2666: para un cementerio futuro

13 01 2012

2666, de Roberto Bolaño, Barcelona, Anagrama, 1125 páginas

Esta semana te traigo una novelaza, un novela total, de las que nos llenan muchas horas de placer, nos graban imágenes y personajes inolvidables y nos proporcionan material para pensar sobre el mundo y, acaso, para entenderlo un poco mejor.

Te hablo de 2666, la novela póstuma de Roberto Bolaño. Bolaño, fallecido en 2003, ya acariciaba el proyecto desde los años noventa, pero se lanzó a escribirla cuando supo que estaba muy enfermo y que, probablemente, no sobreviviría. En sus últimos tiempos, obsesionado con dejar algún medio de sustento a su familia, insistió en que las cinco partes que conforman la novela fueran editadas independientemente, a razón de una por año, tras su fallecimiento. Por fortuna (en esta ocasión), la familia, el editor Jorge Herralde, y su albacea literario, Ignacio Echevarría, decidieron que lo mejor sería ofrecer el texto tal y como había sido concebido inicialmente, como una única novela formada por cinco partes íntimamente relacionadas.

Intentemos contar de qué trata este libro de 1125 páginas en un solo post y procurando, además, no destriparlo:

Hay dos líneas principales en 2666: por un lado, la búsqueda de Benno Von Archimboldi, un enigmático y fascinante escritor alemán cuyo prestigio crece año tras año y a quien, sin embargo, nadie parece capaz de encontrar en persona; por otro, una larga y misteriosa serie de asesinatos de mujeres en Santa Teresa, una ciudad norteña de México, trasunto de la tristemente célebre Ciudad Juárez, donde los feminicidios se cuentan por centenares aún hoy en día.

La parte de los críticos, con la que se inicia la novela, comienza como un chiste: hay un francés, una inglesa, un español y un italiano. Ahí acaba la semejanza con el chiste, porque estos cuatro personajes son traductores de Archimboldi a sus respectivas lenguas. El estudio de la obra de este autor marca la vida de estas cuatro personas y las relaciones entre ellas (con un francés, un italiano, un español y una inglesa, ya te imaginarás que habrá bastante tomate sentimental y sexual). Y, un día, por casualidad, oyen decir que Archimboldi ha sido visto en Santa Teresa y hacia allá que se irán, buscándolo. En Santa Teresa se enterarán de los asesinatos de mujeres y conocerán a Amalfitano, un profesor de literatura chileno, protagonista de la parte siguiente, centrada en él, en su hija y en Lola, su mujer, que, años atrás, en Barcelona los ha abandonado para ir a buscar a un poeta loco que vive en el manicomio de Mondragón, personaje a quien uno no puede evitar ponerle el rostro y los modos de Leopoldo María Panero.

La tercera parte está protagonizada por Fate, un periodista afroamericano que viene a Santa Teresa para cubrir un combate de boxeo y que, en una noche de confusión y violencia, traba relación con la hija de Amalfitano. La cuarta parte es una novela coral, en la que se profundizará en la sociedad mexicana a través de los feminicidios. Estos se nos van presentando uno por uno, de manera forense y fría, como si el autor quisiera recordarnos que, aunque la frecuencia de las noticias sobre el mal acabe anestesiándonos, el horror sigue estando ahí y cada violación, cada asesinato, es una puerta al infierno. Por último, tenemos la parte de Archimboldi, la novela que cuenta la vida del escritor, nacido en una aldea prusiana y que vaga por toda Europa a través de la Segunda Guerra Mundial, la posguerra y la Guerra Fría, hasta que nos enteramos, finalmente, de por qué va a Santa Teresa en el año 2000, con ochenta años.

Como ves, una novela compuesta por cinco novelas, íntimamente relacionadas. Pero, también, en cada una de ellas, muchas otras novelas, porque en la buena docena de personajes que la protagonizan coralmente, cada uno de ellos tiene su propia novela.

Un continuo juego de voces que se mezclan en duetos o en tríos, pero que de repente cantan largos y estupendos solos, en muñecas rusas que nos cuentan las vidas de un ghost writer soviético, una vidente mexicana o un editor de Hamburgo.

Con una prosa aparentemente desmañada pero en realidad perfectamente medida, evocadora de la oralidad, formalmente heterodoxa y de una ejemplar incorrección política Bolaño bucea en todos los estilos y subgéneros posibles: el erotismo y lo bélico, lo negrocriminal y lo psicológico, lo existencial y lo social, lo metaliterario y lo realista conviven en esta obra portentosa que va a encantar a los verdaderos lectores de novela, esos que buscan que un libro cree un universo especular verosímil en el que los personajes amen, sufran, gocen, se encuentren, vaguen, se reencuentren y exploren, al fin, todas las posibilidades de lo que existe entre el bien y el mal y entre la vida y la muerte.

Esta vez no hablaré de la vida del escritor, pues su figura (que evoca el malditismo y la contracultura) daría para otra entrada completa. Si quieres saber algo más, puedes ver este estupendo documental (en el que, sin embargo, quizá te moleste, como a mí, el paternalismo de Mario Vargas Llosa)

Jorge Herralde dijo que este libro era el sueño de cualquier editor: un libro unánimemente aplaudido por la crítica (hubo quien comparó su aparición con la de Cien años de soledad) y que, solo en España, se vende por docenas de miles de ejemplares. Se ha convertido, casi desde su aparición en 2004, en un libro de culto y sus admiradores crecen año tras año. Yo, por una vez, estoy de acuerdo con todo el mundo: 2666 es un prodigio, y, sin abusar del término, me parece una obra maestra, una novela imperecedera de esas que te reconcilian con la literatura y te hacen recordar que, en medio de tanta mediocridad, de tantas novelas nuevas con historias que ya has leído mil veces, de tanto “fenómeno editorial” elaborado por el marketing y tantas tonterías sobrevaloradas sin recato (por críticos que escriben para los mismos grupos editoriales que las publican), de vez en cuando todavía puede surgir una voz original y sorprendente que salve a la literatura.

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