Caricia de hombre grande

4 06 2012

In memorian José Antonio Ramos

(10 de noviembre de 1969 – 4 de junio de 2008)

Un hombre muy grande se enamoró de un timple, ese instrumento humilde, expósito y chillón. El timple era un instrumento chico cuando aquel hombre grande comenzó a acariciarlo -incesante, insistente- con sabor de tierra germinada y ritmos de marea. A cada contacto con las manos enormes, el timple fue notando cómo brotaban de su propio vientre sonidos y frases que él ignoraba albergar, cadencias inéditas, lenguas que jamás había hablado. Cuando creía que ya lo había dado todo, el pequeño artefacto experimentaba nuevas caricias del hombre grande y volvía a sentir cómo brotaban de sí mismo nuevas sonrisas de bicácaro, nuevas flores de terruño y salitre.

Las caricias cesaron bruscamente un mal día de junio. El timple se miró a sí mismo y se preguntó quién extraería de su caja todos aquellos colores, siendo él tan pequeñito. Unas manos de niño, pequeñitas como el propio timple, le hicieron entender que ahora aquel lienzo se pintaba prácticamente solo, casi a la primera caricia. Se había producido una feliz e inevitable metamorfosis: aquel instrumento chico ya no era chico; había crecido para poder abarcar la caricia de aquel hombre tan grande.

Anuncios







A %d blogueros les gusta esto: