Solaris: cuando la realidad no es mensurable

10 12 2011

Hace poco los amigos de Google nos hicieron un regalito en forma de Doodle, esas modificaciones de su logotipo que elaboran para conmemorar efemérides. Los Doodles suelen ser muy imaginativos, pero esta vez se llevaron la palma: crearon una verdadera aventura gráfica a partir de las ilustraciones originales de Ciberíada, una de las obras emblemáticas de Stanislaw Lem. Y esto me sirve de excusa para hablar de Solaris, un libro de Lem que yo quería recomendarte desde hace tiempo.

Solaris es un planeta con un sistema de dos soles y está cubierto por un inmenso mar de plasma que está en continuo cambio; los terrícolas han intentado explorarlo sin éxito durante un siglo y medio. Se han perdido varias misiones y, de hecho, incluso surgió una ciencia especial llamada solarística, que fracasó, entre otras cosas, porque, el comportamiento de Solaris es completamente caótico y, al no darse dos veces el mismo hecho de la misma manera, no había forma alguna de formular hipótesis comprobables sobre su comportamiento. Solaris, pues, escapa al conocimiento cierto, trasciende los hechos físicos.

La novela de Lem está contada en primera persona por Kris Kelvin, un psicólogo enviado a Solaris para averiguar qué está ocurriendo con la tripulación de la estación espacial que se ha establecido allí y con la cual se ha cortado la comunicación. Al llegar a la estación, Kelvin se encuentra con que dos de los tres miembros de la expedición presentan un comportamiento muy extraño y que el tercero se ha suicidado. Pero eso no es lo más raro, porque además empieza a aparecer por allí gente que no tiene que estar: una joven negra, un niño… Y lo más desconcertante está por venir, porque, tras dormir por primera vez en la estación, a su lado, al despertar, Kelvin encuentra a su mujer, Hari, que no debería estar allí, no solo porque se encuentran a millones de kilómetros de la Tierra, sino porque Hari se ha suicidado hace años. Así que lo que él tiene a su lado, pese a tener la personalidad y el cuerpo de Hari, tiene que ser una copia. Esto es: de alguna manera que ellos no entienden, el mar de Solaris tiene vida y se defiende de la intrusión explorando el subconsciente de los humanos, dando forma corpórea a sus seres más queridos, obrando el cruel milagro del reencuentro.

Esto es solo la punta del iceberg del argumento de esta novela originalísima y fascinante, que uno no puede leer con indiferencia. Línea a línea, página a página, Lem utiliza la ciencia ficción para introducirnos en el territorio de las grandes preguntas metafísicas: la pregunta por Dios, por la naturaleza del ser humano, por los límites del conocimiento. Y, al mismo tiempo, es una novela sobre el amor, sobre los sentimientos, sobre la preeminencia de estos frente al intelecto.

 

Solaris es la más célebre de las novelas de Lem, este señor nacido en 1921 en una parte de Polonia que hoy en día pertenece a Ucrania y que comenzó a publicar en 1951 novelas satíricas y reflexivas sobre el ser humano y la sociedad utilizando como vehículo la ciencia ficción porque, según él, eso le permitía huir del rigor de la literatura académica. No las he contado (imposible contarlas), pero Lem publicó una treintena de obras entre ese año y 1989, cuando dejó de escribir ficción y se dedicó principalmente al ensayo y a dar clases de literatura polaca hasta su fallecimiento en 2006.

Lem está traducido a 40 idiomas y ha vendido 27 millones de ejemplares. Esto, para un escritor de ciencia ficción no anglosajón, es un verdadero hito. Hace poco hablábamos de Wyndham, a quien le había costado triunfar porque era inglés y no norteamericano. Así que imagínate lo difícil que sería para un polaco. Sin embargo, Lem no solo triunfó en su momento, sino que el interés por su obra renace a cada momento, nunca pasa de moda.

Además de Solaris y de Ciberíada son muy recomendables libros como Los astronautas (cuya publicación hace sesenta años tomaron como excusa los amigos de Google), Vacío perfecto o, una de mis favoritas, Retorno de las estrellas, una novela sobre la soledad y la desorientación que sufre un astronauta que, por culpa de esas cosas de la relatividad, al volver de un viaje se encuentra con que en la Tierra han pasado 127 años. Aunque no toda su obra se puede conseguir en España, hay varias editoriales que han sacado títulos suyos en los últimos años, sobre todo Impedimenta, Alianza y Minotauro.

Esta última es la que publica en España Solaris, esta estupenda, enigmática y ya mítica novela, 236 páginas para adentrarse en el fascinante y ameno pero también turbador universo del maestro Stanislaw Lem.


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One response

9 06 2012
Aunque arda el papel « Ceremonias

[…] al parecer, un moralista, más que un autor de SciFi, lo cual le hermana con otro de los grandes: Stanislaw Lem), el humor y un lúcido pesimismo acerca de la condición humana, aunque a veces, como en […]

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