Garzón: ¿personaje de Almodóvar o de Ibsen?

18 01 2012

Escribo novela negra. El género da para muchos lugares comunes. Uno de ellos, que me parece particularmente atractivo, es la corrupción. Los que nos dedicamos habitual o puntualmente al género desde el neo-pólar francés de los años setenta, solemos aprovechar sus posibilidades para denunciar fenómenos sociales indeseables contra los cuales no podemos actuar de otro modo: la corrupción institucionaliazada, el tráfico de influencias, los negocios sucios sufragados a costa del erario público, el blanqueo de dinero, la forma en que el sistema crea mecanismos que permitan que los delincuentes de cuello blanco salgan bien parados o, incluso, el terrorismo de estado, la impunidad de los asesinos y los torturadores. Siempre he pensado que en este mundo injusto que permite estos y otros males, la literatura nos permite, al menos, señalarlos y confraternizarnos con el lector, seguramente también asqueado ante esos crímenes e indignado por el hecho de que nadie haga nada por acabar con ellos o de que, cosa aún más lamentable, quien intente hacerlo tenga mucho tiempo y muchos motivos para arrepentirse.

Este último es el caso de Baltasar Garzón, que se sienta en el banquillo, acusado por el abogado de un implicado en una trama que apesta. Y lo hace porque intentó evitar, junto a policías y fiscales, que los acusados en esta trama continuaran blanqueando dinero con ayuda de sus abogados.

Por supuesto, a nadie que sepa cómo va el mundo le extrañará que algunos delincuentes estén yendo a por Garzón. Ni que los poderes fácticos hagan piña con ellos para acabar con un juez que les resulta molesto porque, entre otras cosas, tiene sentido de la ética y de la Historia y, además, no es sobornable, lo cual le convierte en un individuo peligroso.

No pensaba escribir nada sobre este asunto, porque ya ocupa las portadas de todos los periódicos y, al fin, es el pan nuestro de cada día: los injustos ganan; los justos pierden. Pero hoy (18 de enero de 2012) he leído algo que me ha llamado la atención: desde las páginas de Canarias 7, Manuel Mederos, hace una comparación: opone a la figura de Baltasar Garzón la de Eduardo Domínguez, el juez-transformista de la película Tacones lejanos, aludiendo al supuesto afán de notoriedad de Garzón durante su paso por la Audiencia Nacional, notoriedad que, efectivamente, tuvo, por investigar asuntos como el GAL, el narcotráfico en Galicia, el entramado civil de ETA, los delitos de lesa humanidad perpetrados durante el régimen de Pinochet y los crímenes, aún hoy silenciados, del franquismo.

Alude Mederos a esta condición de juez estrella y hace, a partir de la comparación, lo que a mí me parece una caricatura. Eso sí, sin preguntarse si ese juez estrella era justo, si luchaba contra la ilegalidad y la ignominia al perseguir esos delitos, obrando en contra de sus propios intereses personales, anteponiendo el deber a sus conveniencias (precisamente al contrario de lo que suele ocurrir). Estas cuestiones no parecen interesarle. Parece ser que a Mederos le preocupa más la notoriedad de Garzón que su rectitud y llega a apuntar que quizá estaba en el subconsciente de Almodóvar cuando creó a Eduardo Domínguez, el “juez estrella y travestido”.

Mis gustos cinematográficos son muy distintos a los de Mederos. Garzón no me parece cercano en absoluto al universo almodovariano. Me parece más bien sacado de Z o alguna otra de las películas de denuncia de Costa Gavras o de Sidney Pollack. Si pasamos al género narrativo, me recuerda a los personajes de Dürrenmatt o de Sciascia, empeñados inútilmente en seguir los dictados de la ética en un mundo corrupto. Incluso, si quisiéramos alguna referencia teatral, nos podría recordar al doctor Stockmann, protagonista de Un enemigo del pueblo, de Ibsen, a quien los poderes fácticos (comenzando por la prensa) exponen en la picota pública por comportarse honestamente y enfrentarse a ellos con la verdad en la mano.


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21 responses

18 01 2012
Peter Magnus

Muy buen artículo, estoy con lo que dices.
Saludos

18 01 2012
Kepa H.

Creo que ya conoces mi opinión sobre este particular, Alexis. Está claro que lo de Gürtel es un caso de corrupción de libro, pero que un juez, sea de derechas, de izquierdas o ambidiestro, decida saltarse el principio de inviolabilidad de las comunicaciones entre un procesado y su abogado (si es que lo ha hecho; aunque todo parece indicar que así es) también supone un delito, y no pequeño. Creo que el quid de esta cuestión no es qué o a quienes investigaba Garzón, sino si se valió de medios ilícitos para hacerlo. Sugerir que el Tribunal supremo no debería investigar esto implicaría defender la impunidad de los poderosos, es decir, aquello que supuestamente el mismo Garzón pretende combatir.

18 01 2012
Alexis Ravelo

Tú ya sabes que no entiendo mucho de leyes, Kepa. Garzón apela al artículo 51.2 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, que respalda las interceptaciones por orden de la autoridad judicial. Aparte de eso, mira estas declaraciones de la policía: http://www.publico.es/espana/417549/garzon-nos-dijo-que-prevaleciera-el-derecho-de-defensa-a-cualquier-cosa
Kepa, parece evidente lo que hay con Garzón: ya intentaron echarle en cara lo de los cobros por las conferencias, ahora esto… Y todo a partir de que se metió con quien no debía haberse metido. ¿O no te huele a que van a por él?
Por lo demás, también es muy curioso lo que alega Peláez: http://www.publico.es/espana/417495/el-abogado-que-presento-la-querella-contra-garzon-no-tengo-datos Esto es, ha acusado al juez de violar sus comunicaciones con sus clientes y extraer datos de ellas que luego ha empleado en el proceso, pero, al parecer, no sabe cuáles son esos datos. Por lo tanto, todo parecería apuntar a que, efectivamente, las comunicaciones fueron intervenidas para evitar que se continuara cometiendo un delito (el de blanqueo de capitales). Como te dije, no soy abogado, pero creo que el 51.2 no es aplicable solo a los casos de terrorismo.

19 01 2012
Kepa H.

¿Que van a por él? No me cabe duda, Alexis. ¿Que se lo ha puesto muy fácil a esas personas bailando sobre la fina línea entre lo legal y lo ilegal (y, posiblemente, traspasándola)?. Tampoco me cabe duda.

Por otra parte, que haya hecho un uso espurio de esas comunicaciones o no, no modificaría el hecho de que sea un delito interceptarlas (si es que lo es). Eso, en todo caso, supondría otro delito añadido.

Tampoco yo soy experto en leyes, pero pienso que hay fundados motivos para juzgar la conducta de Garzón en este caso. Creo que eso es difícilmente rebatible. Pedir que esta conducta no se juzgue simplemente por llamarse el acusado como se llama supondría, insisto, amparar la impunidad de los poderosos (en este caso un juez de la Audiencia Nacional), ¿no te parece? Juzgar, repito. Otra cosa será cuando salga la sentencia. Entonces se podrá valorar si es justa o no, y si se ajusta a Derecho. Pero, ¿que se juzgue a un juez por una más que probable irregularidad en el desempeño de su labor? Me parece algo que debería alegrar a cualquier demócrata, se llame ese juez Garzón, Gómez de Liaño o Ferrán Calamita.

19 01 2012
Kepa H.

Perdón: Ferrín Calamita (anda que se lucieron sus padres con el nombrecito).

19 01 2012
Alexis Ravelo

Entiendo tu punto de vista, Kepa. Pero, entonces, no entiendo por qué no se han admitido las querellas similares contras las fiscales y contra el juez que tomó el caso tras Garzón. Además, en la demanda hay demasiadas cosas que huelen mal. Peláez no solo no solo carece de datos, sino que se reunió en siete u ocho ocasiones con implicados en la trama a los cuales no representaba. Los investigados eran ellos, no Peláez. Por otro lado, no sería la primera vez que unas pruebas no son admitidas por defectos de forma, sin más y sin que los jueces instructores que las han ordenado se sienten en el banquillo. Aquí nadie es Perry Mason, pero esto apesta a juicio político.

19 01 2012
Kepa H.

Artículo 51.2 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, reproducido textualmente:

“Las comunicaciones de los internos con el abogado defensor o con el abogado expresamente llamado en relación con asuntos penales y con los procuradores que lo representen, se celebrarán en departamentos apropiados y no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo”.

Merece la pena detenerse en la última línea. Si en vez de la conjunción “y” hubiesen utilizado “o”, la interpretación sería muy diferente, y dejaría la decisión de intervenir las comunicaciones al arbitrio del juez, pero, tal como está redactada, deja taxativamente claro que el único supuesto en el que se admite la intervención de las comunicaciones entre un acusado y sus abogados es en casos de terrorismo. No veo qué otra interpretación pueda hacerse de este artículo, sea uno juez o no lo sea. Supongo que, al menos, estaremos de acuerdo en eso.

19 01 2012
Kepa H.

Sin duda el juicio tiene connotaciones (y aún motivaciones) políticas, Alexis. Precisamente eso es lo que dificulta intentar analizar los hechos fríamente. Lo que en este juicio se dirime no es si tales o cuales pruebas son válidas (al menos, no es el motivo de la querella), sino si se violaron conscientemente las garantías procesales de los acusados, dos cosas muy diferentes. Es un deber del Tribunal Supremo decidir eso, un deber del que, por otra parte, no puede sustraerse. Por eso digo que, hasta ahora, me parece perfectamente lógico que se juzgue la instrucción de Garzón. Otra cosa será cuando se dicte sentencia. Entonces se podrá valorar si es justa o no. Pero vamos, volviendo al artículo citado arriba, la cosa parece bastante clara, nos guste o no.

En fin, lo dejo aquí, para no abusar de tu paciencia ni de la de tus lectores. Un abrazo grande.

19 01 2012
Alexis Ravelo

Esa conjunción “y” es motivo de polémica. Por ejemplo, he leído otros comentarios similares al tuyo que abren la posibilidad de que la afirmación no sea tan taxativa (ya ves: al final va a ser un problema más para filólogos que para juristas).
Hoy me llama la atención que los noticiarios no resaltan demasiado: la fiscalía ha pedido la absolución. No sé, cada vez entiendo menos.

19 01 2012
Alexis Ravelo

No sé si está claro por qué resulta ambigua y no dispongo de herramientas (no sé utilizar los símbolos lógicos en el qwerty). Así que lo intento con una analogía. Esa “y” puede equivaler a una “y” o a una “o”, como en el caso de encontrar una puerta en que se diga: “Entrada para niños y mujeres pequeñas”. No vamos a encontrar ningún niño que sea al mismo tiempo un niño y una mujer pequeña (a no ser que sea una niña).
Puede que yo me equivoque (y hasta es muy posible), pero si ese párrafo admite interpretaciones es porque es ambiguo en su redacción.

19 01 2012
Kepa H.

Ok, vuelvo al ruedo a petición de las autoridades (;)).

Si fuera como dices, Alexis, y esa “y” pudiera interpretase como “y/o” o como “también”, la apostilla “en los supuestos de terrorismo” carecería de sentido. ¿Para qué especificar que un juez puede autorizar esas escuchas en casos de terrorismo si puede hacerlo en cualquier tipo de caso? Excepto que se refiera a que solo en caso de terrorismo se puedan intervenir las conversaciones sin la autorización de un juez.

Sin embargo, incluso admitiéndola, te darás cuenta de que esa lectura implicaría que un juez puede intervenir las comunicaciones entre un abogado y su cliente SIEMPRE que lo desee, bajo cualquier supuesto, cosa que, evidentemente, la Ley no permite. De ser así, nadie en este país podría estar seguro de que sus conversaciones con su abogado no fueran a ser grabadas, haya matado a trescientas personas o robado una gallina.

Por tanto, esa lectura sería, no ya un disparate jurídico, sino un precedente terrible para las garantías constitucionales de cualquier cuidadano, ¿no te parece?

P.D: Mi sensibilidad está infinitamente más cerca de las personas que apoyan a Garzón que a los capullos de “Gürtel”, pero trato de que eso no me impida enjuiciar los hechos con objetividad. Y, por lo que veo, hay fundadas razones para pensar que Garzón se ha saltado la Ley en este caso, la misma Ley por cuyo cumplimiento debe velar. Veo lógico que responda (no digo que pague, eso dependerá del resultado de la sentencia) por ello.

20 01 2012
Alexis Ravelo

Admito que tu punto de vista es muy plausible, Kepa. Y sé que tu opinión no es malintencionada y dónde está tu sensibilidad. Pero, entonces, las fiscales que actuaron en el caso y el juez que asumió competencias tras Garzón (y que continuó dando validez a las escuchas) deberían haber sido acusados también. Y, sin embargo, el TS desestimó esas querellas.

20 01 2012
Kepa H.

Efectivamente, es curioso que el TS rechazara esas querellas, como curiosas son las razones que dio para ello, al menos en el caso de las fiscales (http://actualidad.orange.es/nacional/tribunal-supremo-rechaza-ampliar-fiscales-del-caso-gurtel-causa-por-escuchas.html).

Reconozco que sobre esto apenas estoy informado y que sí, resultaría llamativo que Garzón fuera condenado y Antonio Pedreira, el juez que continuó con la instrucción y prorrogó las escuchas ordenadas por Garzón, no lo sea (en este caso no he encontrado las razones que dio el TS para no admitir la querella, ni información sobre la querella en sí). También sé que ha habido un par de procesos judiciales recientes, fuera del ámbito del terrorismo, en el que se han ordenado escuchas similares (caso Marta del Castillo, por ej. ), y cuyos instructores no han sido enjuiciados, no sé si por que no ha mediado denuncia o por qué. Supongo que en caso de ser condenado Garzón habría que estudiar qué resolución es injusta, si la que le condena a él o la que exculpó a los otros, y habría que estudiar las razones del TS para tomar esas decisiones. Vamos, que sí, que es complicado de coj****..

Pero a lo que voy no es a si Garzón es culpable o inocente. En primer lugar porque no estoy lo suficientemente informado como para juzgar eso, y en segundo porque no tengo los conocimientos de derecho necesarios para hacerlo. Lo que me llama la atención es el clamor popular que hay en muchos sectores sociales y en algunos medios de comunicación en contra del juicio a Garzón. Para mí, no hay escándalo en que se le juzgue. Al revés: Lo escandaloso sería que, por ser quien es, NO se le juzgase. Imagina por un momento que hablásemos de un conocido juez de derechas (el mismo Ferrín Calamita, por ej.) que hubiera ordenado intervenir las comunicaciones entre, pongamos destacados líderes de un partido de izquierdas o una organización sindical y sus abogados. ¿Crees que el clamor sería el mismo defendiendo su inocencia? Es más, honestamente, ¿la defenderías tú mismo, Alexis? Algo me hace sospechar que aquellos que con más fervor defienden ahora la inocencia de Garzón (no te incluyo aquí, me refiero más bien a los medios de comunicación) serían los primeros en pedir su cabeza.

Por eso, por lo difícil que es sustraerse en este caso del ruido mediático, es por lo que, más que nunca, es recomendable tratar de analizar los hechos fríamente, sin apasionamientos, juicios previos o corsés ideológicos.
Creo.

20 01 2012
Alexis Ravelo

Ya, entiendo lo que dices y los extremismos no son buenos. Pero es que con Garzón ha ocurrido algo peculiar.
Dejando a un lado el protagonismo (o estrellismo) del juez, que podrá tenerlo o no, lo cierto es que nunca lo vi casarse con nadie y que, eso no se puede negar, se dedicó a hacer su trabajo.
Cuando investigaba el GAL, el narcotráfico gallego y ETA, a todo el mundo le encantaba (incluido el Partido Popular, que intentó llevarlo en sus listas). Cuando intentó enjuiciar a Pinochet ya no empezó a caer demasiado bien en ciertos sectores. Pero al intentar investigar las desapariciones y crímenes del franquismo y la trama Gurtel, de repente, un día, nos levantamos con la noticia de que es un prevaricador, un juez abusivo que conculca los derechos fundamentales, un juez estrella guiado por mera ambición personal y un tipo al que se acusa de cobrar las conferencias que da (¡!). Quiero decir: ¿no suena esto a intento de crucificarlo? Y, las cosas como son, con tres causas abiertas, en alguna lo conseguirán. A mí esto ya no me molesta por Garzón. Me molesta porque, si lo consiguen, sencillamente, la próxima vez que un juez se encuentre ante un Gurtel o se le solicite que persiga crímenes de lesa humanidad (como los de Pinochet, no olvides que todo surgió por una denuncia hecha por españoles), se va a poner, hablando mal y pronto, a mirar al techo silbando todo lo que se le ocurra. Eso sí que conculca gravemente nuestros derechos, porque será aceptar de facto que nuestro poder judicial no es independiente.
Yo creo que de ahí los clamores, algunos más exagerados que otros, a favor de Garzón.
No sé si algún juez conservador llegará a verse en las mismas. Yo, sinceramente, lo dudo.
Pero, en todo caso, no puedo evitar tener la impresión de que a por Garzón están yendo porque removió lo que no debía remover.

¿Que si es culpable? Él mismo asume que realizó esas escuchas. También lo asumen un comisario y dos fiscales (una de ellas, al parecer, fue quien más insisitió en solicitarlas, porque se dio cuenta de que había reuniones muy extraña del abogado de un acusado con los otros acusados, a quienes no representaba, con lo cual podrían estar cruzándose instrucciones para blanquear dinero).
La pregunta es si esas escuchas eran pertinentes (y legales) o no. Al parecer, la fiscalía piensa que no constituyen motivo de delito. Se conforma con no admitirlas como prueba (con lo cual ya le han hecho un favor enorme a Correa y sus amigos, incluidos “los del alma”). Los querellantes piensan que no y que conculcan sus derechos, por lo cual piden 17 años de inhabilitación.
Ahora, está claro, habrá que esperar a ver qué dice el TS.

20 01 2012
Kepa H.

Alexis, ha habido unos cuantos jueces inhabilitados antes de Garzón (si es que acaba siéndolo), y de todos los colores del espectro político. El Calamita del que hablamos antes, Gómez de Liaño (a quien admiro por sus artículos en “El Mundo”, y en cuya defenestración, por cierto, colaboró, voluntaria o involuntariamente, el propio Garzón), José Antonio Martín, aquí en Las Palmas, Francisco Javier de Urquía… Y eso, por hablar sólo de casos recientes. No veo por qué no iba a serlo también Garzón, de ser hallado culpable. Además, los jueces del Supremo deben valorar los hechos y juzgarlos sin tener en cuanta las posibles consecuencias sociales, aunque fueran las que tú aventuras. En cuanto a lo de que de un día para otro Garzón era un mal juez, un prevaricador, etc., eso será para los que solo leen de manera habitual “El país” o “Público”. En otros medios hace tiempo que iban saliendo noticias poco halagüeñas para él.
Por otra parte: ¿es llamativo que se juzgue al juez de “Gürtel” antes que a los propios encausados? Bueno, relativamente. A mí me parece natural que las presuntas irregularidades en la instrucción se investiguen antes del juicio, y no una vez realizado, pues en ese caso todo el juicio correría el peligro de venirse abajo por defectos en las diligencias previas. En cuanto a lo del franquismo y lo de los cobros del Santander, lo mismo, los hechos fueron denunciados una vez sucedidos, como es lógico.

Es decir: De momento, la Justicia parece estar haciendo lo que tiene que hacer, que es juzgar cada uno de esos casos cuando son denunciados.

20 01 2012
Kepa H.

Todo este asunto, por supuesto, se presta a muchas lecturas. Una sería que todo forma parte de una conspiración de la derecha cavernaria para la cual se han confabulado un mogollón de periodistas, políticos y jueces, con objeto de “cargarse” a Garzón. Otra sería que el propio Garzón se ha ido cavando su propia fosa profesional merced a una serie de decisiones como mínimo discutibles, y quizá ilegales, y que la Justicia está actuando como debe; es decir, juzgando su proceder. En fin, como digo hay muchas lecturas, y cada cual puede elegir la que quiera en función de su ideología.
Yo, que por suerte o por desgracia no me adscribo a ninguna, prefiero tratar de ceñirme a los hechos, más allá de interpretaciones personales. Lo hechos indiscutibles son que Garzón tiene tres causas diferentes abiertas, independientes entre sí, y que en las tres hay, al menos en apariencia, motivos para proceder a una investigación judicial.

Una: La causa de “Gürtel”, de la cual nos hemos ocupado arriba, y en la que, convendrás conmigo, por lo menos hay indicios razonables de ilegalidades (irregularidades ha habido, y están reconocidas) por parte del juez.

Dos: La causa del franquismo (vamos a llamarla así). Aquí, Garzón no ha sido encausado “por investigar el franquismo”, al menos no formalmente, sino por prevaricación. Más allá de si el juez tenía derecho a vulnerar la Ley de Memoria Histórica (cosa discutible), ha encausado, entre otras cosas, a personas notoriamente fallecidas (Franco, Gral. Mola, etc.), iniciativa que, y sé que coincides conmigo en esto porque lo hemos hablado, es una aberración jurídica. No hace falta saber mucho de Derecho para saber que la Ley española NO permite juzgar a los muertos, al menos mientras no sean capaces de salir de la tumba para defenderse. Y si yo sé eso, imagínate Garzón. Así que aquí también hay caso.

Tres: “Caso Santander”. De nuevo, no se le juzga por “cobrar por impartir conferencias”, sino, tengo entendido, por pedir y obtener patrocinio de ese banco para dichas conferencias, y posteriormente desestimar una querella contra su presidente, Emilio Botín (al que había dirigido cartas, firmadas por él, pidiendo financiación), en vez de inhibirse del caso, como sería, aparentemente, su obligación. De nuevo parece haber motivos para, como mínimo, investigar.

20 01 2012
Kepa H.

Y ahora, una vez expuestos los hechos, sí entro en el terreno de la opinión personal:

Me da la impresión de que la mayoría de la gente ya ha decidido por su cuenta si Garzón es culpable o inocente, muchos sin haber ojeado un periódico para informarse bien (no es tu caso, evidentemente), y sin tener ni pajolera idea de leyes. Si es hallado culpable muchos pondrán el grito en el cielo, y si es inocente, otro tanto harán otros, sin molestarse, ni en un caso ni en otro, en detenerse a valorar las razones del Tribunal. Yo prefiero esperar a ver que resuelve el Supremo, y luego me formaré mi opinión definitiva según lo que diga la sentencia.

Por otro lado me sorprende la tendencia de la mayoría de las personas a ver todo negro o blanco en este asunto. Tú, como el maestro del género negro que eres, sabes que tanto la vida como la buena ficción se nutren de grises. En ese sentido, a veces los “buenos” hacen cosas que no están bien, al igual que a veces los “malos” pueden tener razón, aunque nos joda. Una buena persona (e ignoro si Garzón lo es) no es necesariamente un buen juez. Y un mal juez, así sea la mejor persona del mundo, es un foco de injusticia.

No sé tú, pero yo quiero jueces que apliquen la Ley de manera imparcial, no que la apliquen interesadamente, ni por supuesto que la inventen. Y lo de Garzón, qué quieres que te diga, yo también creo que por algún lado le van a pillar, pero me da la impresión de que con razón (lo del franquismo, por ejemplo, canta bastante, a mi entender). En cualquier caso, la sentencia saldrá en breve. Entonces podremos juzgar si es justa (valga la redundancia) o no. Pero, hasta que eso suceda, cualquier postura que tomemos al respecto será mera especulación.

20 01 2012
Kepa H.

Y perdón por el rollo que acabo de soltar. Es Viernes, tengo a los críos en casa, y nada más interesante que hacer hasta que se duerman (:))

21 01 2012
María

¡Felicidades a los dos, Alexis y Kepa! Muchísimas gracias por exponer sus opiniones de esta manera tan elocuente y respetuosa. Leyéndoles, me he sentido como en el mejor partido entre Nadal y Federer. Pena que en el tenis no quepa el empate. Aunque, sin duda, la gran ganadora he sido yo. Mil gracias.

25 01 2012
Roberto

Yo creo que en este juicio subyace, a todas luces, motivos políticos.

La ley se puede interpretar de numerosas formas, ciertamente, y en no pocas ocasiones la redacción de la misma no es del todo afortunada; de ahí la sorpresa para los profanos de que curtidos magistrados concluyan cosas diferente en un mismo caso.

La interpretación subjetiva de ley suele tener intersticios en donde, una vez que ingresas, puedes salir victorioso o con el rabo entre las patas.

Garzón entró en el juego de moverse en esos intersticios de la ley mientras de fondo sonaba la sintonía de la mítica serie “En los límites de la realidad”, y quedó pillado en su propia trampa.

Ahora otros jueces usan el purismo de la ley para pillarlo en una situación en la que no hay escapatoria, en situaciones en las que a diario se permite la salida a otros haciendo uso de la flexibilidad de esos intersticios; pero que a él no le van a permitir, aun aludiendo a un supuesto agravio comparativo.

Para mí este juicio se reduce a todo lo expuesto.

6 02 2012
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