Y siguen las jornadas en Arona

3 05 2011

Ayer escuchamos una charla de Nicolás González Lemus sobre el paso de Agatha Christie por Canarias y luego Paco Camarasa nos ha estado dando un baño de conocimientos, con un recorrido por la novela negrocriminal. Hoy llegó hasta Sjöwall y Wahlöö (mañana sigue y la cosa promete cada vez más). Hoy la jornada finalizó con el compañero Mariano Gambín y su novela Ira Dei comentada por Miguel Ángel Rábade.

Mañana seguimos: Camarasa (esa enciclopedia andante) a partir de las 16:30 y después el que esto firma, acompañado de Paco y de Miguel Ángel para hablar sobre Los tipos duros no leen poesía. Ya sabes: mañana, por la tarde, Centro Cultural de Los Cristianos, Novela Negra, con ene de Arona.

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Insistencia

3 05 2011

Allá, en su Mercury Falls natal, Taylor McBride continúa intentando dormir. Pero no hay manera, porque cada noche, tras apagar la luz, su dormitorio se llena de afganos. Algunos, simplemente, se sientan a los pies de la cama y mantienen animadas tertulias en la lengua que Taylor McBride jamás se dio tiempo de conocer más allá de lo indispensable. Por eso ahora solo identifica algunas palabras: “alto”, “adentro”, “quietos” o “disparo”, esos vocablos tan útiles para según qué oficios. Otros se arrastran por los suelos, dejando un rastro sanguinolento. Taylor McBride distingue sus bultos en la semipenumbra, escucha sus esfuerzos por llegar a ninguna parte, identifica el inconfundible hedor de la sangre. Uno de ellos, un niño de unos diez años, se limita a permanecer junto a la mesilla de noche y a observarle largamente. Cuando Taylor McBride enciende la luz, desparecen inmediatamente. Algunas veces, no obstante, el niño le deja sobre la mesilla una amapola recién cortada. Taylor McBride guarda esas flores entre las páginas de su álbum de fotos de Kandahar. A veces llora. Y entonces ya no es alguien con uniforme que emplea palabras útiles, sino solo Taylor McBride, un hombre que llora en medio de la noche cálida de Mercury Falls.





2 de mayo de 2011

3 05 2011

Tú, subcontratista del miedo, revendedor de pesadillas, guardaespaldas de Occidente a tiempo parcial, ¿qué va a ser de ti en un mundo sin Bin Laden? ¿Dejarás las armas o has entrenado ya a un nuevo Coco con el que asustar a los niños mientras les robas los caramelos? ¿O acaso dejarás que ellos mismos elijan a otro espectro que inquiete sus sueños y te limitarás después a alimentarlo?








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