Perry, o los rústicos 2.0

20 12 2011

Que a la cabecita de un candidato republicano estadounidense le falte un hervor no es ninguna novedad. Ejemplos hay bastantes a lo largo de la Historia (no es que los demócratas anden muy sobrados de inteligencia, pero suelen tener la suficiente como para disimular sus prejuicios).

Pero de vez en cuando, surge un nuevo héroe (como diría un guionista de cómic) que supera todas las expectativas y demuestra cada vez que abre la boquita lo que ya sabemos todos: que un neoliberal es lo más parecido a un cazurro con un ipad debajo del brazo, una especie de rústico 2.0 (con todos mis respetos para cazurros y rústicos) que no solo no se permite a sí mismo ser feliz, sino que se empeña en que otros no puedan serlo.

Perry señalando la pira donde, al parecer, arderán todos los sodomitas

El botón que sirve de muestra en esta oportunidad es el amigo Rick Perry, Gobernador de Texas, que no solo es homófobo sino que, en lugar de intentar disimularlo, dedicó un spot enterito de su campaña a atacar a los homosexuales que sirven en el Ejército (otra cosa sería preguntarse por la salud mental de quien elige esa carrera, pero ese ya es otro tema, esas son otras preguntas). No contento con airear sus decimonónicos prejuicios, el amigo Perry, contestando a la pregunta de por qué negaba la libertad a quien solo estaba luchando por sus derechos, ha demostrado que la racionalidad se le acaba pronto cuando habla de estos temas, porque se ha retratado diciendo que tiene que ver con su fe, que hay muchos pecados y la homosexualidad es uno de ellos (consultado mi catecismo, son diecisiete, contando con los capitales; no me parecen tantos). Esto es, la fe religiosa de este señor es la que determina sus actitudes políticas. Para decirlo de forma más concreta: una cosa tan íntima, tan personal y tan irracional (pienso en Miguel de Unamuno, pensador cristiano cuya angustia existencial está íntimamente relacionada con la escisión entre la razón y la fe) como las creencias religiosas de este señor es la que determina sus posturas acerca de la mejor forma de gobierno. Todo lo cual me hace pensar que la diferencia entre Rick Perry y, por ejemplo, un Bin Laden cualquiera estriba, principalmente, en sus hábitos de aseo.

Quien había hecho la pregunta a Perry era Rebeca Green, una chica de 14 años, abiertamente bisexual. Ante tal respuesta, concluyó diciendo que nadie debería decir a los demás a quién debe o no amar.

Aún conservo mi capacidad de asombro. Me asombra que aún haya personas (en sociedades que presumen de democráticas) que piensen que el ejercicio de sus libertades consiste en limitar las libertades de los demás. Y me asombra aún más que una adolescente exprese más sabiduría, coherencia e inteligencia que un señor de 61 años, que gobierna el Estado de Texas y que presenta su candidatura a las elecciones primarias. Pero lo que más me asombra es que haya personas que voten a individuos como este, que no son capaces de captar la diferencia entre una constitución y una Biblia.

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