Entre Rajoy y Thoureau

13 07 2012

Ya es oficial: ha llegado la troica (cambia uno de los tres cerditos, pero el olor a porqueriza es el mismo), el partido que consiguió su mayoría absoluta beneficiándose del malestar de los ciudadanos ante los recortes en el Estado del Bienestar la utiliza como si tuviera el poder de una Junta Militar para acabar con todos los derechos que esa misma ciudadanía ha ido conquistando a lo largo de décadas de paciencia, traicionando a quienes le votaron (los pensionistas cuyos derechos pisotean, los parados que confiaban en que un cambio sería positivo para su situación, los pequeños y medianos empresarios que no podrán “absorber” el IVA en el precio de sus productos, como hace el Tío Amancio), incumpliendo, por tanto, punto por punto, el programa que lo llevó al poder y llamando reforma a la contrarreforma, incentivo a la asfixia, solidaridad a la caridad, incompetencia al dolor. Solo quien no sabe lo que es intentar sobrevivir con quinientos euros al mes y rezar para que surja algún trabajo que hacer antes de que esa limosna se acabe, es capaz de aplaudir cuando se anuncia la reducción del subsidio por desempleo a partir del sexto mes. Ha levantado, por cierto, un gran revuelo Andrea Fabra, con su “que se jodan”, que solo puede surgir, en esa situación, de alguien que ya nació con el riñón bien cubierto y cuya sospechosa progenie colecciona billetes de lotería premiados. Pero quizá Fabra es solo una anécdota, una cifra más de la prepotencia, del absoluto desinterés por el bienestar de aquellas personas que le proporcionaron su escaño con sus votos.

Quienes deberían oponerse a esta elite de la ignominia no son mucho mejores que ellos. Quizá podría decirse que incluso forman parte de ella. El discurso del líder de la oposición en esa misma sesión parlamentaria en la que se anunciaba el finiquito al estado social fue tan cariñoso con el presidente del Gobierno que llegué a temer que un violinista atacara un vals mientras ambos danzaban en la cámara.

España ha perdido su soberanía. Los artífices de este desmoronamiento del Estado han sido, precisamente, aquellos que han presumido siempre de su soberanismo, de su patriotismo. Ahora han demostrado que su soberanismo solo era soberbia, que su patriotismo no era más que patrioterismo.

Los hombres y mujeres de gris (o de azul o de magenta o de cualquier otro color que sirva para representar la indiferencia ante el sufrimiento ajeno) se defienden diciendo que ellos no tienen la culpa, que han heredado esta situación (situación que ellos mismos originaron en su anterior etapa alternante en el Gobierno, cuando comenzaron a vender la administración al mejor postor, mientras nos metían en guerras que no eran las nuestras y alimentaban esa burbuja que hace ya un par de años que estalló en la cara de todos), que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (supongo que se referirán a las obras faraónicas de sus administraciones territoriales, porque no noté nunca esa actitud en mi casa o en las de mis vecinos), que las entidades financieras les habían engañado (cosa difícil de creer, porque esas entidades fueron dirigidas por algunos correligionarios suyos) o, en suma, que estamos mal acostumbrados, que es necesario recortar privilegios. Por supuesto, lo que ellos llaman Estado del Bienestar, otros lo llamamos, simplemente, Estado; lo que ellos llaman privilegios, otros (los que hemos trabajado como burros y cotizado religiosamente, sin hacer trampas ni guardar dinero debajo del colchón de paraísos fiscales), lo llamamos, simplemente, derechos.

Otra de sus líneas de defensa consiste en tildar de demagogo a todo aquel que señala sus injusticias, sus contradicciones, mientras ellos mismos practican la demagogia con profusión, declarando que también se quedarán sin paga extra de Navidad (como si no supiéramos todos lo que cobran), o intentando resucitar a los hombres del saco de la democracia, verbigracia, el terrorismo de ETA, sobre la cual no paran de hablar últimamente en un patético intento de crear una cortina de humo que caiga sobre todo y todos, cohesionando a la ciudadanía frente a un enemigo que no sean ellos.

El bloqueo informativo, por otra parte, adquiere alarmantes tintes orwellianos. Solo en la red, algunos medios humildes consiguen informarnos de lo que realmente ocurre. La precariedad laboral de los profesionales de la comunicación les obliga a pensárselo dos veces cuando tienen que dar una noticia que no conviene al entorno de los propietarios de los medios para los que trabajan. El pluralismo político en las parrillas de TDT, como escuché decir hace unos meses a un conferenciante, se reduce a la posibilidad de elegir entre conservadores, neoliberales, falangistas o requetés. El último reducto de objetividad informativa que quedaba, el de los telediarios de la cadena cuyos directivos más recientes habían entendido que no servían al Gobierno, sino al Estado, se han convertido, en muy poco tiempo, en el NODO y obvian los abucheos del pueblo contra el falso heroísmo o la escenificación de los encierros de San Fermín que agentes de la UIP representan en el ocaso madrileño, ejerciendo de astados.

Así ve las cosas el maestro Morgan.

Ante esta situación queda la rabia, la impotencia, la indignación, la pregunta por las soluciones, por qué puedo hacer yo para luchar contra esta involución democrática (sí, no se llama “dolorosa obligación” o “paquete de medidas impuestas por la situación”; se llama involución democrática e injusticia y vergüenza y elitismo y profunda insolidaridad de poderosos ineptos), si yo soy solo una persona y además no violenta, una persona de bien. Releo a Henry David Thoureau y se me ocurre que una buena forma de comenzar a decirle a este Gobierno (y a esta oposición meliflua) que ya basta es desobedecer. Amigos cercanos me dicen, no sin cordura, que lo único que conseguiré será crearme problemas, que yo solo no seré capaz de cambiar nada. Entonces recuerdo algo que me ocurrió hace casi veinte años, cuando me negué en rotundo a ponerme un uniforme militar o a cumplir una prestación social que el Gobierno de entonces planteaba como castigo. Recuerdo que en esa época muchas personas me dijeron lo mismo, que yo solo era uno, que un individuo no puede enfrentarse él solo a un Estado. Pero ocurrió que no fui solo uno, que fuimos miles los que nos negamos a obedecer a unas leyes que consideramos injustas (la sociedad, ya se sabe, siempre se adelanta en el progreso a la leyes).

Por supuesto, a los desobedientes se nos etiquetará rápidamente: irresponsables, antisistema, perroflautas, indignados, incontrolados o delincuentes. Cuidarán mucho de no llamarnos por la denominación que nos corresponde, porque eso sería tener que reconocer que, por una vez, hemos asumido nuestra responsabilidad en la defensa de nuestros derechos, esos que nuestros gobernantes, títeres del poder económico, pisotean con cinismo rayano en la desfachatez; que, por una vez, hemos dejado de ser súbditos para convertirnos en ciudadanos.


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9 responses

13 07 2012
Angel Rivero

Se puede decir más alto,pero no más claro…
No creo que esta gente,por mucha mayoría absoluta que tengan(debido a un sistema electoral injusto,todo hay que decirlo) llegue a cumplir el mandato de cuatro años…en todos nosotros está el conseguirlo…
http://encanarias.wordpress.com/

14 07 2012
kñt

emocionante retrato. fiel reflejo. estimulante mensaje. gracias.

14 07 2012
Alexis Ravelo

Gracias a ti por comentar y difundir, compañero.

16 07 2012
Antonio J. P.

Estupendo, Alexis. Qué bien planteado, un texto con alas, mucho más que un simple escrito. Gracias y un abrazo.

16 07 2012
Alexis Ravelo

Muchas gracias, Antonio. Oye, ocurre algo con la dirección que insertaste: me envía a una página que no es la tuya.😦

18 07 2012
Antonio J. P.

Pues sí, lo acabo de comprobar… Intentando ver qué fallaba, descubro que me comí la “g” de “blogspot”. Eso fue que lo escribí tecleando una a una las letras en vez de copiar el enlace, ya que para enviar el comentario me pedía que pusiera web o algo así. Fue un error mío.Sorry!!!

18 07 2012
Alexis Ravelo

Ahora sí que sí. Por cierto: muy chulos los textos y las fotos.

17 07 2012
Yolanda Pérez

Pero necesitamos algo más gordo que un “15M”. Suena duro pero, más lo es que nos quiten el pan y se aplaudan entre ellos por la gracia.

17 07 2012
Alexis Ravelo

Compañera: lee el texto de Thoureau. Él comenzó por la insumisión fiscal.🙂

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