Imperfecciones 6

11 10 2011

 

Ilustración de Gustave Doré

Por supuesto, hay quien se pregunta dónde andaba él mientras su suegra sufría el aislamiento y la enfermedad al otro lado del bosque, mientras su hijita se encaminaba, ingenua y cándida, a su inevitable encuentro con la bestia. Él se siente impotente, no logra acumular las fuerzas y las palabras necesarias para defenderse. No es cosa de ahora, no es la impresión que hayan podido causarle los luctuosos sucesos que ya narran las crónicas; es algo que le ocurre desde que su mujer se empeñó en confeccionar esa caperuza roja para la niña. Desde entonces experimenta una rara suerte de languidez espiritual, como si algo se hubiese quebrado en su identidad, como si alguien le hubiese expulsado del territorio de la existencia.








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