Muerte de los tiranos

16 01 2012

A veces se suicidan para no caer en manos de la justicia. Otras veces son envenenados por sus competidores en la ignominia, convirtiéndose en mártires. En otras ocasiones son linchados por masas enfurecidas. Casos ha habido (los menos) en que han conocido la prisión y la cloaca, antes de expirar en el olvido.

Pero, en general, mueren en la cama. Mueren en la cama muchísimos años después de cuando deberían haberlo hecho. Mueren de muerte natural (y cuando esto ocurre llevan ya mucho tiempo oliendo a muerte, esa fragancia hedionda a orín, desinfectante y sangre coagulada), pero mueren de muerte natural, en hospitales donde no se ha escatimado en medios para prolongar sus cochambrosas vidas. O en sus propios domicilios, donde tampoco les falta de nada hasta el momento de recibir los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica (Dios está de su parte; Dios está siempre de su parte. Han matado tanto en Su nombre que sería injusto que no lo estuviera).

Después, cuando el ronquido de su respiración cesa, cuando sus vesículas dejan de una vez por todas de segregar bilis, no falta alguien que les llore, una vecina que declare que eran personas campechanas y amables, esbirros o pupilos que se lanzan a limpiar su pasado declarando que, en medio de las dictaduras, ellos se las ingeniaron para introducir las libertades de las cuales gozamos hoy, que la Historia los absolverá de lo que en realidad eran medidas dictadas por las circunstancias (y no horribles violaciones de todo aquello que es digno de respeto), que sus figuras firmes y valerosas salvaron a la patria de la barbarie, el comunismo, la anarquía y unos cuantos demonios menores más. Tampoco faltan los bienintencionados, aquellos que declaran que no está bien hablar de los muertos, que hay que respetar el dolor de las familias de quienes no respetaron el dolor de las familias de tantos. Ni periodistas objetivos que mastiquen los terruños de la falacia para poder meter algo masticable en su frigorífico.

Y se les entierra con honores de padres de la democracia, cuando en realidad son hijos de las dictaduras; y se depositan sus restos en fastuosos panteones o en los cementerios de sus patrias chicas o sus cenizas son aventadas en el mar en actos más o menos íntimos, más o menos solemnes, no como los restos de sus víctimas, diseminados por los pozos, cunetas, barrancos, tapias de cementerios y demás fosas comunes de la patria salvada, cuando no en el vientre de los mares que la rodean.

Y sus nombres se escriben con letras de oro o de bronce o de mármol en placas conmemorativas, en fachadas de colegios, en bustos que serán cubiertos con el guano de las palomas (las palomas, ya se sabe, siempre tan ateas, tan comunistas, tan guarras, esas ratas con alas que no respetan nada y viven de las sobras de lo ajeno, como los perroflautas, gente baja) o en placas azules que darán nombre a calles y plazas.

Y hay quien les perdona pero no les olvida. Y quien les olvida, pero no les perdona. Y hay quien ni les olvida ni les perdona, pero a esos, los rencorosos, es fácil expulsarlos del discurso.

Algún historiador, algún descamisado, algún rojo irredento habrá que alce su voz para vindicar el pasado. Pero quién hará caso a los historiadores tan aburridos, a los descamisados a quienes siempre se puede poner su camisa de fuerza, a los rojos que están rabiando tanto ahora que los de-mó-cra-tas los estamos poniendo en su sitio con la Constitución en una mano y su hipoteca en la otra.

Y allá quedan sus nombres, imperecederos hasta la anécdota, a quienes, como mucho, se les asocian palabras como polémica, controversia o claroscuro, mientras sus discípulos continúan propagando el fuego de su antorcha, que cada vez ilumina menos, pero quema más que nunca.


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5 responses

16 01 2012
Carmen de la Rosa

Muy buen artículo, Alexis. Seguimos viviendo en un país de bárbaros. ¿Te imaginas a un ministro de Hitler muriendo de viejo en su cama y homenajeado por Merkel y por los ciudadanos alemanes?

16 01 2012
Alexis Ravelo

En Francia, en Alemania, en Italia la justicia fue a por ellos. De hecho, en Alemania, exaltar el nazismo es un delito. Aquí hay gente que lo hace cada día. Sobre todo en ciertos medios de comunicación.

17 01 2012
Patricia Rojas de leunda

Totalmente de acuerdo con tus comentarios, pero que los hay los hay y son más de lo que nos imaginamos.

18 01 2012
Aryán

esto prueba lo que fue Tra(ns)ición española: se juzga al juez que intentó mirar debajo de la alfombra y se tiñe de oro la biografía de un franquista. me temo que ago falla…

18 01 2012
tania

hola Alexis! es posible todavía matricularse en los talleres de narrativa?
un saludo

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