, acaso los perritos le saluden y las ancianas conversen con él mientras el sol se abre paso a codazos por entre las nubes para regalarle a uno un día de junio en pleno septiembre.

Por supuesto, también puede uno optar por quedarse en casa, por no ponerse los zapatos, por no levantarse del sofá. Hay tantos programas interesantes en la tele, tantos libros por leer, tantas siestas que echar.

Pero es justo que uno sepa lo que se pierde si se queda sentado; es justo que sepa que cuando uno se queda sentado, uno es solo uno y que, cuando uno se pone en pie, uno ya no es solo uno; que cuando sale a la calle, uno es más.

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Fíate de mi palabra

9 09 2010

Quizá, si eres de los habituales, te lo habrás preguntado durante este mes y medio: “¿Qué habrá sido de Ceremonias?”, “¿Estará Ravelo de vacaciones?”, “¿Se habrá aburrido?”, “¿Se habrá secado?”.

Pues no. No ha ocurrido ninguna de estas cosas. Simplemente, he estado aprovechando el verano para trabajar a destajo y preparar una nueva temporada. Para empezar, terminé una novela que, muy probablemente, se titule Los tipos duros no leen poesía. Es un hard boiled con Eladio Monroy de por medio (espero que guste a los aficionados a ese individuo desagradable y cínico).

También me dediqué a trabajar a fondo en un proyecto que comenzó el curso pasado con muy buen pie. Como sabrás, la pasada temporada tuvo lugar el Taller de Literatura Anroart, que tuvo buenos resultados. Ahora el proyecto ha crecido y se llama Laboratorio Creativo de Anroart. No consiste ya simplemente en un taller de escritura, sino que, por lo pronto, albergará también un taller de ilustración y diseño gráfico, impartido por Fernando Martínez ‘Montecruz’ y estamos proyectando más talleres (impartidos por otros profesionales), dedicados a otras disciplinas de más breves pero no menos interés. En cualquier caso, el Laboratorio cuenta ya con muchos colaboradores, si sumamos a quienes imparten seminarios en el Taller Básico y quienes comenzarán a hacerlo en el Taller Avanzado, que arranca este año para quienes han completado ya aquel primer nivel. Como no dispongo de justificante de mi madre tendrás que creer en mi palabra, aunque dispongo, como prueba, del siguiente sitio, que, aunque aún se encuentra en obras, puedes visitar ya: http://laboratoriocrativoanroart.wordpress.com (como es largo, será mejor que lo visites y lo añadas a favoritos). Si estas actividades son de tu interés, te informo de que la matrícula para los dos talleres estables (Narrativa e Ilustración y diseño) se abre el lunes y las plazas son limitadas.

Con respecto a la novela, lo siento: tendrás que esperar, al menos, hasta noviembre.

Por lo demás, vuelvo a la carga. Continuaré dándote la lata aquí, en papel y en vivo, porque la temporada viene cargadita de proyectos. Algunos son nuevos, otros, como Factoría de Ficciones o el Memorial Campos-Herrero, que organizamos cada año los guerrilleros de Matasombras, ya son citas  acostumbradas.  Ya sabes que soy de los que no se privan del derecho a ejercer la palabra. ¿Y tú?








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