Un poco de lógica

2 01 2012

Queridos Reyes Magos:

Este año (como el anterior) tampoco he sido demasiado bueno. Bebí, fumé, me di a la fornicación, a la blasfemia y a la herejía. Pero ustedes saben que, en el fondo, no soy mal chico y que puedo reformarme. Así que les firmo desde ahora esa letra a noventa días del “pero les prometo que este año sí que me voy a portar bien”, a cambio de que me traigan lo que pido en lugar del acostumbrado carbón.

Sé que no puedo pedir pelo para este cráneo desierto; el cabello es como el amor: una vez se pierde, perdido está, irremisiblemente. También sé que no puedo pedir juventud ni una vida más larga, porque eso depende solo de mi corazón y del Padre Tiempo.

Solo pido un poco de lógica. Y ni siquiera la pido para mí.

Pido lógica para el Gobierno de este país, que, al parecer, se propone reactivar la economía y acabar con el paro empobreciendo a las clases medias, congelando salarios y destruyendo o precarizando empleos.

Pido lógica para los votantes de ese Gobierno que al parecer andan contentos con su subida de las pensiones, sin percatarse de que las medidas fiscales adoptadas casi al mismo tiempo la harán inútil.

Pido lógica también para el principal partido de la oposición, que dice defender el Estado del Bienestar que contribuyó a socavar en sus sucesivos gobiernos.

Y pido algo de lógica, last but not least, para aquellos que están contentísimos con las actuaciones de una Casa Real que desde 2006 sospechaba que uno de los suyos (que ahora parece no ser de los suyos) andaba presuntamente metido en asuntos “irregulares” y, sin embargo, no lo denunció; y para quienes piensan que esta monarquía nos sale rentable a quienes no la votamos pero contribuimos a pagarla, porque, en resumidas cuentas, tener una familia real hace bonito, pero quizá sea eso lo único que hace.

Con eso me conformaría, con un poco de lógica. Tan solo eso. Un poco de lógica para que el día 7 de enero este país esté un poco más lleno de sentido; para que los títulares de los medios sean un poco menos contradictorios; para que el mundo resulte un lugar un poco menos absurdo. Me conformo con ese poquito de lógica.

Y eso ya será regalo suficiente. Porque, como decía al principio, sé que no me he portado demasiado bien y, por tanto, pedir lo que quiero realmente, esto es, que un mal rayo los parta a todos por la mitad 26 veces, es pedir demasiado.

Nada más. Repito: les prometo que este año sí que me voy a portar bien.

Firmado:

Un atónito lector de periódicos.

Posdata: El carbón, en sacos de 5 kilos, por favor. Mi barbacoa es de las pequeñas.





Paisaje antes de la batalla

1 01 2012

El desierto de los tártaros, de Dino Buzzti, Madrid, Alianza Editorial, 256 páginas.

Para comenzar el 2012 te traigo un libro imprescindible, de esos que deberíamos haber leído ya: El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati. De Buzzati te hablé en la primavera de 2010 para recomendar sus cuentos. Ahora te traigo la que es, según la opinión de muchos, su obra maestra.

El desierto de los tártaros arranca cuando el joven Giovanni Drogo se gradúa en la academia militar y es destinado a la fortaleza Bastiani, un puesto avanzado en la frontera de su país con el desierto del norte. Ese desierto, hace años, fue cruzado por los tártaros, quienes sembraron el terror. Ahora la fortaleza Bastiani se encarga de prevenir una nueva invasión, siempre inminente, de las legendarias, casi fantasmales, hordas tártaras.

De hecho, poco después de que Drogo se incorpore a la guarnición un vigía atisba en la lejanía la presencia del enemigo. Pero pasan los días (y con ellos las semanas, los meses y los años) y los bárbaros no atacan. Drogo y todos los demás oficiales de la fortaleza, van madurando, ascendiendo, envejeciendo o siendo relevados, abrazándose a la disciplina y los hábitos militares, mientras temen (pero, al mismo tiempo, esperan) ese ataque de los tártaros, que, de algún modo, justificaría su existencia.

Con un ritmo denso pero con una intriga constante, mantenida gracias a la inminencia de ese ataque que siempre está a punto de comenzar, Buzzati nos lleva desde la primera hasta la última página, contándonos la vida en la fortaleza, marcada por la rutina castrense y por los distintos caracteres de sus oficiales, los cuales representan diversos tipos humanos, diferentes formas de enfrentarse a la vida.

Este, poco más o menos, es el argumento principal de esta alegoría acerca del flujo del tiempo, esta novela existencial que trata en primer término sobre la condición humana, la relación del ser humano con el tiempo, ese eterno aprendizaje que es la vida, en la que a veces parece que nos pasamos la existencia preparándonos para una batalla que nunca tendrá lugar.

Buzzati ya había tratado el tema de la eterna postergación en su primera novela, Bárnabo de las montañas. Allí los soldados son guardas forestales; los tártaros, una banda de forajidos. Pero, sin desmerecer de Bárnabo…, El desierto de los tártaros, su tercer libro, es una obra más madura, consistente y redonda.

De El desierto de los tártaros hay adaptación cinematográfica: una del año 1976 dirigida por Valerio Zurlini. Vista ahora, se ha quedado un poco plana, pero vale la pena por su magnífica puesta en escena y por las interpretaciones de muchos de los grandes del cine europeo de esa época: Vittorio Gassman, Philippe Noiret, Max Von Sidow, Fernando Rey, Giulliano Gemma y Paco Rabal.

En Buzzati (1906-1972) se suele identificar la influencia de Kafka, de Poe y lo gótico y, por supuesto, del existencialismo francés. Lo marca también la Guerra Fría, la escisión entre individuo y sociedad, las relaciones entre los mitos y la razón, entre el hombre y la tecnología, entre el azar y el destino. Su obra, extensa y variada, incluye novelas, al menos un centenar de cuentos y varios libros juveniles. Y aunque él mismo presumía más de su trabajo como periodista que de sus libros de ficción, nos ha quedado como uno de los más interesantes y originales narradores europeos de la segunda mitad del Siglo XX.

Un narrador que no hay que perderse, porque habla sobre el miedo y la esperanza, sobre el tiempo y sobre el amor, sobre temas, en fin, universales y que, por tanto, jamás pasan de moda.

Para comenzar el 2012 con buena literatura: El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati. Se encuentra disponible en varias ediciones. Una económicas: la de Alianza Editorial: 256 páginas que ya deberías haber leído.








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