Un diccionario para Sigfrid Soria

15 02 2011

Leo en Diario de Avisos declaraciones del diputado Sigfrid Soria sobre el asunto de la propuesta de dedicar el Día de las Letras Canarias al científico Blas Cabrera Felipe.

Para empezar, me llama la atención que el señor Soria aluda a un excesivo “gremialismo” por parte de los escritores canarios (el titular reza: “El PP tilda  de gremialismo…”, pero yo, que conozco personalmente a algunos militantes del PP que son personas muy cultas, me niego a pensar que sea el  partido quien lo hace). Los escritores canarios, pobrecitos de nosotros, normalmente no somos nada gremiales. Ojalá lo fuéramos. Pero cada vez que intentamos asociarnos, la cosa acaba en nada. Cada vez que hay que hacer algo juntos, comienzan las polémicas internas, porque somos unos pesados que queremos defender a capa y espada nuestros puntos de vista individuales (los escritores, ya se sabe, trabajamos con nuestro ego, como los actores, y así nos va).  Y, además, existen luchas estéticas, éticas, ideológicas, intergeneracionales… Un horror. Andamos siempre polemizando entre nosotros, así que no hay modo de que adoptemos una actitud gremial como está mandado y, por tanto, mucho menos “excesiva”. De hecho, muy probablemente, lo único en lo que los escritores canarios nos hemos puesto totalmente de acuerdo en los últimos noventa años es en la absoluta incoherencia de esta propuesta. Por supuesto, entiendo que el señor Soria quiera defenderla. Lo contrario sería contradictorio, pues el ponente de ella en el Parlamento de Canarias fue, si no me equivoco, él mismo (algo similar ocurre con las declaraciones en La Provincia de doña Mercedes Cabrera: al menos a mí, me expulsarían de la cena navideña familiar si pusiera algún obstáculo a un homenaje a mi tío abuelo). Pero en mi opinión debería armarse con otros argumentos. Pediría a don Sigfrid que recordara sus lecciones de Lógica: el argumentum ad hominem es una forma de falacia.

Buen intento, por su parte, ha sido apelar al diccionario. Pregunta don Sigfrid si los escritores no conocemos el término “literatura científica”. Supongo que su pregunta era retórica, pero como nunca estoy seguro de si sé lo que sé, he consultado un libro que tengo en mi casa. Se titula Diccionario de la lengua española, lo edita una institución denominada Real Academia Española (a la cual don Blas Cabrera perteneció, como otros científicos, médicos y  hasta humoristas) y mi ejemplar corresponde a la vigésima segunda edición (2001).

Dice allí, en la página 1387 del volumen II:

literatura. 1. f. Arte que emplea como medio de expresión una lengua. || 2. Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. La literatura griega. La literatura del siglo XVI. || 3. Conjunto de obras que versan sobre un arte o una ciencia. Literatura médica. Literatura jurídica. || 4. Conjunto de conocimientos sobre literatura. Sabe mucha literatura. || 5. Tratado en que se exponen estos conocimientos. || 6. desus.  Teoría de las composiciones literaria || -de cordel. f. pliegos de cordel.

Siempre pensé que el Día de las Letras Canarias aludía a una definición, digamos, fuerte del término: a la primera o la segunda, incluso a la cuarta. Definiciones claramente intuitivas, difícilmente discutibles. Pero constato con estupor que la definición a la que se refiere el señor Soria es la tercera acepción de entre las seis registradas en el citado diccionario. Curiosamente, la misma que precisa de un adjetivo que la califique. Esto es: la que viene a ser la más vaga de las acepciones del término. De lo cual infiero que lo que propone don Sigfrid es que celebremos la literatura tomándola en su acepción más laxa, relativa y débil. El señor Sigfrid Soria apoya, además, este argumento vinculándolo a los nombres de Carl Sagan, Stephen Hawkins e Isaac Asimov que vendieron más libros que todo el gremio junto, tal y como él apostilla. Podría yo contestar que también vendieron bastante más que don Blas Cabrera Felipe, pero ese no es mi estilo y, además, don Blas Cabrera no se lo merece. Lo que sí haré será preguntarme cómo es la biblioteca personal de Sigfrid Soria y lo informado que está, ya que Sagan fue celebrado como ensayista (no es lo mismo un estudio teórico que un ensayo) y eso fue lo que le valió, por ejemplo, el Pulitzer. Y, en cuanto a Asimov, pese a ser un gran divulgador de la ciencia, lo que le lanzó a la fama, lo que le hizo popular entre el público y lo que constituyó para él un éxito de ventas, fue precisamente su producción narrativa. No sé si don Sigfrid (o sus asesores) han leído Yo, robot o la saga de novelas dedicadas a la Fundación, pero me permito desde aquí recomendarles esas obras narrativas. Eso es lo bueno de todas estas broncas: que uno puede mencionar libros memorables.

En todo caso, vuelvo a preguntarme cómo me sentiría yo mismo si propusiera un nombre para homenajearlo durante la Semana de la Ciencia y absolutamente todos los científicos de mi comunidad (y aun los bibliotecarios y varios profesores) se me echaran encima diciéndome que era un disparate. ¿Les diría que son excesivamente gremialistas? ¿Les diría que ignoran una determinada acepción del diccionario? ¿O me preguntaría si he metido la pata?

Supongo que uno puede aferrarse a sus creencias, a sus posturas tomadas de antemano, a sus juicios o sus conveniencias sin preguntarse si se ha equivocado o no. Pero, cuando llega el momento de imponerlas a los demás, es necesario hacerse con argumentos sólidos con que defenderlas y no con argumentaciones ad hominen o con las más débiles acepciones de los términos en los que se centra el debate.

Desafortunadamente, esta polémica continúa. Y continuará, si alguien no soluciona este sinsentido. Espero, si tengo que volver a referirme a ella, utilizar este espacio para algo más positivo que tener que defenderme (por la parte que me toca) del ataque de alguien que elige argumentos tan débiles para defender elecciones tan arbitrarias.








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