Adiós, muñeca

29 01 2011

Hoy acaba la sección “La buena letra”, en el A vivir en su edición canaria, capitaneado por Eva Marrero. Han sido 65 programas en los que hemos recomendado libros de todas las épocas: desde El poema de Gilgamesh a títulos aparecidos el año pasado. “Ahí cabe todo”, pensarás. Y sí, cabe absolutamente de todo (McCarthy, Millares, Delibes, Vian, Thompson, Olga Orozco, Virginia Woolf, Roald Dahl, Fred Vargas, Andreyev, Pavic, Rodari, Walpole, Unamuno, Campos-Herrero… algunos de ellos, puedes encontrarlos en este blog) y yo he podido darme el gustazo de hablar cada semana de los libros que me gustan (ya sabes que prefiero no hablar de los que no me gustan) y poner así mi granito de arena a eso que se llama divulgación, algo que es bueno (o que al menos no es malo). Y todo esto, gracias a la iniciativa (porque la idea fue suya) y la completa libertad de elección permitida por ese fenómeno radiofónico que es Eva Marrero (cuya voz siempre me recuerda a Lauren Bacall, no me preguntes por qué). Quizá por eso, porque Eva me recuerda a aquellas mujeres míticas de la época dorada del cine, y porque era la última recomendación por el momento, el libro elegido para esta ocasión fue Adiós, muñeca, una de las mejores novelas negras de uno de los mejores novelistas del género, Raymond Chandler, de quien no habíamos recomendado nada en los 65 programas que llevamos juntos.

En Adiós, muñeca, el gigante Moose Malloy, que no mide más allá de metro noventa y cinco ni es mucho más ancho que un camión de cerveza (y que reparte bofetadas como panes, por cierto) encarga a Phillip Marlowe que localice a su Velma, a la que no ha visto desde antes de entrar en la cárcel, de donde acaba de salir. Velma es Velma Valente, una bailarina que, después de que Malloy fuera condenado, ha aprovechado para hacerse humo. Pero, en la búsqueda de esta mujer misteriosa (y no tan angelical como Malloy cree que es), Marlowe va a encontrarse con una red de extorsiones, robos, asesinatos, polis corruptos y todo el elenco habitual de los hard boiled de la época.

Adiós, muñeca, de Raymond Chandler, Madrid, Alianza, 296 páginas.

Adiós, muñeca, de 1949, viene a ser la segunda novela de la serie de Philip Marlowe, que comienza con El sueño eterno y acaba con Playback y consta de seis novelas y pico, porque además Chandler escribió algunos cuentos con el personaje y dejó a medias una séptima novela. Pero Marlowe, junto con el Sam Spade de Hammett viene a perfilar el arquetipo del detective de la novela negra: frío, inteligente, cínico, de moral aparentemente elástica en la que, sin embargo, subsisten unos de principios incorruptibles, este héroe urbano se alquila barato, pero no se deja comprar por nadie y bucea entre la basura intentando siempre no mancharse. Eso lo saben bien los fans de Humphrey Bogart, que interpretó tanto a Marlowe como a Spade en varias películas. Pero a Marlowe lo han interpretado muchos otros actores. En la versión de Adiós, muñeca, dirigida por Dick Richards en 1975, fue Robert Mitchum el que encarnó a este detective fortachón y sarcástico, que se pone bonito a Bourbon, pero que prefiere el gimlet (ginebra con lima, por si sales de copas esta noche y te apetece hacerle un homenaje).

Y fue el alcohol, precisamente, lo que marcó a Chandler, este señor norteamericano educado en Inglaterra que inmortalizaría a la ciudad de Los Ángeles en sus novelas. Antes de dedicarse profesionalmente a la literatura (no publicó su primera novela hasta los 51 años), fue militar, empleado de banca, periodista y ejecutivo en una petrolera, de donde lo echaron por perseguir a las secretarias. Cuando publicó El sueño eterno, Chandler seguía la estela que había dejado Hammett, pero su estilo es menos rudo, más sofisticado. Además de los diálogos lacerantes, las tramas laberínticas y un cuidado diseño de personajes, Chandler destaca por sus descripciones rápidas y por su fino sentido del humor, que hacen que se disfrute de sus novelas no solo por la intriga, sino simplemente por su estilo literario, realmente ejemplar.

Además de novelas, Chandler firmó algunos guiones de cine realmente míticos, como Perdición, de Billy Wilder, o Extraños en un tren, de Hitchcock. Y un ensayo imprescindible para los incondicionales de lo criminal: El simple arte de matar.

Pero, de todas sus novelas (uno siempre tiene sus preferencias y debilidades), yo prefiero esta, porque, además de la intriga y la denuncia del capitalismo y de la corrupción, hay en ella una triste historia de pasión, de amor imposible, ya que todo el argumento surge del amor desmedido (y la resultante ingenuidad) de un matón bruto y bastante torpe, por una chica que ya no le quiere.

En fin, se acaba “La buena letra”, pero tú puedes seguir leyendo, por ejemplo,  esta novela de Chandler, en Alianza Editorial, de 296 páginas, que se titula Adiós, muñeca.


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One response

31 01 2011
Juanjo

Tiendo a creer en la eternidad de las cosas y ya se ha acabado el programa sin que lo haya disfrutado debidamente. ¿Hay manera de conseguírselos por Internet? Si no es así proponlo para que los cuelguen en la web de la emisora. Otra cosa, Chandler es un escritor fantástico y tiene unos diálogos chispeantes, pareciera que los que conversan se estuvieran dando de bofetones.

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