Conrad, Marlow, Kurtz, el horror

16 06 2012

Hoy te traigo un clasicazo, un libro muy célebre que tiene verdaderos forofos y que, aunque es una novela corta, ha dado para miles y miles de páginas de interpretaciones: El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, una obra muy peculiar de un autor muy peculiar.

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, Madrid, Edaf, 244 páginas.

La anécdota es sencilla: Marlow, un marinero (narrador testigo en otras novelas de Conrad), está, junto a otros marineros, en la desembocadura del Támesis, en un barco de vela que espera el reflujo de la marea para continuar navegando. En el ínterin, Marlow cuenta una de sus historias, pero, en esta ocasión, no es un mero testigo, sino uno de los protagonistas. La historia le sucedió diez años atrás, cuando consiguió un trabajo en el Congo colonizado por los belgas, quienes, bajo el mando del rey Leopoldo, explotan el país para extraer, principalmente, marfil. A Marlow le encargan remontar el río y traer de vuelta a Kurtz, un agregado comercial especialmente brillante que, sin embargo, parece haberse vuelto loco, deslumbrado por su propio poder de persuasión frente a los indígenas. Algo ha ocurrido en el interior de Kurtz: se le ha despertado algo oscuro, salvaje, devastador. En su viaje por el río, Marlow irá identificándose cada vez más con Kurtz y descubriendo dos cosas: el brutal comportamiento de los colonizadores para con los nativos y el entorno (toda refinamiento social, todo reparo ético han desaparecido en los europeos que saquean el Continente Negro), y que él mismo siente la presencia de la selva como una llamada hacia sus más bajos instintos, algo terrible que él mismo lleva en su interior.

No cuento más. Habrá personas, sobre todo jóvenes, que aún no lo hayan leído. Pero se trata de un relato pesadillesco que fascina desde las primeras páginas y que juega con el suspense, la ambigüedad y lo implícito, más que lo explícito. Conrad prefiere sugerir las cosas antes que contarlas y eso hace que nos hagamos copartícipes de su relato desde el primer momento, como si fuéramos uno más de los marineros que están ahí escuchando a Marlow.

Joseph Conrad (1857-1924) está considerado uno de los grandes autores en lengua inglesa. Sin embargo, era polaco. Se llamaba Joseph Konrad Korceniowski y era hijo de nacionalistas polacos, represaliados por los rusos, que murieron en el exilio siberiano. Por eso se crió con un tío suyo que, cuando llegó el momento de hacer el servicio militar en Rusia, le aconsejó que se enrolara como marinero. Y allá que se fue: se embarcó primero en la marina mercante francesa y luego en la británica, cruzando medio mundo. Hasta que a los treinta años, tras un periodo en el Congo Belga (de donde saldría el tema de El corazón de las tinieblas), se estableció en Inglaterra y se dedicó exclusivamente a la literatura. Curioso es que escribiera en inglés: su segunda lengua fue el francés (la lengua culta en Rusia, que dominaba Polonia por esa época) y no aprendió inglés hasta los 21 años. Sin embargo, toda su obra está escrita en inglés. Nunca lo hizo en polaco o francés. Él decía que si no hubiera aprendido inglés, jamás hubiera escrito.

Escritor muy prolijo, brilla especialmente en el campo de la novela corta. Normalmente escribe novelas de aventuras, pero que suponen siempre un viaje al interior de los protagonistas. Aparte de sus novelas de marinerías (Lord Jim, El negro del Narcissus, La línea de sombra, Victoria), yo destacaría dos novelas cortas: Gaspar Ruiz, que transcurre en las revoluciones nacionalistas hispanoamericanas y El duelo, que trata sobre dos oficiales napoleónicos que se empeñan en un duelo que dura toda una década. Esta inspiró la primera película de Ridley Scott, Los duelistas, con Harvey Keitel y Keith Carradine. No es la única: Lord Jim o El agente secreto también han sido adaptadas con más o menos acierto.

Y El corazón de las tinieblas dio pie a una obra maestra del cine: Apocalypse Now, donde el Congo se convierte en Vietnam y el agregado comercial Kurtz se convierte en el coronel Kurtz, pero donde el tipo sigue enfermo, en una choza cuyo exterior está decorado con las cabezas de sus enemigos y diciendo aquello de: “El horror… el horror”.

En fin, para introducirse en el fantástico universo de Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas, en muchas ediciones de entre las cuales escojo la de Edaf. Son, incluyendo 70 de la fantástica introducción de Miguel Temprano, 244 páginas para subir el río Congo con Marlow y conocer a Kurtz, fascinante, lúcido y terrible.

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