Abono de temporada

22 08 2011

A Sandra no le interesa la música culta. A Germán tampoco. Ana y yo, en cambio, estamos abonados a la temporada. Pero, en los últimos años, hemos escuchado muy poca música. Nada más empezar el Stockhausen, el Stravinsky o el Bartók de la velada, abandonamos nuestros asientos y nos encontramos en el baño de caballeros del auditorio municipal. Allí hacemos el amor durante todo el concierto. Gozamos de este hábito desde hace varias temporadas. Siempre así, siempre igual: los primeros acordes, la huida furtiva, el encuentro en el cuarto de baño, el sexo lúbrico y silencioso, la infidelidad asumida como una costumbre natural, casi sobrevenida. Después volvemos al foro con tiempo suficiente para sumarnos al aplauso, al bis, al fervor unánime.

De ordinario, nos reunimos más tarde con Sandra y Germán. Suelen esperarnos en alguna cafetería, porque ellos aprovechan esas tardes de concierto para ir al cine y ver alguna película china o iraní, de esas que a nosotros no nos interesan. Por eso, porque saben que a nosotros no nos interesa ese tipo de cine, no nos extraña que jamás cuenten nada acerca del argumento de la película.








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