Horror cósmico: Cthulhu y el Círculo de Lovecraft

24 03 2012

Ayer, dentro del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, se celebraba La noche + Freak, esa velada coordinada por Jesús Palacios que es una de las citas insoslayables (y más divertidas) del certamen. Eso me recordó un libro que anda por mi biblioteca desde 1985 y que constituye todo un clasicazo al que retorno a cada momento: Los mitos de Cthulhu, un imprescindible estudio y selección de textos de H. P. Lovecraft y otros autores realizados por Rafael Llopis. Es un libro emblemático del horror en nuestro país, que se publicó por primera vez en 1969.  Al comprobar si continuaba editándose (siempre lo hago en estos casos) me he encontrado con una enorme sorpresa: no solo continúa en el mercado, sino que ha conocido edición tras edición y, de hecho, la más reciente, es del año pasado. Así que podríamos estar hablando de un long seller que continúa teniendo (y ampliando, año tras año) su público.

 

¿Qué es Los mitos de Cthulhu? Pues 532 páginas que contienen una veintena de cuentos y novelas cortas de terror que giran todos en torno al universo narrativo creado por H. P. Lovecraft. Pero, también, un completo estudio sobre el origen y desarrollo del Círculo de Lovecraft, contado por Llopis con una destreza y una capacidad para combinar el rigor y la amenidad que pocos ensayistas tienen en este país.

Los mitos de Cthulhu son un ciclo de narraciones de horror cósmico, ambientadas en viejos mundos de caos y espanto y en los que los protagonistas se enfrentan a seres demoníacos o a horribles mutaciones entre lo humano y lo monstruoso. Cthulhu (no intentes pronunciarlo de niguna forma determinada: los humanos no podemos hacerlo), en la cosmogonía creada por Lovecraft a lo largo de sus trece relatos de referencia (entre los que están “El color surgido del espacio”, “El horror de Dunwich” o “En las montañas de la locura”) viene a ser el líder de los dioses primigenios, que dominaron el Cosmos antes del comienzo de los tiempos y que continúan viviendo en letargo, a la espera de volver a apoderarse del mundo para sembrar nuevamente el caos y colándose en él a la menor oportunidad. Y este regreso es esperado por horribles sectas ocultas, por círculos secretos cuyos miembros resguardan una arcana y terrible sabiduría.

Este es, más o menos, el universo que Lovecraft creó en sus relatos y que fue recogido y ampliado por autores que eran sus amigos y admiradores, como August Derleth, Robert E. Howard (el creador de Conan, el Bárbaro) o Robert Bloch (que luego se haría célebre por su novela Psicosis).

Así, Los mitos de Cthulhu es una excelente introducción a la obra de Lovecraft y al terror cósmico, que viene a sustituir en el siglo XX al terror gótico característico del romanticismo y el XIX. Rafael Llopis nos cuenta muy bien cómo a partir del estilo de Lord Dunsanny, de Ambrosse Bierce o de Arthur Machen (quienes también están incluidos en la antología), Lovecraft va creando esta nueva tópica numinosa. Aquí ya no hay fantasmas ni castillos abandonados ni abadías semiderruidas en medio de bosques umbrosos, sino que el horror puede manifestarse en las pequeñas ciudades de Nueva Inglaterra o en antiguos puertos marítimos de Massachusetts, porque en realidad surge del propio interior del ser humano y de su pequeñez ante la grandeza del cosmos.

 

Esto quizá tenga que ver bastante con la biografía de H. P. Lovecraft, un señor de Providence nacido en 1890 y muerto en 1937, un tipo más bien difícil de mirar (por no decir que era más feo que un pie), noctámbulo, solitario, neurótico, con un fuerte complejo de Edipo y bastante reaccionario. Lovecraft sentía verdadero horror por cosas que a las personas equilibradas les parecen naturales o incluso deseables: la cercanía física de otras personas, el contacto con personas de otras etnias y culturas, el sexo. Sustituía todo esto con todo lo que tuviera que ver con la escritura. Por ejemplo, mientras que prácticamente no hablaba con sus vecinos, mantenía muchísimas amistades epistolares. Parece ser que las prefería. Dados esos miedos, casi patológicos, no es de extrañar que se haya construido una imagen (no del todo equivocada) de racismo, misoginia y misantropía alrededor del individuo.

Sin embargo, su obra es imprescindible. No solo se trata de cuentos estupendos, que nos producen canguelo mientras los leemos, sino que, además, han influido a muchísimos autores, tanto literarios como de otras disciplinas que componen eso que podríamos llamar cultura Pop: películas de John Carpenter, Roger Corman, Stuart Gordon o Sam Raimi, una infinidad de videojuegos y juegos de rol, o canciones de grupos de Heavy Metal como Metallica, surgen a partir de sus textos o los adaptan o citan directamente. Además de todo eso, aún hay miles de pirados buscando por ahí un libro que no existe: el Necronomicón, el grimorio supuestamente escrito por el árabe loco Abdul Alhazred, una invención, muy borgeana, de Lovecraft.

“Un habitante de Carcosa” (Bierce), “El Wendigo” (Blackwood), “Los perros de Tíndalos”, (Belknap Long), “La piedra negra” (Howard), o “El sello de R’lyeh” (Derleth) son algunos de los cuentos más sobresalientes y escalofriantes Los mitos de Cthulhu, acompañando a otros del propio Lovecraft: “La maldición que cayó sobre Sarnath”, “El ceremonial”, “La sombra sobre Innsmouth” o “El morador de las tinieblas”.  Incluye Llopis, para cerrar el volumen, un cuento que homenajea a Lovecraft, firmado por un autor español estupendo que últimamente no mencionamos demasiado: el maestro Juan Perucho.

Por tanto, La buena letra de la semana es esta: Los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft y otros autores, con introducción de Rafael Llopis, 532 páginas continuamente reeditadas por Alianza Editorial. Un libro para disfrutar como enanos pasando miedito (aunque, eso sí, no tanto como cuando nos cuentan que van a hacer prospecciones petrolíferas a 60 kilómetros de nuestra casa).


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4 06 2012
Paula Nogales

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