Zoologías, 5

27 11 2010

Solo las mariposas son mariposas y solo los entomólogos son entomólogos.

La función de una mariposa es volar ligera por los jardines luciendo dibujos de colores imposibles, errar por el aire sin más objetivo que embellecer el mundo y ser cómplice de la Naturaleza en la reproducción de la vida, escribiendo etéreos poemas en el mágico libro del Universo.

Los entomólogos no vuelan. Se limitan a observar a las mariposas, a analizar su comportamiento, a clasificarlas y a llorar de felicidad cuando descubren un raro ejemplar.

Jamás mariposa alguna quiso ser entomóloga. Sin embargo, una vez un entomólogo cayó en la tentación de intentar convertirse en mariposa. Con no poco esfuerzo, llegó a transformarse, pero la metamorfosis nunca llegó a ser completa y se quedó en capullo; ya no pudo continuar trabajando como entomólogo y, sin embargo, rabiaba de envidia al constatar que jamás volaría. Mientras, las mariposas continuaban paseando entre las flores, ajenas a su propia condición de milagro poético.

Ya se sabe: las mariposas vuelan y los capullos deben contentarse con ejercer la crítica literaria.

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Un taller de guión con Aitor Guezuraga

27 11 2010

El Laboratorio Creativo Anroart sigue adelante. Ahora, cuando está a punto de finalizar el Taller de Poesía que imparte Antonio Becerra Bolaños, se abre la matrícula para el siguiente, un Taller de Guión Cinematográfico a cargo nada más y nada menos que de Aitor Guezuraga.

Conocí a Aitor hace años, cuando él ejercía el periodismo y yo estaba a punto de publicar mi primera novela. Después, la vida nos ha unido en varias ocasiones, sobre todo cuando trabajamos juntos en un programa infantil gracias al cual pude aprender mucho de este sujeto melenudo, inteligentísimo y cínico.

Si quieres aprender también tú algo de él, no tardes en solicitar plaza, ya que solamente hay cinco disponibles.

Por el momento, mientras te decides, te dejo con una pequeña muestra del trabajo de Aitor como guionista, con premio y todo: Perro rojo.

Un fotograma de Perro rojo





Fred Vargas contra el frío

26 11 2010

Va a hacer frío, sobre todo si estás en tierra firme (los que vivimos en estas siete balsas de piedra no sabemos nunca lo que va a hacer). Por eso, será mejor que te quedes este fin de semana en casa, con la mantita, y con buenos alimentos a mano. Yo te propondría mi menú literario favorito: sexo y violencia, literatura de alto voltaje que viene de Francia. A veces, los lectores olvidamos que fue por Francia por donde nos llegaron los grandes autores norteamericanos del género y que en Francia fue también donde surgieron las primeras voces interesantes en Europa, como Boris Vian o Jean Patrick-Manchette. En esta tradición de grandes autores criminales se inserta perfectamente este título que te traigo hoy: Sin hogar ni lugar, firmado por Fred Vargas.

Al principio de esta novela criminal nos encontramos con Clement, un acordeonista callejero de poca inteligencia y nulas habilidades sociales, que vaga por París presa del pánico, porque la Policía lo anda buscando como sospechoso de los asesinatos de varias mujeres. Clement irá a refugiarse en brazos de una anciana, Berthe Gardel, una antigua prostituta que le cuidaba cuando era niño. Y Berthe va a solicitar la ayuda de unos personajes habituales en los libros de Fred Vargas: Louis Kehlweiler, por mal “el Alemán”, un policía retirado que vive con su sapo Bufo (quien le acompaña habitualmente en sus pesquisas, dormitando en su bolsillo o en la guantera de su coche) y Marc, Lucien y Mathias, los “tres evangelistas”, tres historiadores que viven juntos en un “caserón cochambroso”. Allí, en ese caserón, van a esconder y a custodiar a Clement mientras investigan si el acordeonista es culpable de los crímenes, o si alguien, aprovechándose de sus pocas luces, le ha tendido una trampa para tomarlo como cabeza de turco. La investigación va a resultar complicada, porque el Alemán tendrá que buscar a sus antiguos contactos de la Policía al mismo tiempo que todos los del grupo se convierten en encubridores de quien podría ser, en efecto, un asesino en serie.

En Sin hogar ni lugar hay una novela rápida, con un argumento complejo, lleno de giros y sorpresas casi a cada página, pero que seguimos perfectamente gracias a la habilidad de la autora para sumergirnos en este submundo parisino en el que prostitutas, expolicías e historiadores desarrollan extraños vínculos de solidaridad. Es la tercera entrega de una serie protagonizada por Marc, Lucien y Mathias, los “tres evangelistas”, que ocupan el caserón cochambroso de forma cronológica con respecto a sus áreas de estudio. El paleoarqueólogo ocupa la primera planta; el medievalista, la segunda y el que estudia el Siglo XX, la tercera. Pero, como los tres mosqueteros, los tres evangelistas en realidad son cuatro, pues en el ático vive el tío de Marc, Vandoosler el Viejo, un expolicía retirado que les cuida y les cocina.

Foto tomada de Wikipedia (qué haríamos sin ella)

Fred Vargas es el seudónimo que utiliza habitualmente la arqueozoóloga y medievalista Frédérique Audoin-Rouzeau. Ha publicado varios ensayos y estudios científicos sobre la Edad Media, pero ha cosechado un enorme éxito de crítica y público con su más de una docena (me niego a decir trece) de novelas negras, en series protagonizadas por diversos detectives. Esto de que escritores, digamos, “serios” utilicen un seudónimo cuando escriben novela negra no es nada nuevo. De hecho, era muy habitual. Por ejemplo, Cornel Woolrich firmaba como William Irish y el poeta Cecil Day-Lewis (el padre del actor Daniel Day-Lewis) usó el nombre de Nicholas Blake para las 20 novelas policíacas que escribió y que, seguramente, le alimentaron bastante más que la poesía. Pero, ¿de dónde viene lo de Vargas? Pues, al parecer, de María Vargas,  el personaje de Ava Gardner en La condesa descalza. De hecho, Frédérique tiene una hermana gemela, que es pintora, y firma con el nombre de Jo Vargas. Hay que ver lo rarita que es esta gente.

Pero, al margen de anécdotas, si te apetece algo de intriga, acción, cinismo, humor y solidaridad entre marginados, todo escrito con agilidad y con unos diálogos perfectos: Sin hogar ni lugar, de Fred Vargas, en Punto de Lectura, 299 páginas para encerrarte en casa huyendo del frío y no salir hasta que las hayas devorado o el tiempo mejore.





Los espectros, una joyita

26 11 2010

Te traigo una joyita que estaba muy olvidada. Y, como otras que he comentado aquí, la publica Acantilado, que en los últimos años se ha dedicado a rescatar textos del austríaco Stefan Zweig, el yugoslavo Danilo Kis o el grancanario Domingo Rivero, escritores infaltables en cualquier buena biblioteca y que se habían ido quedando descatalogados. Esta vez nos vamos a Rusia con una novela corta de Leonid Andréyev y que lleva por título Los espectros. Que nadie se asuste: no va de fantasmas. Por lo menos, no va sobre fantasmas sobrenaturales sino sobre otros, más verosímiles: los fantasmas del pasado, que atormentan las noches de un grupo de personas que viven en un frenopático. La historia arranca cuando Yégor Pomerántsev, un funcionario, es declarado enajenado mental y es internado en una clínica psiquiátrica privada, un sitio tranquilo en el campo más parecido a un balneario. Allí vamos a encontrar, siguiendo a Pomerántsev, a otros personajes, como Sasha Petrov, un joven que sufre de manía persecutoria; Maria Astafiévna, la enfermera enamorada en secreto del director de la clínica; o este mismo, el doctor Sheviriov, quien, tras hacer un trabajo impecable durante el día, pasa las noches bebiendo en un cabaret.

Con un lenguaje muy sencillo, con una prosa leve y con imágenes muy poderosas, Andréyev nos hace convivir con estos personajes y tomarles cariño, sobre todo a Pomerántsev. En sus locuras, el viejo funcionario es lo más parecido a un niño juguetón, que atrae el afecto de todos los habitantes de la clínica y que exhibe incansablemente su capacidad para encontrar belleza en todo. Por ejemplo, cuando, hacia el final del invierno, se le propone entretenerse en romper el hielo del estanque, se muestra muy contento, porque, según dice, “romper el hielo es ayudar a la primavera”. Los delirios de Pomerántsev son muy hermosos. Dice que, por las noches, viene a buscarlo San Nicolás y que lo lleva volando con él a los hospitales para curar a los niños enfermos.

Te decía que todos estos personajes viven marcados por los fantasmas; pero no se nos explica cuáles son. Ahí está, en mi opinión, la magia de este relato, donde no es tan importante lo que se cuenta como lo que no se cuenta.

La obra de Leonid Andréyev, formada por cuentos, novelas cortas y obras teatrales, oscila entre el realismo y el simbolismo impresionista. En ella se mezclan fantasía y realidad, crueldad y ternura, humor y dramatismo, de forma tan entreverada que es imposible separarlos. Quizá esa fue la fórmula mágica que le convirtió en uno de los autores más célebres de su tiempo, con novelas cortas como Los siete ahorcados, Risa roja o El diario de Satanás.

Andréyev nació en 1871 y estudió Derecho, pero a raíz de la temprana muerte de su padre comenzó a sumirse en los abismos de la pobreza. Sin embargo, en 1900, comienza a publicar en la prensa y se convierte, apadrinado nada menos que por Máximo Gorki, en un autor de éxito. Su primera colección de relatos, aparecida en 1901, vendió, solamente en ese año, 250 000 ejemplares. Ya quisiera más de uno hoy día, ¿verdad?

Como otros escritores de su generación, apoyó decididamente la Revolución Rusa, pero luego, desencantado por el bolchevismo, se autoexilió en Finlandia. Allí, en un pueblecito, moriría en 1919, en la más absoluta miseria, hasta el punto de que para enterrarlo se hizo una colecta entre los vecinos.

Así pues, te propongo este libro emocionante, poético y profundo, que se lee, sin embargo, con facilidad y rapidez, perfecto para hacer una primer cata en la obra de un autor inolvidable: Los espectros, de Leonid Andréyev, en Acantilado, 70 páginas para leer rápido y pensar despacio.





La realidad y sus excepciones

15 11 2010

Esta semana te traigo un libro contra el correctismo, contra el aburrimiento y, sobre todo, contra la mala literatura: El discurso del cuerdo, de Luis Arencibia, con prólogo, nada más y nada menos, que de Luis Alberto de Cuenca. No sé si era Alfred Jarry quien decía que sabemos menos de la realidad por sus reglas que por sus excepciones. En eso, creo, está la raíz de toda la literatura del absurdo, en una línea que parece nacer con el propio Jarry (aunque ahí estaba ya Rabelais, por ejemplo) y que prosigue con Ionesco, Samuel Beckett, Raymond Queneau o Juan José Arreola. Y en esta línea podría insertarse perfectamente este libro de relatos breves (muy breves) de Luis Arencibia. Son 26 cuentos salvajes por los que pululan funcionarios que mantienen relaciones carnales con máquinas de escribir, beatos de dos cabezas, mujeres que intentan dar calor a sus caniches metiéndolos en el microondas y  autoridades municipales que convocan concursos de ataúdes. Esto por citar las historias menos truculentas. Estos argumentos contrastan con la prosa elegante, culta y  eficiente mediante la cual están desarrollados. El resultado es un libro ágil e irreverente, original y tremendamente plástico, con un rabioso humor negro que oscila entre el expresionismo y el surrealismo.

Los relatos van, además, acompañados por ilustraciones del propio autor, quien se encargó, además, del diseño de cubierta. En el prólogo, Luis Alberto de Cuenca compara a Luis Arencibia con Roland Topor, de quien ya recomendé aquí El quimérico inquilino. La comparación es pertinente, no solo por su estilo ácido y macabro, sino porque, como Topor, Arencibia pertenece más a la plástica que a la literatura. Porque, claro, estoy refiriéndome todo el rato al escultor Luis Arencibia Betancort, nacido en la ciudad de Telde pero que reside desde los años setenta en Leganés y cuyas obras embellecen las plazas de media España (un ejemplo es el Monumento a las víctimas del 11M, situado en la plaza del Agua, de Leganés).  Además, hay obras suyas en el Senado, en la Biblioteca Nacional o en el Museo Postal de Estrasburgo. Bueno, pues este Luis Arencibia escultor también ha resultado ser un escritor interesantísimo y, sobre todo, divertido. Y lo demuestra en este libro cáustico e inteligente que, te aseguro, no deja indiferente a nadie.

Así pues, para esta semana, El discurso del cuerdo, de Luis Arencibia, en Anroart Ediciones, 152 páginas de humor descarnado, fogonazos estéticos y bofetadas a eso que los burgueses llaman “la realidad”.





Mis libreros favoritos, 2. Sueños de Papel

12 11 2010

Ya saben mis amigos y la mayoría de mis ex que casi nunca cumplo con lo prometido. Pero como tengo cuerpo de fiesta, voy a continuar con la serie dedicada a mis libreros favoritos, que comencé con el Café del Libro La Comedia. Y continúo, como en aquella ocasión, con una librería también joven: Sueños de papel.

Corriendo los tiempos que corren, hacen falta agallas para abrir una librería. Todavía más si se decide uno a hacerlo en solitario. Pero, además, hay que tener el valor y el ímpetu de quince bueyes para hacerlo en una zona donde hay un gigante comercial, de esos que venden libros como venden coles, relojes o plumeros. Ya sabes de qué gigantes hablo: esos que venden libros al peso y no los tratan con el cariño que merecen. Pues bien, esto es lo que ha hecho el escritor y vicioso de los libros Rayco Cruz: abrir Sueños de papel, una librería en plena avenida Pintor Felo Monzón, en la zona de Siete Palmas, echando un pulso a un mastodóntico (y en mi opinión, deshumanizado) centro comercial, siempre favorecido por los sucesivos gobiernos de este país frente a las pequeñas y medianas empresas.

Sueños de papel es un negocio modesto, luminoso y tranquilo (a mí me recuerda a una pequeña librería que había en la calle Sor Simona y a la que me escapaba a comprar novelas de Sven Hassel y Robert Ludlum cuando tenía catorce años y poco criterio, pero mucha sed de palabra). Pero no te equivoques: tiene trastienda. Al final de un pasillo existente al fondo, hay un local donde ocurren cosas de lo más interesantes: charlas, presentaciones, mesas redondas y partidas de juegos de rol. De hecho, pese a no estar situada en el centro, Sueños de papel se está convirtiendo en un referente para los aficionados al rol, la ciencia ficción, la fantasía épica y lo gótico. Por allí pasan muchos de los autores que se decantan por estas corrientes, como Carlos González Sosa, Ramón Navas (el lado oscuro de Nomar Savan) y Víctor Conde.

Sin embargo, no solo por ahí va la cosa. En Sueños de papel hay también cuentacuentos (la librería presta especial atención a la sección infantil y juvenil), un club de lectura y hasta una periódica feria del libro de segunda mano y ocasión (Sueños de papel, 1-Crisis,0).

Y otro dato positivo: quizá porque el propietario es autor y sabe lo que eso duele, en Sueños de papel se trata a los autores con respeto y no se les coloca aparte porque sean canarios. Si escribes novela negra, tu libro estará con la novela negra; si escribes libros de viajes, con los demás autores de libros de viajes estarás. Esto es: se permite al libro canario (o escrito por canarios) competir en condiciones de igualdad con los autores foráneos.

Así pues, si eres de esas personas que aman los libros, la próxima vez que te muevas hacia Siete Palmas (quienes viven allí ya la conocen), no olvides dejar el coche quieto un rato, pasear hasta el número nº32 (Edificio 10, Local 5) y entrar en Sueños de papel. Si tienes un ratito y charlas con Rayco Cruz te llevarás más de una grata sorpresa.

Dos libros comprados allí: La conquista de Oxit, de Carlos González Sosa y Ojalá fuera cierto, de Marc Levy.

Consejos para usuarios de librerías: tu librero no siempre podrá tener ejemplares del libro que buscas. Pero, si le consultas, podrá conseguírtelo en una semana, como mucho.

Próxima parada: Librería Nogal.








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